
Los precios internacionales de los alimentos retrocedieron al valor promedio que tenían en enero pasado, justo antes de que Rusia invadiera Ucrania y se desatara una crisis alimentaria a nivel mundial. El dato se desprende de un índice elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus iniciales en inglés) en base a la cotización media de 95 productos básicos.
De esta forma, se eliminó el factor “presión externa” sobre la inflación de alimentos en Argentina, aunque la evolución de Índice de Precios al Consumidor (IPC) demuestra que dentro del país los productos alimenticios siguen subiendo a ritmo acelerado.
Qué dice el informe
El índice FAO se ubicó en 135,7 puntos en noviembre, lo que significó un retroceso de 0,2 puntos respecto a octubre y una baja de 24 puntos en relación al pico registrado en marzo de este año. Además, prácticamente se igualaron los 135,6 puntos de enero.
No obstante, es importante aclarar que no todos los grupos alimenticios se han comportado de la misma forma. De hecho, de los cinco subgrupos que analiza la FAO, cuatro siguen con valores por encima de la pre guerra y solo uno está por debajo.
Uno de los insumos que cotiza a mayor precio que antes del conflicto bélico es la carne, cuyo índice está cinco puntos por arriba de enero de 2022. La misma tendencia siguieron los productos lácteos (+4,9 puntos), los cereales -sorgo, trigo, maíz y cebada- (+9,8) y el azúcar (+1,6).

El camino contrario siguieron los aceites vegetales, que retrocedieron 31,2 puntos en comparación a enero y compensaron los incrementos registrados en los demás grupos alimenticios.
Lo llamativo es que en noviembre ese rubro aumentó de cotización en relación al mes anterior, mientras que las carnes, los lácteos y los cereales disminuyeron de valor.
La evolución de los precios responde a múltiples factores que van más allá de los problemas logísticos y la incertidumbre generada por la guerra entre Rusia y Ucrania. Según la FAO, el encarecimiento del azúcar, por ejemplo, se debe en gran parte a “cuantiosas compras ante la escasez general de suministros de azúcar en el mundo debido a retrasos en las cosechas de los principales países productores y al anuncio de la India sobre una reducción de su cupo de exportación de azúcar”. También mencionaron como factor determinante a la subida de los precios del etanol en Brasil, que suscita preocupación por el mayor uso de caña de azúcar para producirlo.
Asimismo, se pueden encontrar diferentes disparadores para los diferentes grupos de alimentos. Lo que está claro es que la inflación general provocada por el conflicto bélico fue, al menos por el momento, superada.
El impacto en la Argentina
Tras el inicio de la guerra, la disparada de los precios internacionales de los alimentos tuvo impacto directo en la inflación interna, provocando una aceleración de los precios minoristas en general y de los productos alimenticios en particular. Pero el posterior retroceso de las cotizaciones en el exterior no se replicó en la evolución general de los precios en la Argentina. Por el contrario, la inflación siguió aumentando. El último informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) midió un incremento del 6,2% en “alimentos y bebidas no alcohólicas” durante octubre y una suba del 80% en el acumulado de los primeros diez meses del 2022.
“Kos precios en Argentina son mecanismos de un solo sentido”, dijo el economista Carlos Rodríguez: suben ante factores externos, pero es muy difícil que bajen con la misma facilidad. “Hay muchos disparadores de la inflación en la economía interna, a lo que se suman las actualizaciones salariales constantes, que hacen que la reversión de los aumentos no sea una posibilidad. Tampoco los empresarios quieren correr el riesgo de descapitalizarse, por lo que prefieren aumentar de precios (o no bajar) para cubrirse ante futuras subas”, explicó Rodríguez.
“La tendencia de la inflación interna está dada por otros factores, que van más allá de la conexión de la materia prima que exportamos con el comercio internacional. Sin duda el problema lo encabeza el déficit, que a su vez dispara el ritmo de emisión, pero lo que más me preocupa es el volumen de los pasivos remunerados, que han duplicado la base monetaria y anticipan un problema inflacionario mucho mayor para el futuro”, agregó el especialista.

También compartió su opinión el economista Nicolás Aroma, quien señaló que el shock internacional encontró a la Argentina con una inflación de base ya muy alta. “Ese escenario aceleró las subas de precios y provocó que el retroceso de los valores internacionales tenga una incidencia baja”, observó.
Por otro lado, el economista planteó que gran parte de las firmas alimenticias están ajustando su nivel de apropiación de renta a mayor velocidad que los ajustes del resto de los precios (tarifas, salarios y dólar). “Como consecuencia, los alimentos y bebidas suben a un ritmo por encima del promedio, más allá de lo que pase en el marco internacional”, apuntó.
Como queda claro, son los desequilibrios de la economía argentina los que impiden que los precios de los alimentos retrocedan, siguiendo la tendencia del resto del mundo. Aún más, como publicó Infobae, entre 11 países de América Latina, solo uno mantiene los incrementos del rubro alimenticio: Argentina.
El estudio, elaborado por el Ieral de la Fundación Mediterránea, demostró que los alimentos y bebidas en se encarecieron a un ritmo promedio mensual del 6% en Argentina durante los primeros diez meses del 2022, contra un promedio de entre 0,6% y 1% mensual del resto de los países estudiados (Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, México, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Bolivia).
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