
El nuevo Informe Mensual de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central (BCRA) asigna más espacio a dar cuenta del aumento de los precios de los alimentos y la energía, y del impulso adicional que tuvieron a partir de la invasión rusa y la guerra en Ucrania, que a explicar de qué modo la política monetaria de la entidad contribuirá, al menos, a morigerar un nivel de inflación que las expectativas de mercado sitúan ya en torno de 80% para 2022, y en riesgo de llegar a tres dígitos.
La misión primordial de la mayoría de los bancos centrales es promover la estabilidad y defender el valor de moneda nacional, pero la reforma a su Carta Orgánica de 2012, durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner, le sirve al BCRA de coartada por su casi nula defensa del peso.
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El informe destaca que la entidad tiene “objetivos múltiples” que incluyen, amén de estabilidad monetaria y financiera, “el empleo y el desarrollo económico con equidad social”. Dado ese mandato, “el principal aporte que la política monetaria puede hacer es encontrar un balance adecuado” y “minimizar posibles conflictos” entre objetivos, dice en su prefacio, aunque es dudoso que las actuales tasas de inflación sirvan para fomentar el empleo, el desarrollo y la equidad social.
El informe es una extensa justificación sobre el modo en que el mundo (pandemia, invasión rusa a Ucrania, aumento de las tasas de interés internacionales, riesgo de recesión, salida de capitales de países emergentes, tensión entre suba del dólar y precios de las materias primas) perjudica a las economías emergentes en general y a la Argentina en particular.
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Los números
Pero los datos son los datos: el propio informe precisa que desde abril 2020 a diciembre 2021 el Índice de Precios de las Materias Primas (IPMP), que elabora el BCRA y cuyo aumento favorece a la Argentina, “subió 61% en dólares corrientes” y que en lo que va de 2022 “los principales granos acumulan subas de entre 29% y 33%, el petróleo creció 49% y el precio de referencia del gas natural licuado en Europa aumentó 42 por ciento”.
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Otro tramo ahonda en la cuestión energética. “Tomando una ventana de 25 meses, desde abril de 2020, el petróleo acumuló una suba de 423%, los alimentos 86%, los fertilizantes 203% y los metales básicos 87%. Tanto en petróleo como en fertilizantes, dichas subas son comparables a las observadas en 1973/76, mientras que en alimentos y metales básicos los incrementos actuales superan ampliamente a los verificados en los episodios históricos señalados”, dice un pasaje del IPoM, en referencia a otro momento de shock energético y alta inflación.
El BCRA exagera así la suba del petróleo al tomar como base un momento en que el precio llegó a ser negativo y no consigna que la suba de la energía afecta negativamente a la Argentina debido a la imprevisión oficial. La importación de gas natural (GN), por falta de capacidad de transporte de la producción local es un tributo al parate de más de dos años de un proyecto de gasoducto. Y la de gasoil, a la reducción del agricorte en su producción, ignorando que eso haría necesario importar más del combustible, que hoy escasea en una etapa clave de la campaña agrícola, principal fuente de provisión de dólares.
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Alimentos
En cuanto a los alimentos, el informe enfatiza que su mayor peso “en la canasta del IPC en la región (por América Latina) le da a la suba mayor sesgo regresivo”, obviando que de esa suba deriva el récord de exportaciones y de provisión de dólares comerciales de la Argentina, sin la cual las presiones cambiarias serían aun más intensas. Por el contrario, el informe dice que “los países exportadores de materias primas se ven afectados simultáneamente a través de los canales comercial y financiero, mediante mayores tasas de interés internacionales, menor liquidez global y apreciación del dólar estadounidense”.
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En un acápite de “evaluación y perspectivas” de política monetaria, el informe celebra que en un contexto internacional a su juicio tan adverso “la economía argentina continuó consolidando su proceso de recuperación iniciado en 2021″ que -dice- está “acompañada por una recuperación del empleo registrado, que se encuentra en un máximo histórico”.
Sin embargo, el BCRA adelanta que tras un primer trimestre de crecimiento “se espera que el PIB se contraiga levemente durante el segundo trimestre debido al impacto de las condiciones de la sequía que afectó a las principales zonas productoras de soja y maíz”. Un recuadro sobre el “Valor Agregado agrícola”, decenas de páginas distante de esa observación, precisa que “el mapa de agua útil”, aunque inferior al de 2021 muestra “condiciones mucho más favorables en la zona núcleo comparadas con enero 2018, cuando se registró una sequía severa con fuerte impacto en la cosecha gruesa”.
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El BCRA se atiene a la proyección del FMI y el ministro de Economía, Martín Guzmán,, de que la economía “retomaría su senda de crecimiento” en el segundo semestre para cerrar 2022 con una expansión del 4 por ciento.
Siempre en el capítulo de “política monetaria”, destaca además que su política de crédito se focalizó “en los sectores más rezagados, el financiamiento del desarrollo productivo y el cambio estructural” y que su “principal herramienta” es la “Línea de Financiamiento a la Inversión Productiva” (LFIP) que -precisa- de octubre 2021 a marzo 2022 financió operaciones por $670.000 millones. En otras palabras, el BCRA dice que su principal línea concedió en 6 meses un tercio menos de crédito que el más de billón de pesos que emitió en las últimas semanas para sostener los bonos del Tesoro en pesos y financiar al Tesoro.
