
La difícil situación cambiaria que enfrenta el Gobierno lo hace volver a posar los ojos sobre los productores agropecuarios y qué parte de la cosecha mantienen guardada en sus silobolsas a la espera de mejores condiciones para una venta. La salida del ahora ex ministro de Economía, Martín Guzmán, y la inestabilidad cambiaria que reinó sobre el mercado en las semanas siguientes fueron el punto de partida para una caída en las ventas de productores, en particular en lo que concierne a las tenencias de soja. Las ventas de productores a exportadoras están en mínimos desde que se lleva registro, desde la campaña 2009-2010.
El freno es particularmente notorio si se tiene en cuenta que hasta el mes pasado -la renuncia de Guzmán fue el 2 de julio- los números mostraban todo lo contrario. Según datos de Ciara-CEC las liquidaciones de exportaciones del agro acumulan USD 19.145 millones en los primeros seis meses del año, récord histórico.
Pero julio vino con vientos de cambio. Y no sólo para el ministerio de economía. Tras el derrumbe de los bonos en pesos del Tesoro del mes pasado, la salida de Guzmán del Palacio de Hacienda y la corrida contra el peso que siguió cambiaron las reglas de juego para toda la economía.

Así como desaparecieron las listas de precios de toda clase de insumos nacionales e importados, se paralizaron las ventas de autos, las operaciones inmobiliarias y se registró un sinnúmero de otras interrupciones a la actividad, las ventas de los productores de soja tuvieron un freno abrupto.
Datos del Ministerio de Agricultura muestran que las ventas de productores de soja llegan hoy al 47% del total de la cosecha de esta campaña 2021-2022. Muy por debajo del promedio de campañas anteriores, que para esta época del año tienden a promediar ventas por el equivalente al 56%.
¿Qué cambió? ¿Cómo es que una actividad que se venía moviendo a niveles récord se frenó? Para los especialistas, el cambio en expectativas fue clave.
“Son bienes exportables cuyo precio está nominado en dólares. Cuando se percibe el riesgo de una devaluación importante -dólar oficial muy atrasado, avanzó 25% interanual contra una inflación del 63% en el mismo período-, que el BCRA que no suma reservas y la brecha cambiaria se dispara, todos corren a refugiarse en dólares o en activos dolarizados. Y en el caso de los productores eso es la soja”, dijo David Miazzo, economista jefe de FADA.
Las ventas, hasta junio, venían a buen ritmo. Aunque era diferente según el cultivo por cuestiones de estacionalidad y de características propias de cada uno de ellos.
“En trigo está casi toda la cosecha vendida, 21 millones de tonelada que contrastan con 14 millones de la campaña anterior. Hay algo de aumento de ventas con precio a fijar, pero no es relevante”, dijo el economista Jorge Ingaramo.

“Lo mismo pasa con maíz, donde se fijó precio mucho menos que en la campaña pasada, pero la mayor parte está vendida”, agregó.
“El plato fuerte es la producción de soja, entonces. Todo el mundo sabe que hay 28 millones de toneladas, entre las que quedan por vender de la campaña vieja más lo que quedaba en los silos de las campañas anteriores. Vamos primero a la campaña vieja, 2021-2022. Se vendieron en la última semana 516 mil toneladas, lo cual no está tan mal. Se vende menos porque hay sequía, y porque no hay como sembrar, no hay fertilizantes, etcétera, no se necesita el dinero. Pero no es una catástrofe”, dijo Ingaramo.
“Ahora, en la campaña futura, es muy poco lo comprado. La industria compró 700.000 toneladas, el año pasado había comprado 895.000. O sea el productor está ahí un poco más mezquino para vender. De esas 699.000 toneladas que compró la industria hay 421.000 a fijar. Altísimo porcentaje. El productor espera que devalúen, que bajen las retenciones o tener necesidades financieras para sembrar. La soja se puede sembrar hasta enero. Mucho apuro no tienen”, agregó.
Para el especialista, el cambio en las condiciones macro tuvo que ver con la menor venta. Pero no es todo. También los cambios impositivos jugaron en contra.
“Son 4,66 millones de toneladas menos las vendidas, de las cuales 3,24 son por las menores compras chinas. Ahí está el resultado de haber eliminado el diferencial arancelario de la soja. Hoy la industria tiene la misma retención a la exportación que la exportación del poroto. Y 4,6 millones de toneladas menos son USD 2.600 millones que sumado a valor agregado llegan a USD 2.800 millones de dólares que el Gobierno se está privando por haber creado un absurdo fideicomiso para el pan, la harina y el trigo”, concluyó.
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