
El plan de imprimir dinero para poner “platita” en los bolsillos, como expresó el candidato a diputado Daniel Gollán, no es una idea original. Ya en 1969 el economista y premio Nobel Milton Friedman inventó la descripción de “helicopter money”, es decir el dinero que cae del cielo (de un helicóptero en este caso) para reactivar regalándole dinero a la gente. Básicamente en aquel momento se usó para describir los efectos de la emisión monetaria en distintas variables, particularmente la inflación.
Con el paso de los años, la academia económica concluyó que este tipo de política, de grandes expansiones monetarias, deben usarse en casos muy puntuales de deflación, o sea un contexto que es exactamente el contrario en el caso de Argentina. Este año la inflación superará el 45% y podría incluso acercarse al 50%. Tirar más plata desde el cielo (o en concreto, desde el Banco Central) es echarle más nafta al fuego.
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La renovada escalada de la divisa es un llamado de atención en medio de la desesperación oficial por reactivar el consumo, cueste lo que cueste. El motivo principal que explica la escalada del dólar libre en los últimos días es que el Central decidió cuidar sus dólares, tras haber perdido cerca de USD 1.200 millones desde fines de agosto. El economista Gabriel Rubinstein advirtió esta semana que a este ritmo la entidad se quedaría sin reservas líquidas exactamente un día antes de las elecciones legislativas.
Cuidar las reservas
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Ante una dinámica insostenible, la decisión que se tomó en la semana que pasó fue la de cuidar las reservas y aflojar con las intervenciones en el mercado. La consecuencia es que el ritmo de venta de divisas vía mercado de bonos, que es el mecanismo utilizado para que no se dispare la brecha cambiaria, pasó de USD 20 millones diarios a solo USD 5 millones. Pero con menos oferta del Central, el dólar “contado con liquidación”, que es el que utilizan las empresas para dolarizarse, saltó hasta $ 194 al cierre de la última semana. La brecha cambiaria crece peligrosamente y se acerca al 90%.
Pero también fue necesario tomar decisiones fuertes para no seguir perdiendo reservas en el mercado oficial. Tal como adelantó Infobae esta semana, se dispusieron fuertes medidas para reducir el volumen de importaciones, sobre todo en un momento de menos oferta de divisas por motivos estacionales.
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No les dan pelotita
Los locales deportivos se quedaron sin pelotitas de tenis. Están cerradas las importaciones y el fabricante local no puede comprar la materia prima para fabricarlas. No es el único caso. Es muy difícil conseguir un par de zapatillas deportivas y crece la escasez de indumentaria, también faltan cápsulas de café, neumáticos para autos de alta gama y es difícil conseguir repuestos de vehículos. Otros sectores también tienen dificultades como mueblerías y bazares. La AFIP se puso mucho más restrictiva a la hora de firmar las SIMI (permisos de importación) y crece la preocupación en los locales, porque ya prácticamente se quedaron sin reposición de muchos artículos.
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“Dentro de los próximos 60 dias comenzará un cierre masivo de locales deportivos, tanto de cadenas nacionales como de cadenas regionales, ante la falta de mercadería para vender”, advirtió uno de los principales jugadores de este segmento. Por otra parte, la mayoría de los productos son imposibles de reemplazar por nacionales. En muchos casos porque directamente no se fabrican y en otros porque es inviable reemplazar marcas de primer nivel internacional. La preocupación va creciendo y se temen cierres masivos como en las cadenas de electrodomésticos, junto a la pérdida de empleos formales.
De esta forma, el peligro que corre la política de impulsar artificialmente el consumo para dar vuelta las elecciones es no conseguir el efecto deseado ante los problemas de oferta que presenta la economía y, peor aún, exacerbar los desequilibrios. Es decir, impulsar más la inflación y el tipo de cambio, pero sin generar un verdadero impulso en la actividad económica.
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Las trabas a la importación han sido recurrentes en la historia argentina, pero sobre todo durante la vigencia de cepos cambiarios. Esto sucede porque el Gobierno se termina quedando sin dólares y para mantener una cotización artificial termina afectando la demanda de productos importados.
Certificada con aviso de retorno
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El impulso a la demanda vía emisión monetaria que Cristina Kirchner demandó en su vehemente carta hace diez días agravó todo, alertando a los inversores sobre lo que se viene. La reacción lógica es adelantarse a esta montaña de pesos que se avecina y no esperar a que suba el dólar luego de las elecciones o a fin de año.
En el Banco Central esperaban que una vez superadas las PASO volviera cierta calma a los mercados, al menos hasta que se acercaran las elecciones legislativas. Pero las peleas dentro del oficialismo y la presión para salir a poner plata en los bolsillos alteraron todo y esa calma nunca llegó.
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La manta para el Central es más corta que nunca. El colchón muy finito de dólares que pudo acumular en el primer semestre del año se está evaporando mucho más rápido que lo esperado. Ahora hay pocas opciones. Se pierden las escasas reservas que quedan para que los tipos de cambio se mantengan inalterados. O se cuidan las reservas, pero a costa de una mayor presión cambiaria.

Memorias de octubre
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El último susto grande que tuvo el Gobierno, y la sociedad argentina, fue en octubre del año pasado cuando el dólar trepó a un récord de $ 190. Allí se impuso una política fiscal más austera por parte de Martín Guzmán y el tipo de cambio retrocedió hasta $ 140 para recién ahora volver a aquellos niveles casi un año después.
El peligro de otra espiral cambiaria e inflacionaria vuelve a estar latente. “Al igual que a esta altura del año pasado, se está produciendo un fuerte deterioro de las reservas del Banco Central, mientras el equipo económico parece estar viendo otra realidad”, indicó la consultora Invecq en su último informe para clientes, rematando que “para los próximos meses vemos poco probable otro boom de soja que permita zafar de una nueva corrección cambiaria”. De este modo, “el desequilibrio fiscal-monetario pone en riesgo la estrategia cambiaria del Gobierno y no hay elementos en el horizonte que no haga prever una corrección no traumática”.
Los próximos 50 días, hasta las elecciones legislativas, estarán marcados por la presión del Gobierno por volcar dinero en la calle y reactivar el consumo, pero al mismo tiempo mayores presiones sobre el tipo de cambio y las reservas. La incógnita es si hay espaldas para “aguantar” hasta el 14 de noviembre. Después de las elecciones empieza otra historia, que inevitablemente tendrá al acuerdo con el FMI como protagonista.
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