
La inflación en Argentina –principalmente en alimentos- continúa haciendo estragos con los salarios, que cada vez valen menos. En este caso, el ejemplo llega de la mano de la tradicional picada de fiambres y quesos. Según un estudio de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) el precio de una picada para cuatro personas registró un aumento de 383% en cuatro años.
“En cuatro años perdimos 20 kilos de pan, de 3 de salame, 3 de queso pategrás y casi 4 kilos de jamón cocido. Nos quedamos sin 17 botellas de gaseosa y 72 pintas de cerveza”, destacó el informe que da ejemplos concretos sobre cómo los argentinos necesitan cada vez más plata para comprar lo mismo.
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“Lo planteamos como una entrada para 4, pensando en el verano, en un grupo de amigos o en la familia que se junta una tardecita: la misma picada hace 4 años costaba $300, hoy cuesta $1450, se multiplicó el precio por 5. Así se va desvalorizando nuestra moneda, cada vez necesitamos más pesos para comprar los mismos productos”, advirtió Natalia Ariño, economista de FADA.

Si se toman en cuenta los salarios reales, al comparar diciembre 2017 con diciembre 2021, los mismos perdieron el 20% del poder de compra. “Esto quiere decir que de cada $1.000 que consumíamos en diciembre de 2017, en la actualidad podemos consumir el equivalente a $800″, destacó Ariño.
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El cálculo está realizado en base al Índice de Salarios que publica el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), teniendo en cuenta salarios públicos y privados, formales e informales.
“El acuerdo con el FMI plantea un sendero de baja del déficit y la emisión monetaria, por lo que es un paso en el sentido correcto. “Sin embargo, se han acumulado tantos desequilibrios en la economía que, incluso con las medidas correctas, se necesitarán varios años para que la inflación comience a descender” indicó David Miazzo, economista Jefe FADA.
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Picada entre amigos: ¿Cuánto nos cuesta?
Para armar este cálculo, desde FADA pensaron en una juntada entre amigos o familia y tuvieron en cuenta el queso, el fiambre, el pan, la cerveza y la gaseosa. En ese marco, calcularon que en cuatro años el billete de $1.000 perdió la capacidad de comprar casi 4 kilos de jamón cocido, 3,300 kg de salame, 3,300 kg de queso pategrás, 20 kilos de pan, 18 botellas de cerveza y 17 botellas de gaseosa.
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Con $1.000 en diciembre de 2017 se podían comprar 4 kilos de queso pategrás ($247), y hoy sólo se pueden adquirir 700 gramos ($1.340). Con el fiambre sucede lo mismo: en 2017 se podían comprar 4,7 kilos de jamón cocido ($213) o 4 kilos de salame ($257), y hoy no alcanza ni para un kilo de ninguno de los dos (jamón $1.140 y salame $1.360).
“Para acompañar todo esto nos falta el pan, en 2017 comprábamos 24,5 kilos ($40,60). Hoy nos alcanza para 4 ($210). Para tomar, si pensamos en picadita se nos viene una cerveza a la cabeza: en 2017 con $1000 podíamos comprar 24 botellas ($41), hoy solamente nos alcanza para 6 ($160), son 72 pintas menos para brindar”, remarcó Ariño. Y añadió que con la gaseosa cola sucede lo mismo: en 2017 se podían adquirir 23 botellas de 1,5 litros ($45,50) pero hoy sólo se pueden comprar 6 ($150).
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Por último, los economistas de FADA afirmaron que hay formas de tratar o controlar la inflación y destacaron que hay que tomar medidas en tres sentidos: emisión de pesos, equilibrio fiscal y confianza en la economía del país.
“Sí o sí, hay que encarar los tres focos para que funcione”, advirtió Miazzo sobre un eventual plan para frenar la inflación. “Hay que dejar de imprimir pesos, el Changómetro muestra que el problema no son los precios, son los pesos y su pérdida de valor”, agregó.
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“Para dejar de imprimir pesos es necesario contar con equilibrio fiscal. Este es el segundo punto: los gobiernos tienen que dejar de gastar más de lo que recaudan por impuestos, no hay otra opción que controlar el gasto público para controlar la inflación”, destacó.
E indicó que el último punto es generar confianza en la moneda. “Los pesos, como cualquier moneda, son un papel impreso, su valor está determinado por la confianza que genera el país que lo imprime. Hoy nuestra moneda sirve para comprar cosas, pero no es una moneda de referencia o en la que se pueda ahorrar”, cerró.
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