
La estrategia de negociación sin fisuras que ahora protagonizan Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa frente a BlackRock y sus aliados empezó mostrar sus resultados en Wall Street y Londres. El poderoso fondo de inversión presentó a Martín Guzmán una nueva oferta informal que fue rechazada in limine por el jefe de Estado y sus principales socios políticos.
“Ni un centavo más, es la orden que tengo”, reveló el ministro de Economía a Jennifer O´Neill, principal negociadora de BlackRock, cuando insistió en aumentar los millones de dólares ya asignados a la reestructuración de la deuda externa.
O´Neill no quedó satisfecha con la respuesta de Guzmán e inició una ronda de contactos para entrar por un backchannel a Olivos. A las pocas horas de exprimir su Iphone, la directora ejecutiva de BlackRock asumió que la estrategia de la Argentina había cambiado para siempre.
Sus contactos en las cercanías de Alberto Fernández, CFK y Massa se negaron a abrir las puertas de la quinta presidencial, y reiteraron a coro que “no había margen político, financiero y económico” para cambiar la oferta presentada en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC).
La oferta informal de O´Neill a Guzmán se apoyaba en dos conceptos básicos:
1. Llevar el Valor Presente Neto (NPV) de 53.4 dólares promedio -incluido en la iniciativa oficial- a 55/57 dólares por cada lámina de cien dólares.
2. Modificar ciertos aspectos jurídicos de las cláusulas de re-asignación de los bonos previstas en el indenture 2016, que por ahora están vigentes en la oferta registrada en la SEC.
La reticencia del Gobierno a “mover el arco de nuevo” en beneficio de los bonistas, implicó también un cambio de estrategia de ciertos fondos que no quieren litigar por default en los tribunales de Manhattan.
Esos fondos empiezan a considerar con mayor atención la iniciativa oficial, ante los mensajes que reciben del Bank Of America y el HSBC -los dos bancos que colocan los bonos- asegurando que Alberto Fernández y Guzmán no tienen intenciones de agregar un dólar más a la oferta registrada en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.

Con el frente interno cerrado, Alberto Fernández puso foco en su relación con Trump, una pieza clave en todo el proceso de reestructuración de la deuda externa. Sin el apoyo de la Casa Blanca, será complejo cerrar un deal que evite un juicio por default y menos aún lograr un acuerdo -Stand-By o no- con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El jefe de Estado hace su tarea y mueve sus influencias regionales para lograr que Trump facilite la negociación con BlackRock y su aliados de Wall Street. Alberto Fernández le pidió una mano a Andres Manuel López Obrador (AMLO) durante su gira oficial oficial por Washington, adonde compartió una cena de honor con Trump.
El Presidente de México cumplió con su palabras, y ahora Alberto Fernández aguarda que Trump haga un gesto silencioso en beneficio de la Argentina. Debería ocurrir por estos días, cuando Guzmán intenta reestructurar con éxito una deuda externa por 66.000 millones de dólares.
A la par de la gestión reservada de Trump, en el Salón Oeste de la Casa Blanca -adonde trabajan sus principales asesores-, se espera que Olivos ejecute ciertos movimientos diplomáticos en consonancia con la agenda geopolítica de Washington. Trump no quiere alternativas institucionales en Venezuela que contengan a Nicolás Maduro, y rechaza una cercanía táctica con China, que aspira a coronar su influencia económica, tecnológica y financiera en América Latina.
Desde esta perspectiva, Alberto Fernández y Trump tienen diferencias ideológicas que pueden enfriar su relación personal y política. El Presidente argentino asume la existencia de esta distancia bilateral, y ayer ejecutó un movimiento diplomático que fue elogiado en la Casa Blanca: su apoyo al informe de la ONU denunciando la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela.
Cancillería aseguró que el respaldo al informe de la ONU, realizado por Michelle Bachelet, no significó un giro abrupto en la relación con Nicolás Maduro y Trump, pero a continuación reconoció que ese aval diplomático debería servir en DC para demostrar que no hay un alineamiento ideológico automático con el régimen populista que inició Hugo Chávez.
“Es un gesto. No alcanza”, explicó anoche a Infobae un asesor de Trump que habla perfecto español.
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