
El Banco Central ajustó el alcance de las restricciones cambiarias el pasado 28 de mayo, con un efecto de mayor contracción de la demanda, básicamente de empresas importadoras.
La autoridad monetaria consiguió desde el viernes 29 de mayo adquirir en el mercado mayorista más de USD 900 millones en once ruedas cambiarias, lo que posibilitó una mejora del stock de reservas internacionales.
Sin embargo, la entidad que preside Miguel Pesce debió imprimir pesos para comprar las divisas liquidadas en el mercado de cambios, lo que significó la inyección de unos $63.000 millones a una plaza financiera con exceso de liquidez.
El Banco Central se convirtió en el principal aportante de fondos al fisco, que en el contexto de incremento del gasto social para combatir el COVID-19 profundizó su déficit. En el bimestre abril-mayo, ya en plena cuarentena, más de la mitad de los recursos públicos se originaron en emisión monetaria, fueron al Tesoro unos $740.000 millones en concepto de Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades, un 3% del PBI. “Este exceso de liquidez y la incertidumbre propia de la economía argentina, aumentada por el Coronavirus y la negociación de la deuda pública, impulsaron la demanda de dólares paralelos, elevando la brecha cambiaria de 40% a 80% entre mediados de marzo y mayo”, subrayó un análisis de Ecolatina.
“La emisión monetaria pasó a ser el principal sostén de las finanzas públicas nacionales. Si bien la Argentina tiene una larga tradición de cubrir déficit fiscales con emisión, este nivel de expansión monetaria para ese destino es inédito”, refirió un informe de IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino).

“La situación fiscal ya era muy precaria antes del aislamiento. Pero con el confinamiento, se produjo una parálisis productiva que hizo caer la recaudación impositiva y, a la vez, expandir el gasto público para compensar las pérdidas económicas del estancamiento”, describió IDESA.
A estos pesos emitidos para cubrir el déficit se le suman en las últimas dos semanas los destinados a comprar dólares y apuntalar las reservas.
En forma indirecta, estos pesos presionan sobre las paridades alternativas del dólar, ajenas al “cepo” oficial. Para los bursátiles “contado con liqui” y MEP esta inyección de pesos se traslada a un alza de las valuaciones en pesos de los activos financieros, que eleva el precio del dólar implícito.
Para el dólar blue las consecuencias son similares, pues desde la instauración del “cepo hard” -como lo llaman los cambistas-, la evolución del tipo de cambio marginal estuvo correlacionada con el aumento del dinero en circulación (billetes y monedas y cuentas a la vista), el principal ítem de la Base Monetaria.
Desde el 28 de octubre -cuando se impuso un límite de USD 200 mensuales para la compra de individuos- el precio del dólar blue acumula un alza del 63%, mientras que la circulación monetaria informada por el BCRA creció poco más de 62% en los últimos siete meses y medio.
El 25 de octubre del año pasado, el dólar blue se negociaba a $75,50. Al promediar la semana era ofrecido a $123, mientras que la circulación monetaria alcanzaba a $923.534 millones y se amplió a $1.500.403 millones el 9 de junio último.
“El Banco Central parece evitar a toda costa una devaluación del dólar oficial, aplicando todas las medidas posibles en todos los tipo de cambio que tenga al alcance, para evitar un aumento de las brechas entre el dólar oficial y el MEP y contado con liquidación. Mientras más controlada esté esa brecha, el Gobierno gana tiempo para no tener que devaluar", comentaron desde Portfolio Personal Inversiones.
"Da la sensación que todas estas medidas son de última instancia para llegar a un momento determinado sin una fuerte devaluación que se traslade en los precios. ¿Si ese momento determinado es un acuerdo con los acreedores? Es posible, que el Gobierno espere a ese acuerdo para que traiga alivio al tipo de cambio, y mientras tanto, mantenerlo en estos niveles y ganar tiempo, cueste lo que cueste”, añadió Portfolio Personal.
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