¿Vencen los billetes de USD 100 “cara chica”?: todo lo que hay que saber para evitar engaños

En las “cuevas” del microcentro toman al dólar a $178, pero para las emisiones anteriores a 2013 se pagan $173, cinco pesos menos. Cómo distinguir falsificaciones

"Cara grande": el billete de USD 100 más reciente, de curso legal desde 2013.
"Cara grande": el billete de USD 100 más reciente, de curso legal desde 2013.

En las “cuevas” de la City porteña, mesas de dinero y locales donde se comercializa moneda extranjera de manera informal, toman a los billetes de dólar más viejos, llamados “cara chica” por su diseño, a menor valor que las emisiones más recientes o “cara grande”.

En el microcentro porteño, quienes quieran desprenderse de sus billetes reciben $178 por los dólares más nuevos –el billete de USD 100 es el más popularizado–, en el mercado desde 2013, y también por el diseño anterior vigente entre 1996 y 2012.

Pero para los billetes más antiguos –impresos antes de 1996– cuyo diseño se caracteriza por la “cara chica” del presidente norteamericano que lo identifica (emisiones de 50, 20, 10 y 5 dólares), en el mercado informal pagan cinco pesos menos que la cotización regular del dólar libre, hoy unos 173 pesos.

Tres emisiones de USD 100 en circulación: dos "cara grande" de 2013 y 2006, y un "cara chica" de 1993.
Tres emisiones de USD 100 en circulación: dos "cara grande" de 2013 y 2006, y un "cara chica" de 1993.

Sin embargo, esta diferencia de precio no tiene un sustento real, solo la preferencia de los compradores y cierto oportunismo de los cambistas, pues no importa en qué año fueron emitidos, todos los diseños de la moneda de los Estados Unidos son de curso legal, por lo cual las ediciones anteriores de USD 100 continúan en circulación y, de hecho, se utilizan con plena normalidad en los comercios de los EEUU.

La obsesión argentina por el dólar

El permanente avance de la inflación y la pérdida de valor del peso argentino, un fenómeno que cumple medio siglo en la Argentina, incentivó entre los ahorristas un hábito que va quedando en desuso en el mundo: el de atesorar dólares en efectivo.

Esta modalidad se profundizó por la vigencia del llamado “cepo” cambiario, durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner, desde el 31 de octubre de 2011 al 16 de diciembre de 2015 -recién asumida la administración de Mauricio Macri, y en los últimos tiempos, desde el regreso del control de cambios por etapas, desde el 1 de septiembre de 2019, en las postrimerías del gobierno del propio Macri.

Los argentinos conservan divisas en efectivo por unos USD 235.000 millones fuera del sistema financiero local

Primero se estableció un límite de USD 10.000 mensual para la demanda privada, reducido a USD 200 a partir del 28 de octubre de 2019, tras el triunfo de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales. Ya con Fernández en el poder, se estableció el 26 de diciembre de aquel año la aplicación de un impuesto “solidario” del 30%, al que se le añadió una carga del 35% como adelanto de Ganancias en septiembre de 2020.

Pero la “fuga” de divisas fuera del sistema se desató por un fenómeno puntual, el de las PASO del 11 de agosto de 2019. Ante la certeza de un inminente cambio de signo político en la Casa Rosada, los depósitos en dólares en efectivo del sector privado cayeron a la mitad en dos años, desde los más de USD 32.000 millones a poco más de USD 16.000 millones en el presente.

Dicha formación de activos externos del sector privado no financiero se efectuó básicamente en efectivo, billetes retirados por ventanilla que pasaron a cajas de seguridad -sin registro del contenido- en los propios bancos, cajas fuertes en oficinas y domicilios o, simplemente en el “colchón”.

Según el último informe de Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa del Indec, correspondiente al primer trimestre de 2021, la formación de activos externos del sector privado (tenencias de argentinos fuera del sistema financiero local) asciende a unos USD 347.875 millones, de los cuales constituyen monedas y depósitos unos 235.241 millones de dólares.

Para entender la dimensión de este ahorro, en mayor parte “cash”, hay que compararlo con la deuda externa bruta (pública y privada sumadas) por unos USD 269.508 millones al primer trimestre de 2021. O un PBI argentino, que el Banco Mundial calculó en unos USD 383.000 millones al cierre de 2020.

La proliferación de billetes de dólar que circulan en la economía doméstica hace décadas también es razón por la cual conviven emisiones de distintas épocas. A partir de 2013, empezaron a circular por el mundo los más recientes dólares “cara grande”, con el rostro de Benjamin Franklin en la emisión de USD 100 con nuevas medidas de seguridad acordes al nuevo milenio.

Los depósitos en dólares en efectivo del sector privado se redujeron a la mitad en los dos años transcurridos desde las PASO de 2019

Los billetes “cara grande” incorporaron una tira azul en 3-D situada en la parte frontal que contiene imágenes de campanas y números 100 que se mueven al inclinar el billete. Además, contienen una campana en el ya existente tintero que cambia de color cobre al verde al inclinar el papel.

Por ser más recientes y más difíciles de falsificar, los ahorristas los prefieren sobre las emisiones anteriores de billetes, más percudidos y con 25 años o más de pasar de mano en mano. Como es común que este efectivo se atesore por años, también sobrevuela el temor a que en algún momento caduque su vigencia por alguna disposición gubernamental en los EEUU y de la noche a la mañana puedan perder su valor.

¿Cómo reconocer un billete falso?

El billete de USD 100 tiene más medidas de seguridad para eludir falsificaciones, y hay cinco detalles principales del papel a tener en cuenta:

1. Textura: los billetes auténticos tienen una textura única, un poco áspera al tacto. Es un papel muy fino, mezcla de 25% lino y un 75% de algodón, con fibras de seguridad rojas y azules.

2. Banda de seguridad en 3D: al inclinar el billete puede advertirse un cinta de color azul que está tejida (no impresa) sólo en el frente del billete, y con el movimiento, el dibujo de campanas se transforma en el número 100, y viceversa. Son imágenes pequeñas en tres dimensiones, y forman parte de las características de seguridad que tienen los USD 100 desde 2013.

Los billetes norteamericanos impresos en la última década incorporaron la más avanzada tecnologí­a contra la falsificación

3. Campana y número: del lado derecho del billete hay una campana dentro de un tintero. Con la inclinación, esa campana cambia de color verde al cobre, y produce un efecto de que aparece y desaparece. También cambia de color verde al cobre el número 100, que es uno de los indicadores del valor del billete en el margen inferior derecho.

4. Marca de agua: la imagen “oculta” de Benjamin Franklin, político y uno de los Padres Fundadores de los EEUU, es una medida de seguridad que se mantuvo en los billetes de 2013. Se encuentra a la derecha del retrato principal y sólo se puede ver a contraluz.

5. Hilo de seguridad: ahora del lado izquierdo del billete, este hilo es fino y cuando el billete se coloca a contraluz, se puede ver la leyenda “USA 100”. Si se utiliza luz ultravioleta, esa cinta debería verse de color rosa.

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