
Atento a la evolución del precio del dólar y la reacción del mercado a las últimas medidas adoptadas para contener la brecha cambiaria, el ministro de Economía, Martín Guzmán, tampoco puede sacarle el ojo de encima a otros otros dos precios clave la economía argentina: el de la soja, que ya cumplió con creces el ciclo de “oro” este año, y el precio del petróleo. Éste último empieza a deparar sorpresas inoportunas ya que, con subas a los niveles máximos de los últimos tres años, impacta de lleno en los dos grandes pilares en los que por estos días se asienta la gestión económica. Por un lado, el congelamiento de tarifas como ancla inflacionaria, que desde el mes pasado incluye también al precio de la nafta. Por el otro, la estabilidad cambiaria a fuerza de restricciones al acceso de divisas para evitar que los dólares del Banco Central se escapen en importaciones. Sólo en los primeros seis meses del año, se escurrieron por esta vía unos USD 2.300 millones.
Así, las consecuencias del incremento del precio del petróleo trae para el Gobierno consecuencias completamente indeseadas. La primera de ellas, es el impacto fiscal. Los analistas privados ya calcularon hasta el cansancio el aumento del costo de los subsidios durante el primer semestre pero rehacen la cuenta una vez más. Del costo inicial previsto en el Presupuesto de unos $ 620.000 millones, equivalentes a 1,7% del PBI, los cálculos de los expertos lo llevaron al 2,4% en virtud del congelamiento de tarifas y ahora ya prevén que la cifra se ubicará en los niveles máximos de 2014, en torno al 3% del PBI.
El escenario actual agrega una complejidad para el Gobierno. En pleno inicio del proceso de dolarización pre-electoral, es decir, en una etapa de tensión cambiaria combinada con un menor flujo de ingreso de divisas, la producción de gas cae a mayor ritmo que la demanda. El bache se cubre con importaciones. Y, más allá del Tesoro, el Banco Central termina actuando de caja de resonancia.
La cuenta de las importaciones viene creciendo desde mayo, cuando según el INDEC se registró una suba de 170% interanual de la importación de combustibles y lubricantes (esencialmente gas natural, en estado gaseoso y gasoil). El mes anterior, en cambio, ese salto había sido de apenas 11%. Con la llegada del frío, todo empeoró y el importe total pasó de USD 490 millones en mayo a USD 780 en junio. Así, el importe total del primer semestre asciende a unos USD 2.300 millones, afrontados con las reservas del Banco Central.
Se prevé que en los próximos meses, el monto crecerá aún más. De hecho, en una licitación a mediados del mes pasado, la secretaría de Energía avaló un aumento mayor al 50% respecto del presupuesto previsto para la compra de cinco buques de gas licuado que llegarán en agosto y que se abonan por adelantado.
En otros términos, el gas resulta para el Gobierno la contracara de la soja. Mientras la segunda aportó recursos inestimables para las arcas públicas y alimentó también las reservas del Banco Central, el primero amenaza una vez más con hacer desaparecer esos colchones.
“Los precios energéticos se mueven con el petróleo. El gas en particular, pero también los combustibles líquidos. El combo determinante es menor producción local de gas natural, que cayó más de lo que cayó la demanda, y más importaciones a mayor precio” puntualizan desde el Instituto Argentino de la Energía (IAE). “La oferta está en una situación delicada en las puertas del invierno 2021, idea que se refuerza al observar mayores niveles de importaciones de GNL y gas de Bolivia”, sostuvo el experto del instituto, Julián Rojo.
Desde el punto de vista fiscal, el impacto será contundente. Asumiendo un precio del petróleo que se estabiliza en torno a los valores actuales, el economista Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Equilibra, proyecta el gasto en subsidios en niveles récord. “En términos de precios relativos, detectamos un atraso significativo en las tarifas de servicios públicos que exige crecientes subsidios al Tesoro nacional. En términos del producto, esperamos que alcancen 3% en 2021, ubicándose más cerca del máximo de fines del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner (3,9% en 2014), que del mínimo de la administración de Mauricio Macri (1,6% en 2019)”, afirmó en su último informe.
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