
El rublo ruso y la grivna ucraniana son las monedas del día como resultado de la incursión de tropas rusas en territorio de Ucrania reclamado por rebeldes separatistas. La moneda rusa se desplomó de la mano de las acciones locales y los bonos soberanos de ese país, al igual que los de su rival.
El retroceso puso a las dos monedas en el podio de las que más pierden en lo que va de 2022, desplazando de esa manera al peso argentino que se deprecia a ritmo acelerado en forma diaria debido al intento del Gobierno por reducir el atraso cambiario.
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La grivna ucraniana se debilitó más de un 1% desde el inicio de la sesión del martes, después de que Rusia reconociera formalmente la independencia de dos regiones del este de Ucrania.
El tipo de cambio cayó por debajo de 29 unidades por dólar, volviendo a situarse en el nivel del mes pasado. En febrero, la moneda se había fortalecido ligeramente y se había acercado a las 28 unidades por dólar ante la esperanza de que las intensas conversaciones diplomáticas pudieran conducir a una resolución pacífica del conflicto de ocho años en el este de Ucrania.
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La grivna pierde alrededor de un 6,05% desde principios de año debido a las salidas de capital extranjero en medio de la creciente preocupación por los movimientos de las tropas rusas cerca de las fronteras de Ucrania y el temor de que Rusia esté preparando un ataque militar.
Por su parte, el rublo ruso llegó a debilitarse hasta tocar 80,97 frente al dólar, un nivel visto por última vez el 23 de marzo de 2020 antes de recuperarse y situarse un 0,9% por encima a 79,05.
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Este resurgimiento se produjo cuando Rusia dijo que sólo reconocería la independencia de las regiones dentro de las fronteras que controlan actualmente los separatistas respaldados por Moscú, y cuando los inversores sopesaron las sanciones económicas que Occidente analiza imponer a Rusia, menores a lo anticipado.
Los bonos soberanos de los dos países también sufrieron. El riesgo país de Ucrania cerró el viernes pasado con una fuerte suba que lo llevó a 961 unidades. El de Rusia, con un avance mayor en términos relativos, se había ubicado en 269 unidades.
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Se necesitó un movimiento de tropas que hace temer un enfrentamiento armado entre algunas de las principales potencias del mundo en Europa para afectar de esa manera a los activos de Ucrania y Rusia.
Y aún así no se comparan con el nivel al que se mueven los activos argentinos. Con un retroceso del 4,12% en lo que va del año, el peso argentino es la tercera moneda que más pierde en lo que va del año. Tomando, claro, el tipo de cambio oficial.
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Y en términos de confianza en la capacidad de repago de la deuda, mientras tanto, los números argentinos son aún peores. El riesgo país argentino sube hoy y llega a los 1.715 puntos, más del doble del que marca la complicada Ucrania.
“Por un lado, la situación fiscal de Rusia es muy sólida. De las mejores relaciones entre reservas y deuda. Aunque el proceso la complique, su solvencia fiscal no justifica por ahora un deterioro mayor en su riesgo. En la medida en que la invasión a estos dos territorios se asemeje a lo que pasó en 2014 con Crimea. Podría provocar algunas sanciones, más humo que otra cosa: financieras, las energéticas son poco creíbles porque Europa depende del suministro ruso en particular en el caso de Alemania. Un bloqueo de entrega de microchips podría ser más dañina”, dijo Norberto Sosa de Invertir en Bolsa.
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“El caso de Ucrania es distinto, suma una incertidumbre inmensa pero si la invasión queda en los territorios rebeldes no hay cambios serios a la capacidad de repago. El riesgo va a ser mayor, seguro, pero no tiene por qué llegar al nivel de la Argentina”, agregó el economista Luis Palma Cané.
Por otro lado la suerte del peso argentino, lejos de toda crisis militar, está signada por la necesidad del Gobierno de frenar el atraso del tipo de cambio oficial respecto de la inflación. El dólar mayorista intentó funcionar como ancla inflacionaria durante 2021. Avanzó 22% en el año mientras la inflación superó el 50%.
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La diferencia abarató todo bien y servicio valuado en moneda extranjera en comparación con los precios locales, generó el riesgo de desincentivar liquidaciones de exportaciones y tuvo su rol en la generación de una brecha cambiaria superior al 100%.

“Está claro que el riesgo de una guerra obviamente que los bonos y la moneda se daña, pero el mercado no está con la expectativa de un colapso que arrase a los dos países. Lo que están haciendo los inversores es revisar, junto a la situación política, la situación financiera y a eso le pone precio”, señala Martín Polo de Cohen.
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“En el caso de la Argentina, no hay guerra a la vista pero tiene muchos defaults en la mochila y una expectativa a futuro que no logra volverse positivo. Por eso, más allá de conflictos geopolíticos, la percepción de riesgo crediticio sigue siendo más importante en el caso de Argentina”, agregó.
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