
La Reserva Federal de los EEUU dio una señal de reversión de su política monetaria ultralaxa de la era COVID-19, para intensificar su lucha contra la persistente inflación, al anunciar el 16 de marzo la primera de una serie de subas de las tasas de interés previstas este año.
El cambio de postura, que comenzó con un esperado aumento de un cuarto de punto en el tipo de referencia a un día del banco central estadounidense, se vino preparando desde el año pasado y ya ha hizo subir el costo de las hipotecas para viviendas en los EEUU y otros tipos de crédito de referencia. El objetivo es claro: la Fed tiene la obligación de frenar una aceleración de precios que registran su mayor aumento anual en 40 años.
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En su discurso del lunes pasado en Washington, el presidente de la Fed, Jerome Powell, reconoció ante la Asociación Nacional de Economía para los Negocios que se tomarán las medidas que consideren necesarias para frenar el avance de la inflación, incluso si eso supone contribuir a la caída del crecimiento del PBI norteamericano, que es nada menos que el 25% del Producto mundial. La Fed no descarta subir los tipos en 50 puntos básicos en una reunión, el doble de lo habitual, si lo consideran necesario.
¿Qué consecuencias puede traer este sendero de suba de tasa de la Fed para la Argentina?
1) Por un lado, el incremento del costo del dinero a escala internacional dificulta el acceso al crédito externo para el país. Aunque el Gobierno argentino está fuera del mercado de deuda, debido a un riesgo país en torno a los 1.800 puntos, se acusará el impacto de las tasas más altas para las empresas argentinas que procuran conseguir fondos en el exterior.
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2) Por otra parte, los precios máximos observados para las materias primas podría sufrir un ajuste debido al fortalecimiento del dólar, apuntalado por los mayores retornos por apostar a las tasas en los EEUU. Hay que recordar que los granos alcanzaron valores récord en casi una década y que el petróleo crudo tocó máximos en casi 14 años.
Aunque las exportaciones argentinas, basadas la producción del agro, podrían resentirse, en parte este efecto podría neutralizarse debido a la dependencia argentina a las importaciones de energía, que también descenderían de precios.
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3) Un tercer punto muy importante sería el del riesgo a una recesión en los EEUU. El país norteamericano atraviesa un proceso de aceleración inflacionaria no visto desde 1982; atacarlo puede traer consecuencias no deseadas sobre los niveles de actividad e, incluso, sobre el empleo en los EEUU, cuando la desocupación tocó mínimos históricos.
Diego Martínez Burzaco, Head of Research en Inviu, explicó que “el mercado ‘pricea’ (asume en precios) un nivel de tasa entre 1,5% y 2,25% para fin de año. En mi visión, la clave será el equilibrio que pueda hacer la Fed entre no promover una recesión y dejar que la inflación licúe los pasivos que crecieron fuertemente en los últimos dos años”.
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“Las condiciones iniciales en términos de inflación, actividad y desempleo en el ciclo de ajuste que está por comenzar son las peores desde, al menos, 1988. En este sentido, en diferentes grados, todas las medidas de expectativas de inflación muestran un alarmante deterioro”, señalaron desde Balanz Capital.
4) Finalmente, la suba de tasas en los EEUU podría ponerle un freno a un eventual rebote de las cotizaciones de acciones y bonos en Wall Street que, por por carácter transitivo, podría golpear las valuaciones de países emergentes como la Argentina. En tal caso, pondría un tope a los precios de activos domésticos, en zona de piso cuando se los mide en dólares, aquejados por el desempeño negativo de la economía argentina a partir de 2018.
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“Desde principios de año, el mercado de renta fija viene proactivamente incorporando en las expectativas un ajuste monetario de la Reserva Federal que se parece más a aquellos vistos entre los años 1988 y 2000, que a los últimos dos comprendidos entre los años 2004 y 2018″, puntualizaron los expertos de Balanz Capital.
Desde el punto de vista de las valuaciones bursátiles, Martínez Burzaco explicó que “el desanclaje de la expectativa inflacionaria es el principal riesgo a monitorear. Finalmente, la baja del mercado acomodó las valuaciones. Pero si la recesión empieza a sentirse -presión inflacionaria sobre ingresos-, los earnings (beneficios netos) estarán bajo presión. Allí, las valuaciones Price/Earnings forward (ratio precio/ganancias) volverían a estar caras. Selectividad es el ‘nuevo normal’”.
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La inflación condiciona a la Fed
La urgencia que rodea a la reunión de política monetaria de la Fed se intensificó, ya que la inflación no ha mostrado signos de relajación e incluso podría aumentar aún más a raíz de la invasión rusa de Ucrania, que alimentó una suba del precio del petróleo este mes, que rozó los USD 130 el barril.
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Jerome Powell admitió que el banco central se encuentra en un terreno tan incierto que quizás recuerda más a los días de alta inflación de los años 70 que al entorno de inflación débil que ha condicionado la política monetaria desde principios de los 90.
“No nos hemos enfrentado a este reto en mucho tiempo”, dijo Powell en su comparecencia ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de EEUU. “Pero todos conocemos la historia y sabemos lo que tenemos que hacer”, subrayó.
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Riesgos de recesión
Powell adelantó a principios de mes en un discurso ante en el Congreso de Estados Unidos que creía que es “más probable que podamos lograr lo que llamamos un aterrizaje suave (...), que significa volver a controlar la inflación sin una recesión”.
El riesgo que corre la Fed, que podría aplicar cinco alzas de tasas en 2022, es el de elevar los rendimientos de los fondos federales a niveles restrictivos que podrían asfixiar en la práctica la economía y aumentar el desempleo. “Con excepción de la última, producto del COVID-19, las recesiones en EEUU desde al menos 1985 estuvieron precedidas por la suba en la tasa de política monetaria”, advirtieron desde Balanz.
“Desde la crisis financiera y la recesión de 2007-2009, la Reserva Federal ha previsto ese tipo de políticas restrictivas solo una vez, en respuesta al aumento del gasto deficitario del expresidente estadounidense Donald Trump en 2017 y 2018, pero los tipos nunca subieron tanto antes de que la economía empezara a flaquear”, indicó un informe de Reuters.
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