
“La decisión del Gobierno es hacer todo lo posible para cumplir con el FMI”. El ministro de Economía, Sergio Massa, repitió la frase varias veces durante la cena de más de dos horas en la coqueta residencia del embajador alemán Ulrich Sante y frente al resto de sus pares de los países del G7.
Casi todas las preguntas de los representantes diplomáticos en el amable encuentro giraron en torno de la factibilidad del cumplimiento de las metas anuales acordadas entre el Gobierno y el Fondo Monetario para este año y fuertes cuestionamientos ante el potencial ingreso del país al bloque de los BRICS que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Mientras se deleitaban con una abundante entrada de diferentes quesos y luego una tierna carne con papas a pocos metros de la piscina de la residencia alemana en la calle Villanueva del barrio de Belgrano, el ministro buscó consenso entre los embajadores para su próximo viaje a Washington, donde enfrentará un duro examen para lo que queda del año con el FMI, más allá de haber aprobado las metas del segundo trimestre.
El ministro, acompañado por su asesor Gustavo Martínez Pandiani, se hizo cargo de la “pesada herencia” que dejó su predecesor Martín Guzmán en materia del déficit fiscal –con un desvío cercano a un punto porcentual respecto de lo pactado-, pero destacó la mejora en los indicadores financieros de corto plazo, que permitieron alejar el pánico inmediato de una abrupta devaluación forzada por el mercado.

Sobre la salida de Guzmán admitió que el desordenado proceso de transición –con el efímero paso de Silvina Batakis- acentuó en medio de la pelea feroz entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner el efecto del desorden fiscal y derivó en un empeoramiento del frente cambiario y la estabilidad financiera local, tal como se reflejó tanto en la suba de las diferentes cotizaciones como de la salida de unos USD 1000 millones en depósitos en dólares del sistema financiero local.
Estaban el anfitrión, Ulrich Sante de Alemania; Reid Douglas Sirrs (Canadá), Claudia Scherer-Effosse (Francia), Fabricio Lucentini (Italia), Takahiro Nakamae (Japón), Kirsty Hayes (Reino Unido) y Amador Sanchez Rico, por la Unión Europea, pero su principal sostén retórico fue el representante de Estados Unidos, Marc Stanley.
Massa reiteró ante los representantes diplomáticos que no impulsará una depreciación fuerte en el mercado oficial, pese a que en el marco del esquema del dólar soja implementado por el BCRA solo se concretaron seis operaciones y que –mucho más lento que lo previsto- se va concretando el depósito comprometido por las cerealeras en las arcas del Central de 1000 millones de dólares. De hecho, buscó destacar su “hoja de ruta” con decisiones para bajar el gasto y subir la tasa de interés para tratar de controlar el fuerte aumento inflacionario.

Las pérdidas por la guerra
Pero, más allá de las respuestas defensivas, el ministro les enfatizó que la situación de las reservas del Banco Central estaría mucho mejor si la Argentina no hubiera sido “tan afectada por la guerra” en Ucrania a raíz de la invasión rusa en febrero pasado, aunque la mala dinámica macro ya se arrastraba desde principios del 2018.
“La guerra y las sanciones más los problemas geopolíticos nos costaron 20 mil millones de dólares este año”, señaló el ministro. La cuenta del funcionario se compone por USD 6 mil millones que esperaban como giro de Rusia por derechos especiales de giro (DEGs) de ese país del FMI; USD 8 mil millones más del swap con China que el presidente Alberto Fernández había acordado en su viaje con su par Xi Jinping y USD 6 mil millones por la suba del precio de la energía menos el impacto positivo de las exportaciones argentinas. El ministro jura que tanto el dinero de Rusia como el de China hubieran llegado si no se complicaban las relaciones entre Occidente y esos dos países este año; sobre todo con Moscú por las sanciones aplicadas a raíz de su sangrienta invasión a Ucrania.
En este marco, aunque difiera con el canciller Santiago Cafiero en muchas cuestiones, Massa defendió en la cena del G7 el ingreso de la Argentina al bloque de los BRICs, como demostración de poder “ejercer el multilateralismo como principio de su política exterior”.
El ministro se quedó con una sensación agradable tras el encuentro, aunque su expresión cambió en forma notable con los duros enfrentamientos de ayer en el barrio de la vicepresidenta Cristina Kirchner entre militantes kirchneristas y la policía porteña; en Economía saben que la omnipresencia de la ex presidenta exaspera a varios gobiernos extranjeros y en particular a Washington.
Presión sobre las embajadas argentinas
De todos modos, para mostrar su radio de acción en otras áreas del Gobierno y subrayar que no todo es “pasar la gorra” a otros países, Massa también comenzó a presionar a varias embajadas argentinas en el exterior con información sensible sobre el estado de la balanza comercial, por el claro debilitamiento del superávit este año.
En julio, por segundo mes consecutivo, se registró déficit comercial desfavorable (-USD 437 millones) y los primeros siete meses acumularon un superávit de USD 2.640 millones, con una caída del 68% frente al mismo período del 2021. Según LCG, “esta dinámica es consecuencia de un crecimiento de las importaciones 22 puntos porcentuales por encima del crecimiento de las exportaciones (44,6% interanual versus 22,4% interanual en 7 meses del 2022, respectivamente)”.
Según PxQ, “el resultado comercial de Julio es un fiel reflejo de los efectos distorsivos de la brecha cambiaria sobre el mercado oficial”; la consultora de Emmanuel Alvarez Agis señaló en un informe que “el principal componente del nuevo esquema macroeconómico, por el momento, se basa en una política económica contractiva, tanto en lo fiscal como en lo monetario”.
“La nueva gestión al frente de Economía parece querer utilizar la política fiscal y monetaria, más algunas medidas ad-hoc en el frente cambiario, para evitar una devaluación que recupere el sendero de acumulación de reservas sobre la base de una recesión y una aceleración de la inflación”, dijo el ex viceministro de Economía.
Las cifras de la Aduana marcan que en los primeros 7 meses la Argentina tuvo un déficit de USD 6.946 millones con China, de USD 2.834 millones con Estados Unidos, de USD 2.273 millones con Brasil, de USD 1.033 millones con Alemania, de USD 412 millones con Italia y de USD 317 millones con Francia.

Con estos gráficos que reflejan el déficit con los principales socios comerciales del país y un llamado personal semanal a los embajadores argentinos en esas naciones, Massa cree que puede “activar” a un servicio diplomático que está adormecido por las internas en la Cancillería, la falta de atención por parte de Guzmán y la confusión general del Gobierno en materia de relaciones exteriores desde fines del 2019.
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