
La situación del sector turismo es alarmante a nivel global, ocasionando pérdidas y necesidad de rescates de grandes compañías aéreas hoy prácticamente paralizadas. Los anuncios recientes de reapertura del turismo en algunos países europeos, si bien son una buena noticia, aun distan de ser un paliativo suficiente a las enormes pérdidas sectoriales. Allí se comienzan a ensayar protocolos turísticos de distancia social y con especificaciones sobre sombrillas, reposeras y horarios de acceso a playas, entre otros.
A nivel local, se descartan novedades en el corto plazo, más teniendo presente que hoy existen hasta dificultades de traslado en territorio nacional de bienes esenciales. Sin embargo, se plantean dudas sobre su recuperación también en el mediano plazo. Existen cuatro dimensiones que deben abordarse al momento de analizar este sector. Queda aún por verse el impacto que la crisis sectorial tendrá sobre la primera dimensión a considerar: la capacidad productiva del sector. Las caídas y pérdidas para esta rama de la actividad han sido monumentales y van a ocasionar, sin duda, cierres de empresas de bienes y servicios asociados a este esparcimiento.

Según el Indec, en marzo las pernoctaciones en establecimientos hoteleros cayeron 51% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que el total de viajeros hospedados tuvo una baja de 54% interanual. En ese mes, la tasa de ocupación hotelera del país resultó inferior al 35 por ciento. Si bien con diferencias a nivel regional, el fuerte deterioro de esta actividad estuvo difundido en todo el territorio nacional. Las llegadas de turistas no residentes a la Argentina se desplomaron casi un 60% respecto del año previo.
De acuerdo con un reciente informe de CAME, la pandemia dejará un alto costo para el sector. Las estimaciones de las pérdidas para el turismo por fines de semana largos y vacaciones de invierno arrojan resultados alarmantes. Entre turistas y excursionistas, las economías regionales perdieron ingresos por poco más de $10.000 millones el fin de semana largo del 24 de marzo, $14.000 millones en Semana Santa y se estima que se perderán otros $46.000 millones por vacaciones de invierno. En total, lo que dejará de movilizar el turismo solo en esas tres fechas, supera los $70.000 millones. A eso hay que sumar el turismo de cada fin de semana, intrasemana, y los turistas que arriban de otros países del mundo.

La segunda dimensión está relacionada con la demanda. Los temores al contagio, que podrían menoscabar el deseo de los consumidores de trasladarse a destinos turísticos con fines recreativos, reforzarían la fuerte retracción del turismo de residentes dada la inexorable pérdida del poder adquisitivo. De acuerdo a CAME, “a diferencia de otros sectores, lo que se perdió no se recupera. Y por la dura situación económica que se espera para los meses siguientes a que se normalice la crisis sanitaria y la economía, es difícil pensar en un segundo semestre o una temporada de verano fuerte”.
Entonces, ¿cuál será la predisposición de las personas mientras no haya vacuna para el COVID-19 frente a la oferta de servicios de recreación como bares, restaurantes, teatro, cines o turismo? ¿Aún con predisposición, los hogares tendrán margen económico para acceder a estos servicios?
Según una encuesta realizada entre el 17 y el 21 de abril por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, los principales temores de las personas se refieren a la posible reducción de los ingresos familiares y que se produzca una merma en las oportunidades de empleo. Se destaca el temor a no poder continuar con el trabajo (profesión, oficio o comercio) que realizaban hasta antes de la crisis.

En cuanto a lo que podría denominarse “estrés de recursos”; es decir, cuánto tiempo puede sostenerse la economía personal/familiar hasta llegar al agotamiento, los resultados recogidos por dicha encuesta son preocupantes.
Dos de cada tres trabajadores independientes manifiestan que tienen recursos económicos sólo para un mes. Por su parte, el 47% de los trabajadores en relación de dependencia señalan que sus recursos alcanzarán para uno o dos meses. A su vez, el análisis del “estrés de recursos” en función del estrato social, refleja la gran brecha entre las clases sociales de Argentina. Dos de cada tres personas de los segmentos más vulnerables de la población (estratos muy bajos y bajos), señalan que sus recursos económicos se agotarán en sólo un mes. En contraste, 56% de las personas de clase alta y muy alta, señalan que podrán sostenerse 4 meses o más.

En dicha encuesta también se relevó cuál serían las principales estrategias a seguir en un contexto de disminución de los ingresos personales/familiares. De cada 10 encuestados, 7,4 seleccionaron la reducción de gastos como primer paso, y en relación a los rubros sobre los que se aplicarían los recortes, precisamente, el ocio, las salidas y el esparcimiento, se ubican en los primeros lugares.

La tercera está relacionada con la organización social y cultural que requieren las nuevas prácticas de consumo y que expongo a modo de pregunta ¿Estamos los argentinos socialmente preparados para adoptar y respetar los hábitos de comportamientos nuevos que exige la presencia de un virus tan contagioso para el cual aún no se dispone de vacuna o tratamiento efectivo? La respuesta es “sí”, y los turistas que en la previa saben las condiciones a la cuales se enfrentarán para tomar sus vacaciones bajo un nueva organización podrán respetarla. Solo un porcentaje ínfimo de la población no respeta las reglas de distanciamiento social, tapabocas y cuidados de higiene. En los lugares turísticos no solo deberá ser necesario promoverlo sino exigirlo para la realización de cualquier actividad turística. Desde un paseo hasta la gastronomía.
La cuarta dimensión es la más importante para el sector y es que hay luz al final del túnel. Países que han estado muy complicados con las curvas de contagio, como España e Italia, comenzaron hace 15 días con protocolos para permitir actividades turísticas.
En nuestro país, en las provincias donde no han existido contagios, se permite el turismo local. Será muy importante avanzar en las próximas semanas con protocolos que sienten las bases para permitir una vacaciones de invierno con turismo regional con protocolos. No es imposible y será una medida muy importante para la sostenibilidad del sector en un contexto donde las vacaciones de invierno tal como las conocemos con porteños y bonaerenses viajando al interior, o viceversa, no existirán. Hay que organizarse ya.
El autor es analista económico
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