La invasión a Ucrania convirtió al sueño del shale gas de Argentina en una pesadilla

El país tendrá dificultades para competir con otros ávidos compradores de GNL a raíz de la guerra

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Una torre de extracción de
Una torre de extracción de gas en Neuquén (REUTERS/Agustin Marcarian/File Photo)

La nación, otrora exportadora de gas y que aspiraba a convertirse en una potencia del shale, tendrá dificultades para competir con otros ávidos compradores de GNL a raíz de la invasión rusa a Ucrania.

Argentina, hogar de algunas de las mayores reservas de shale gas del mundo, se prepara para lo impensable: racionar uno de sus principales recursos naturales.

A pesar de que cuenta con depósitos de gas suficientes para competir con la región de los Apalaches, esa que convirtió a Estados Unidos en un importante exportador, el sector de producción de gas nacional de Argentina ha padecido años de falta de inversión que lo han dejado incapaz de satisfacer la demanda interna, y ni qué decir de las necesidades del mercado de exportación.

Como resultado, Argentina ahora compite por envíos de gas natural licuado, o GNL, a la par de potencias industriales como el Reino Unido y Japón. Su momento difícilmente podría ser peor, a medida que los precios se han disparado. Las consecuencias de la invasión de Vladímir Putin a Ucrania han sumido a los mercados de energía y materias primas en el caos, empeorando la escasez, los cuellos de botella en la cadena de suministro y los cambios bruscos de precios que han sacudido la economía mundial desde que surgió la pandemia.

Además, Argentina recién comienza a solicitar a los operadores cargamentos para mayo y junio, cuando llega el invierno. Con el aumento de los precios en las últimas semanas, el país, que tiene una escasez perenne de divisas con las que se pagan las importaciones, podría no poder costear todo el GNL que necesita.

“Argentina planeaba importar entre 60 y 65 cargamentos de GNL, pero estos precios la obligan a ajustar esa estrategia”, dijo la semana pasada, Marcos Bulgheroni, director ejecutivo de Pan American Energy, una de las mayores perforadoras de gas del país, en una conferencia petrolera en Buenos Aires.

Para muchos observadores, incluidas funcionarios del Gobierno y miembros de la industria, que pidieron no ser nombradas porque el asunto es políticamente delicado, el espectro de menos cargamentos de GNL de los necesarios pone al país al borde de tener que limitar los suministros de energía a los consumidores industriales.

“Será un invierno difícil para el abastecimiento de combustible por la forma en que se accede a las divisas en Argentina”, dijo en una entrevista Agustín Gerez, titular de la energética estatal IEASA, que organiza las licitaciones de GNL del país. Gerez alberga la esperanza de que un invierno suave frene la demanda.

El apuro actual de la nación se gestó por mucho tiempo. El clima de negocios crónicamente deficiente no logró atraer suficiente inversión a su yacimiento petrolífero de Vaca Muerta y retrasó la construcción de los gasoductos necesarios para llevar gas desde la remota región de la Patagonia a los centros industriales y centros urbanos. En lugar de convertirse en la potencia de shale que esperaba ser, Argentina se ha convertido en un importante importador de GNL, principalmente en el volátil mercado spot global, con EEUU y Qatar como sus principales proveedores.

Para empeorar las cosas, las negociaciones para mover más gas por gasoducto desde la vecina Bolivia han fracasado, ahí Argentina también enfrenta competencia por esos suministros con Brasil, quien se lleva la mayor parte. En 2006, Argentina firmó un acuerdo de gas por 20 años con Bolivia, antes de que Vaca Muerta estuviera en el radar, sin embargo, los volúmenes y los precios se renegocian regularmente y los dos países han estado en conversaciones durante meses sobre los suministros para el próximo invierno.

Argentina importa 7,5 millones de metros cúbicos por día de Bolivia, pero, durante la temporada invernal de mayo a septiembre, necesita aproximadamente el doble. No está claro si se puede llegar a un acuerdo de esa escala cuando los suministros de Bolivia están disminuyendo, dijo Álvaro Ríos, exministro de Hidrocarburos de Bolivia que actualmente dirige la consultora Gas Energy Latin America. En los últimos cuatro años, la producción de Bolivia ha caído un 17% debido a que las inversiones allí se desaceleraron a raíz de las nacionalizaciones de los reservorios de gas.

“Argentina necesitará depender este año más del GNL que el año pasado”, dijo Henrique Anjos, analista de GNL de la firma mundial de investigación de energía Wood Mackenzie. “La producción boliviana ha estado cayendo abruptamente y los flujos a Brasil han sido prioritarios”.

Hasta el momento no se
Hasta el momento no se prevén cortes residenciales

Otras grandes economías de América del Sur están en mejores condiciones para soportar el aumento del costo del gas natural, señaló Anjos. Chile bloqueó los precios a largo plazo. En Brasil y Colombia, las precipitaciones se han recuperado, lo que ha impulsado la producción de las represas hidroeléctricas, mientras que la energía hidroeléctrica de Argentina aún siente los efectos de la sequía, lo que ejerce presión sobre sus centrales eléctricas a gas y diésel.

Una buena noticia para el país es que las entradas de otras materias primas denominadas en dólares que exporta Argentina, como la soja, podrían compensar de alguna manera el golpe de la importación del GNL y diésel. Otra ayuda provendría de un programa de precios para perforadoras.

“Sin eso estaríamos en un apuro mucho mayor”, dijo Juan José Carbajales, profesor de energía y arquitecto del programa en su periodo como subsecretario de Hidrocarburos. “Y con los recursos de Argentina, solo podemos recuperarnos”.

Argentina podría volver a ser autosuficiente en gas natural e incluso convertirse en exportador de GNL, pero necesita más gasoductos. El primer tramo de cerca de 700 kilómetros de una nueva línea troncal no se espera que se complete hasta el próximo año porque la economía vacilante ha restringido las inversiones en infraestructura y ha dejado a las empresas fuera de los mercados crediticios.

Por lo tanto, el Gobierno ha intervenido para construir el oleoducto con ingresos fiscales. Cuando esté listo, “transformará por completo” la industria energética de Argentina, dijo Gerez de Ieasa, lo que permitirá a los productores de shale aumentar las inversiones y reducir la dependencia del país de las importaciones. Sin embargo, ejecutivos petroleros dicen que el oleoducto debe ir acompañado de una combinación de políticas más amplia que ayude a las perforadoras en lugar de obstaculizarlas, algo que, si la historia argentina sirve de guía, no es seguro que pase.

“Argentina tiene que tomar la decisión”, dijo en una conferencia la semana pasada Alberto Saggese, presidente ejecutivo de Gas y Petróleo del Neuquén SA, la perforadora de gestión provincial en Vaca Muerta. “¿Queremos ser exportadores o queremos dejar todo ese gas bajo tierra?”, se pregunto.

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