
Si el oficialismo perdió las elecciones por factores estrictamente económicos (como sostiene el discurso del Gobierno), entonces tendría motivos para la esperanza. El consumo muestra un repunte significativo en los últimos meses, de la mano de un paquete de medidas aún en desarrollo: fuerte inyección de dinero vía emisión monetaria, cómodos planes de compra en cuotas y aumentos de salarios que en el corto plazo están superando la inflación. La perspectiva para los próximos dos meses es positiva, ya que se viene una mayor expansión de dinero para incentivar esta significativa recuperación de corto plazo.
A esta altura, sin embargo, está bastante claro que se trata de decisiones que aumentarán todavía más los desequilibrios. La expansión de pesos amenaza con presionar todavía más un tipo de cambio recalentado y una brecha que supera el 90%. Para colmo el Banco Central tampoco logra estabilizar el mercado. En septiembre vendió USD 950 millones y la situación de sus reservas líquidas es crítica, teniendo en cuenta que además habrá que pagarle otros USD 1.900 millones al FMI en diciembre tras haber cancelado una cifra similar el mes pasado.
Verano caliente
Los pronósticos sobre lo que podría suceder después de fin de año son de lo más diversos. Algunos temen un verano muy caliente, con estampida cambiaria incluida, que por supuesto desataría un proceso de elevadísima inflación y mayor crisis social. Por eso, entre los inversores las medidas son englobadas como el “plan bomba”, por el peligro de desatar un estallido que termine sumergiendo a la economía en una nueva y profunda crisis.
Otros consideran, en cambio, que un acuerdo con el FMI y la perspectiva de un manejo más austero de las cuentas públicas podrían ayudar a estabilizar las expectativas. En ese caso se evitaría aquel escenario de catástrofe y habría más tiempo para avanzar en reformas que permitan volver a crecer. Todavía se ve como algo sumamente lejano.
Las aperturas de las actividades también tomaron velocidad y ahora se suma el turismo internacional, con lo cual algunos sectores que venían relegados también empiezan a recuperarse luego de más de un año y medio de freno casi total. Hoteles, agencias de viaje y boliches son algunos ejemplos. Quedaron en el camino miles de Pymes que no pudieron sobrevivir a tanto tiempo sin facturación.
El INDEC también refleja esta reactivación. Las cifras de actividad llegan por ahora hasta julio, pero la proyección muestra que el rebote de la economía será algo mayor al que se venía estimando. “Los datos vinieron un poco mejor a lo esperado, mantenemos nuestro pronóstico de recuperación de 7,5%, pero podría llegar al 8%”, señaló el economista Fernando Marull en su último reporte.

La mejora del consumo es palpable no solo en las estadísticas, sino en la micro. La venta de bienes durables se mantiene firme y en ascenso, lo mismo sucede con la indumentaria, mientras que las ventas en supermercados ya muestran una mejora en términos interanuales. Se trata de un dato clave, ya que dejó de caer en los últimos meses el consumo de alimentos. Incluso uno de los problemas que empieza a aflorar es la escasez de oferta en el caso de productos importados, por lo que no se logra satisfacer totalmente la demanda. En menor medida también hay algunos problemas de acceso a insumos que generan trabas en la producción local.
Fiesta no, consumo sí
No se trata de una “fiesta” del consumo ni mucho menos. Pero sí el reflejo de una política agresiva para incentivar la demanda interna, que es principal componente del PBI argentino. Sin un mercado interno pujante es imposible mover la economía, ya que la inversión se mantiene en niveles muy bajos y las exportaciones representan un porcentaje menor del Producto.
El Gobierno se aferra a lo que único que tiene a mano para tratar de revertir o como mínimo suavizar la derrota es incentivar como sea el consumo y mejorar las expectativas sobre la economía. Lo primero lo está logrando al menos parcialmente y lo segundo sigue siendo una gran incógnita.
Se trata, claro, de políticas cortoplacistas, que solo miran hasta el 14 de noviembre, las fechas de las elecciones legislativas. Es imposible garantizar o proyectar que esta recuperación de la demanda interna se mantendrá mucho más allá de las fiestas de fin año.
Orden de prestar
El Banco Central acaba de ordenarle a los bancos que vuelquen créditos a tasa negativa a las empresas, a través de una ampliación de la línea de préstamos al sector productivo a tasas del 30% anual en pesos. La ampliación desde 5% hasta 7,5% de los depósitos implica una expansión de $ 440.000 millones adicionales hasta marzo del año próximo. La banca pública ya se “cortó sola” y también aceleró notablemente el otorgamiento de crédito.

Pero a esto se sumarán más medidas para impactar directamente en el poder de compra, lo que el propio oficialismo describe como “poner platita” en los bolsillos. A esto se suman otro tipo de beneficios por afuera de la planificación oficial, como la entrega de bicicletas, electrodomésticos y otro tipo de maniobras clientelistas y condenables.
Lo último que se pierde
Por supuesto que este repunte de la economía no asegura un mejor resultado para el oficialismo. Pero al menos le permite al Gobierno tener algo más de esperanza. Ya en noviembre los escándalos del vacunatorio VIP y de la foto de la fiesta de Olivos habrán quedado un poco más lejanos en el recuerdo. Al mismo tiempo, el propio Presidente fue virtualmente apartado de la campaña electoral de cara a las legislativas, luego de un pobre desempeño en la previa a las PASO. La mejora de los indicadores de consumo es una condición necesaria aunque no suficiente para mejorar el resultado electoral.
La apuesta oficial se concentra más que nada en retener el 30% que consiguió en septiembre, pero además convencer a los que no votaron para que se vuelquen por los candidatos oficialistas. De esta forma esperan revertir la derrota en la provincia de Buenos Aires y eventualmente algunas provincias donde históricamente gana el peronismo pero que en septiembre le dieron la espalda al Gobierno. Incluso los últimos anuncios que buscan un acercamiento al campo para mejorar los flojos resultados obtenidos en provincias como Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe, donde los frigoríficos sufrieron el impacto de los cupos a la exportación de carne.
En los menos de 45 días que quedan hasta las elecciones habrá un vendaval de más medidas que persiguen el mismo objetivo: seguir con el repunte de la actividad sin tomar en cuenta las consecuencias posteriores. Después de las elecciones legislativas arranca otra historia con impredecibles resultados.
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