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Inflación nuclear
En cuanto a la inflación, el informe vuelve sobre la presión internacional “fundamentalmente en la categoría Núcleo, y dentro de la misma, en el valor de los alimentos, traccionada por las subas de las cotizaciones internacionales de las materias primas como resultado de la guerra en Ucrania”, que en la Argentina se sumó a “una elevada inercia inflacionaria previa”, aparentemente surgida de la nada.
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El IPoM celebra una incipiente “desaceleración”, pero advierte que “la existencia de mecanismos formales e informales de indexación” y la mayor frecuencia de las revisiones salariales “contribuyen a aumentar la magnitud y persistencia del shock”. La respuesta, prosigue el análisis, es seguir la “normalización” (suba) de las tasas de interés, de las que destaca un aumento de 14 puntos porcentuales en el caso de las Leliq y de entre 16 y 19 puntos en plazos fijos, sin señalar que siguen siendo -contra las promesas al FMI- tasas reales negativas.

Además, el BCRA califica de “excesiva e injustificada” la reciente volatilidad en el mercado secundario de bonos en pesos, que motivó su billonario auxilio, sin hacer referencia a la evolución de esa deuda del Tesoro, que en 30 meses de gestión del actual gobierno aumentó 149% en dólares, al equivalente a USD 54.249 millones a fines de mayo, a los que se suman otros USD 11.931 millones de deuda en pesos con otro tipo de actualización. El Gobierno parece preferir las teorías conspirativas al recelo del mercado a seguir financiando ese ritmo de endeudamiento en un contexto político de conflicto al interior de la propia coalición oficial.
El Banco Central reconoce que su auxilio al Tesoro tiene efecto expansivo sobre la base monetaria, pero agrega que lo compensa con “operaciones de esterilización” (deuda cuasifiscal, hoy próxima a $ 6,5 millones, que implican una carga mensual de $ 240.000 millones de intereses) y afirma que “la base monetaria ajustada por estacionalidad y a precios constantes se encuentra en niveles históricamente bajos”. La entidad, promete el informe, “seguirá calibrando la política monetaria en función de la evolución observada y prospectiva del nivel general de precios”.
Sucede que el Central lleva la mochila del Tesoro. En el primer trimestre, precisa el informe, el gasto fiscal primario creció 71% y en abril y mayo el ritmo aumentó a 88%, muy por encima del crecimiento de los ingresos y “con un impacto considerable sobre el déficit primario”.
De hecho, en su reciente revisión el FMI precisó que el gasto deberá pasar de un aumento de más del 12% real en el primer semestre a una caída de casi 8% en el segundo, una ralentización de 20 puntos en el ritmo de las erogaciones. Y tanto el Fondo como el BCRA recuerdan donde debe pasar la tijera: subsidios, transferencias a provincias y a empresas públicas, inversión e incluso sistema previsional.
Difusión inflacionaria
El IPoM analiza el grado de difusión de la inflación en base a los precios medios de 50 alimentos y bebidas publicado por el Indec para el Gran Buenos Aires y reconoce que desde febrero el porcentaje de artículos con subas superiores al 4% mensual aumentó, comportamiento que reconoce “similar al observado en episodios de depreciación de la moneda”, por los años 2018 y 2019, durante la segunda mitad de la presidencia de Mauricio Macri. Ahora, sin embargo, los aumentos ocurren en un contexto de creciente rezago del precio oficial del dólar y un cepo comercial extremo.

De hecho, cual Secretaría de Comercio o analista de retailing, el BCRA lista los productos que tuvieron aumentos promedio superiores al 12% mensual (pan de mesa y francés, huevos, harina, pollo), de entre 10% y 12% (café, azúcar, leche, queso, merluza) y de entre 8% y 10% ( fideos secos tipo guisero, manteca, vino, hamburguesas congelada y paleta” y celebra que en mayo se hayan observado desaceleraciones en la mayoría de esos 15 productos, con excepción del café y el azúcar.
El segundo semestre
En cuanto a las perspectivas de inflación, el BCRA considera que la reapertura de paritarias salariales y el adelantamiento de los tramos de algunos convenios (…) así como la actualización de las tarifas de los servicios públicos”, espolearon el índice, como lo hará ahora “una nueva actualización en las tarifas de gas por red y energía eléctrica y en las de transporte público”.
En cuanto a la segunda mitad del año, la entidad busca mostrarse optimista. Se espera que -dice- “de no mediar nuevos shocks de precios internacionales (como si todo viniera de afuera), la inflación núcleo continúe descendiendo gradualmente mientras que el nivel general de inflación retomaría una trayectoria de paulatino descenso desde julio”.
Según el informe, la expectativa de una paulatina desaceleración “es compartida por los analistas del mercado”, algo opuesto a lo que vienen expresando las principales consultoras económicas, que van ajustando hacia arriba sus proyecciones de inflación.
De hecho, el propio BCRA no puede ocultar sus dudas. “Ciertos factores -se cubre- podrían operar en sentido contrario”. Y cita entre ellas “el proceso de formación de expectativas , el adelantamiento y concentración de las paritarias salariales y los posibles efectos de segunda ronda de las actualizaciones de tarifas de servicios públicos y de combustibles, entre otros”.
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