
La pandemia y su cuarentena dejará muchos coletazos en la economía y en las empresas que las conforman. Los cambios de hábito, las nuevas formas de consumir, la menor movilidad hacia el trabajo, y los restaurantes y hoteles durante mucho tiempo cerrados, afectaron de lleno en el negocio de los lavaderos y las tintorerías barriales e industriales.
El golpe no distinguió entre los abocados a la atención de los vecinos, como a los institucionales, como hotelería y gastronómicos, tanto emprendimientos familiares, pymes de barrio y grandes establecimientos. De ahí que el sector está reclamando ayuda estatal para poder sobrevivir a la crisis que le significa el incremento de los costos -contratos de alquiler, insumos para los lavados, facturas de servicios- y la casi nula actividad.
El segmento de los lavaderos industriales está pasando por una crisis que podría significar la pérdida de 20.000 puestos de trabajo. Así lo hicieron saber los empresarios de Lavanderías Gastronómicas y Afines que destacan que están casi sin trabajo desde hace 8 meses porque la mantelería y el servicio de “blanco” casi no existió desde el inicio de la cuarentena, a fines de marzo.
Desde un hotel de Buenos Aires explicaron a Infobae que “un establecimiento grande, de alrededor de 200 habitaciones con un ocupación del 75% tiene un costo mensual que va de $800.000 y $900.000 pesos de lavandería”.

Ese número que representa un costo para el hotel es el ingreso para los lavaderos que, en el caso de quienes no cuentan con hospitales y clínicas entre sus clientes, estuvieron paralizados buena parte del año.
Pero el principal problema que destaca el sector es que no es tratado como crítico dentro de una cadena productiva que es considerada crítica. Así lo explica Fernando Argiró Mammato, presidente de la Cámara Nacional de Lavanderías de Hoteleria y Gastronomía dijo que el sector “está en crisis. Hace ocho meses que no tenemos ingresos”.
“En el sector había 52 empresas que contrataban a 750 personas que son las lavanderías que trabajan con todos los hoteles del país. Hoy, ocho meses más tarde, hay 15 empresas que bajaron sus persianas y que no volverán a abrir. Lo que va a terminar sucediendo es que cuando el turmos vuelva no va a haber nadie que lave las sábanas o las toallas”, resalta Mammato.
El empresario, que es CEO de Tecnolav, que trabaja para 132 de los hoteles más exclusivos de Buenos Aires y localidades del conurbano, recuerda a Infobae: ”En marzo, en un día normal, lavábamos y planchábamos 20.000 kilos por día. Hoy estamos lavando 6.000 kg por semana. En los últimos 8 meses lavamos lo mismo que en seis días en la previa a la pandemia”.
En medio de esta situación, el titular de la entidad sectorial contó que las empresas “se están descapitalizando. Estamos vendiendo autos, máquinas, las estamos mal vendiendo para poder sobrevivir”.

Los empresarios, que recibían los ATP hasta mediados de octubre, se reunieron hace 10 días con Claudio Sehtman, Jefe de Gabinete de Desarrollo Productivo de la Nación, en busca de que sean tratados como críticos al igual que los hoteles y los restaurantes. “La reunión fue positiva, pero pasaron varios días y no tenemos noticias y las que tenemos no son buenas”.
Algo similar sucedió con las tintorerías y las lavanderías de barrio que cuando pudieron levantar las persianas se encontraron que en la pandemia sus clientes compraron lavarropas y que en la virtualidad de las reuniones y el home office, ya nadie usa trajes ni taier, y por tanto dejaron de llevar sus prendas.
“Les pasó a los industriales y a los más chicos. Nosotros, por ejemplo, como estábamos sin trabajo empezamos a hacer lavandería y tintorería a domicilio. Nos llaman y lavamos acolchados, lo que sea, pero los lavaderos de barrio, los más chicos, no tienen ni siquiera esta posibilidad”, dijo Argiró Mammato.
A la crisis que provocó el cierre y los cambios de hábitos de los clientes habituales los lavaderos también sumaron que la venta de lavarropas se ubicó entre los electrodomésticos más vendidos en pandemia. Según datos del Instituto de Estadísticas y Censos (Indec), durante los ocho meses que lleva la pandemia, se despacharon 117.646 unidades.
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