
Las acciones argentinas continuaron ayer con su fuerte tendencia alcista, en contraste con un mercado neoyorquino que tuvo muchas más bajas que alzas. Los papeles locales, que cotizan a través de ADR en Nueva York, consolidan así su recuperación y prácticamente no han caído en lo que va del 2022. Al contrario, el índice Nasdaq que agrupa a las principales acciones tecnológicas caen más de 27%, mientras que el índice S&P 500 pierde 16%.
Las principales alzas fueron ayer por el lado de la energía: YPF subió 4%, Vista Oil 1,53% y Pampa Energía otro 0,93%. Los bancos también tuvieron una jornada sólida, como Macro que ganó 2,8% y Galicia 2,3%, en todos los casos en dólares. El índice Merval se mantiene medido en dólares (tipo de cambio “contado con liquidación”).
La suba de tasas que ya comenzó en Estados Unidos y la emisión de bonos por parte de la Reserva Federal para absorber dólares emitidos durante la pandemia mantiene en vilo a los inversores de todo el mundo. En las últimas semanas se profundizó una fuerte salida de capitales de activos de riesgo, del que casi nadie se salvó alrededor del mundo.
La solidez que muestran las acciones argentinas, para muchos inesperadamente, contrasta con la debilidad de los bonos. Los títulos argentinos en dólares continúan de capa caída, ayer volvieron a derrapar hasta 1,6%. Como consecuencia, el riesgo país subió por encima de los 1.900 puntos básicos y está cerca de los máximos anuales. Los bonos ya están cotizando nuevamente con paridades cercanas a los USD 30, anticipando los problemas de pago que el país enfrentará posiblemente a partir de 2024 ó 2025.
Las acciones y los bonos argentinos muestran, por lo tanto, comportamientos muy dispares. ¿Qué hay detrás de este fenómeno? Hay varios factores que ayudan a entender un poco más esta situación particular, entre los que se encuentran los siguientes:
Posiciones “técnicas” juegan en contra de los bonos argentinos: los grandes fondos de inversión están llenos de títulos locales, que recibieron luego del canje del 2020. El ministro Martín Guzmán había prometido un rumbo y una serie de medidas que nunca cumplió, por lo que las cotizaciones se encuentran muy lejos de lo que era la expectativa al momento de la reestructuración. Estos grandes inversores tienen más títulos argentinos que los que desearían. En este clima de fuerte incertidumbre en los mercados globales no dudan en salir a vender, aunque sea con fuertes pérdidas. La situación es muy diferente en el caso de las acciones. Luego de la decisión del MSCI de declarar al mercado argentino como “stand alone”, o sea por debajo de la categoría de “fronterizo”, los fondos que mantienen acciones argentinas salieron a venderlas. Por lo tanto, ahora en medio de una fuerte turbulencia global ya no tienen papeles locales para vender. Se trata de un aspecto clave para entender por qué resisten mucho mejor.
La falta de dólares le pega mucho más a los bonos que a las acciones: el acuerdo con el FMI establece como una de las medidas principales la necesidad de acumular reservas netas, este año por un monto de USD 5.800 millones. Sin embargo, tiene grandes dificultades para lograrlo. Esto abre más temores respecto a la posibilidad de una devaluación brusca. Pero al mismo tiempo refleja los problemas que tiene la Argentina para conseguir recursos con el objetivo de cumplir con el pago de la deuda en moneda extranjera. Por supuesto que un nuevo gobierno a partir de diciembre de 2023 podría generar una ola de confianza y así recuperar el acceso a los mercados. Pero se ve hoy todavía como algo lejano. A las acciones les pega mucho menos este escenario. Incluso los bonos corporativos –emitidos en buena medida por empresas que también cotizan- tienen cotizaciones bien por encima de la deuda soberana, lo que deja en claro que son favoritas para los inversores.
Las valuaciones de las empresas están muy deprimidas: Las acciones argentinas cotizan con fuertes descuentos respecto a sus pares regionales. Por lo tanto, para muchos inversores representan una buena oportunidad para comprar barato y esperar un cambio de clima a partir de las elecciones presidenciales de fines del año próximo.En el caso de los bonos, la decisión es un poco más difícil. Esto se debe a que hacia delante está el temor fundado de una posible nueva reestructuración en caso de que el Gobierno no consiga refinanciar sus vencimientos. En ese escenario, no resulta tan obvia la apuesta a la deuda local, sobre todo en un escenario de suba de tasas en Estados Unidos y próximamente también en Europa.
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