
La producción de cítricos dulces en el litoral argentino no atraviesa un buen momento: caen significativamente las intenciones de realizar inversiones en el negocio y muchos productores deciden alejarse de la actividad. El año pasado hubo una menor cosecha de mandarinas y naranjas a causa de las adversas condiciones climáticas, situación que se compensó con una mayor demanda del mercado interno y aumento de precios al productor. Pero el panorama se complicó este año: creció la producción, pero bajó la demanda y golpea la inflación, lo que resultó en un aumento de los costos de producción.
A todo esto se suma la falta de mano de obra para el momento de la cosecha. Días atrás fue noticia el productor de Misiones, Ricardo Ranger, quien dejó que se echen a perder 1,5 millones de kilos de limones y unos 200 mil kilos de naranjas, por la problemática mencionada.
Esta semana desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) pidieron que se agilice el tratamiento en el Congreso del proyecto de ley que permite a los trabajadores de las economías regionales seguir percibiendo los planes sociales del Gobierno mientras realizan trabajos en blanco en los sectores productivos. “Estamos sobreviviendo en la actividad citrícola. No hay ninguna intención de invertir”, comentó Ranger a Infobae.
Como sacarle jugo a las piedras
Pero volviendo al impacto que tienen los graves problemas económicos del país, todos coinciden en que derivan en menor rentabilidad. Una de las zonas más afectadas es la provincia de Misiones, donde muchos pequeños y medianos productores van dejando la actividad para ingresar a la producción de yerba mate o a la ganadería. Los motivos que llevan a dicha decisión son la demora en el pago por la producción y los bajos precios percibidos. Hay productores, advierten desde el sector, que cobran un año después sus cosechas, a un precio de 3 a 5 pesos.
Al respecto, Ranger dijo a la agencia NA que en su caso no puede dedicarse a otra actividad. “Yo tengo 70 hectáreas de limones y se trata de una inversión que realicé a largo plazo. La planta tarda cerca de 10 años en dar rentabilidad. Con la yerba mate pasa algo similar, tarda entre 6 y 7 años. Son inversiones a muy largo plazo y no me puedo dar el lujo de arrancarlas para sembrar otra cosa, si hago eso me termino de fundir, a pesar que hace 7 años que no se paga en tiempo y forma. Hay casos donde la cooperativa tarda un año en efectuar el retorno y, por supuesto, nunca está actualizado por la inflación”, explicó.
En diálogo con el diario “El Territorio”, el productor citrícola de Misiones, Diego González, señaló que “el problema fue que se fueron estirando los pagos y no se dijo cuándo se va a cancelar. Preguntamos varias veces cuándo nos van a pagar y desde la cooperativa no nos dan ninguna certeza. Pedimos reunirnos y no nos atienden. Ahora nos estamos juntando con productores de otras zonas como San Vicente, Fracrán, Dos de Mayo, El Soberbio, todos están con problemas y están tumbando sus plantas”.
Exportaciones
Por el lado de las exportaciones, los datos aportados por Santiago Caprarulo, director ejecutivo de la Cámara de Exportadores de Citrus del Noreste Argentino (Cecnea) reflejaron que un 25% de lo que se produce en cítricos tiene que ser exportado para que no se depriman los precios internos, esta cuestión, al margen de los vaivenes de los precios internacionales que le dan mucha volatilidad a las cotizaciones durante el año.
“Hay que tomar como parámetro que hace una década teníamos el doble de hectáreas plantadas, lo que demuestra que se volvió una actividad muy complicada para gente que está desde hace dos o tres generaciones en el negocio y comenzaron a diversificar su producción. Desde la forestación hasta la ganadería y abandonando un negocio muy bueno que en algún momento anduvo muy bien y que tiene todo el potencial para andar bárbaro”, agregó.
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