
La pandemia y el largo confinamiento tuvieron efectos devastadores en la sociedad argentina. No sólo cayeron en la pobreza más de tres millones de personas, dejando al 42% de las personas en esa situación. También se le complicó, y mucho, la situación para millones de personas que integran la clase media. La caída de ingresos y la elevada inflación provocan que ese segmento de la sociedad en buena medida se haya transformado en una suerte de “clase media empobrecida” o más coloquialmente “venida a menos”.
Visto de otro modo, el fuerte aumento de las familias que caen en la pobreza también implica que se achica el universo de aquellas que participan de la clase media, que por décadas distinguió a la Argentina del resto de América latina.
El índice que el miércoles divulgó el INDEC se ocupa de todos las familias y las personas que no alcanzan a cubrir la Canasta Básica Total. Según distinguió el propio organismo, un grupo familiar debía superar ingresos por $ 51.000 mensuales a fin de año para evitar la situación definida como “pobreza”. Pero, ¿qué hay arriba de eso? Las respuestas no son para nada alentadoras.
Adentro de ese grupo que hoy consigue eludir la pobreza hay millones de familias y personas que pelean por mantenerse dentro de la denominada clase media. Pero cada vez resulta más difícil para la mayoría de estas personas mantener el “status”. Pagar una cuota de colegio privado, mantener el auto o seguir alquilando en el mismo lugar sin necesidad de mudarse a otro barrio o a otro espacio más chico pasó a ser algo reservado para privilegiados. Ni hablar del “sueño” de tomarse unas vacaciones en Brasil o Miami. Más allá de las restricciones de los viajes, hoy se transformó en un lujo sólo reservado para la clase alta, es decir aquellos que son parte de la “punta” de la pirámide social. Posiblemente a muchos se los consideren “ricos” aún cuando estén lejos de esa condición.

El INDEC no estudia lo que sucede con aquellos que están por arriba de ese umbral que define quiénes superan la condición de pobres. Pero sí lo hace la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de José Donati. Según un estudio divulgado por este organismo, existen familias en situación “vulnerable” y aquellas que integran el “sector medio frágil”, pero que zafan de lo que las estadísticas definen como “pobres”. En ambos casos se trata de aquellos que superan los ingresos exigidos por la canasta básica, pero el grupo familiar gana hasta 25% más. Es decir que tendrían ingresos familiares de hasta $ 64.000 por mes. La “clase media baja”, por lo tanto, se las debe arreglar con ingresos apenas superiores a los 450 dólares por mes, tomando el tipo de cambio libre como referencia ($ 140 por dólar).
La clase media porteña, es decir aquellos que superan este nuevo umbral, está representada por el 46% del total de habitantes de la ciudad, pero en 2015 representaba el 52%. La diferencia de seis puntos porcentuales se “cayó” al sector considerado “frágil”, es decir que quedó más cerca de los límites de la pobreza.
La considerada “clase media tradicional” es una categoría muy amplia en la ciudad de Buenos Aires y para estar dentro de este grupo hay que ganar entre 25% y 4 veces la canasta básica. Se trata de una amplia franja cuyos ingresos van desde los $64.000 a poco más de $ 200.000. Posiblemente esta caracterización también pueda aplicarse a todos los grandes centros urbanos de la Argentina, sobre todo de las provincias más ricas como Córdoba, Mendoza o Santa Fe por mencionar algunas.
Esto significa que con un ingreso equivalente a los 500 dólares mensuales ya debería alcanzar para estar dentro de este grupo supuestamente privilegiado. Claro que el espectro para ser considerado clase media es amplio. Hoy, ganar más de USD 1.000 mensuales, o $140.000 pesos, significa estar dentro del 10% que más gana en la Argentina. La elevada y persistente inflación, la caída del salario real y la fuerte suba del tipo de cambio en los últimos años provocaron un durísimo efecto de empobrecimiento también en la clase media. Una clase media más venida a menos que nunca.
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