
Antes de la cuarentena la confianza de los consumidores había caído 0,7%, y en marzo, mes del primer aislamiento sobre el cierre del período, se agudizó el mal humor en 3,5%, siempre respecto al mes previo, pero el sondeo se había hecho 10 días antes.
De ahí que esta medición de abril de Poliarquía para el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella que tuvo lugar entre el 30 de marzo y 13 de abril, recibió el efecto pleno de las tres primeras semanas completas con restricciones para la movilidad de las personas, y de la actividad productiva y comercial, con excepción de las decretadas esenciales, como servicios de sanidad y hospitalarios, provisión de servicios públicos y de alimentos, principalmente, y acentuó la caída a 4,7 por ciento.

Claramente, el factor determinante de la pérdida de confianza de los consumidores fue la veda para la generación diaria de ingresos a la mayor parte de los casi 7 millones de trabajadores que se desenvuelven en la informalidad, más otros 2 millones de autónomos y monotributistas puros, es decir que no cuentan con otra actividad en relación de dependencia o perciben mayores recursos monetarios a través de jubilaciones y pensiones.
También se agregan a ese listado la mayor parte de quienes se desempeñan en la formalidad pero con una porción relevante de su remuneración variable, según la intensidad del trabajo y la característica de la actividad, como son los casos de los 400 empleados en la construcción; 1,1 millones en el comercio y talleres de reparaciones de automotores, motos y bicicletas; 280 mil en hoteles y restaurantes; 840 mil la actividad inmobiliaria, remiserías y empresas de alquiler de servicios; entre otros.
De ahí que en la distribución por nivel de ingresos el informe de la UTDT dio cuenta de sendas caídas del 3,7% para el sector de los encuestados con mayores ingresos y más aún, 5,1%, para los encuestados con menores recursos monetarios, siempre respecto al mes anterior.
Incluso entre muchos de los 1,1 millones de trabajadores asalariados en la rama industrial también se debilitó su confianza por la situación personal y la proyección del escenario macroeconómico, porque la parálisis plena en varias plantas fabriles, o al menos el 80%, como la rama automotriz, metalúrgica y metalmecánica, principalmente, los empresarios lograron acordar con los sindicatos el recorte en un 30% de la remuneración habitual para el personal que no concurre a los establecimientos o no están en condiciones de hacer su tarea en forma remota, teletrabajo.
Para peor, al fenómeno del aislamiento forzoso que debilitó la generación de ingresos se sumó en marzo el efecto negativo sobre la confianza de los consumidores la aceleración de la tasa de inflación a 3,3%, aunque trepando al rango de dos dígitos porcentuales en el caso de muchos productos frescos; como de servicios privados.
Y si bien la confianza del consumidor acumuló 3 meses de caída, fenómeno que no se observaba desde noviembre de 2018, y de repetirse otra baja en la medición de mayo, habrá que retroceder hasta junio de ese año, cuando el gobierno de Cambiemos debió acudir al auxilio financiero del Fondo Monetario internacional, se mantuvo en el senda positiva en comparación con un año antes, 14,1%, por 12 meses consecutivos, pese a que no hay duda a que tanto el contexto económico como social ahora es notablemente peor que aquellos momentos.

Destaca el informe del CIF de la UTDT: "entre los componentes del ICC, el subíndice de Situación Personal sube 5,9% y el de Situación Macroeconómica 1,8%, siempre respecto al mes anterior. El componente de Bienes Durables e Inmuebles cae 55,1%, casi alcanzando su mínimo histórico de enero de 2002.
Cabe esperar que en la próxima medición de la confianza de los consumidores se sume como factor negativo a la parálisis de la posibilidad física de comprar bienes durables, como automotores, motos e inmuebles se agregue el efecto del notable deterioro de la situación de ingresos de las familias, más allá de los paliativos decretados por el Gobierno nacional, y también de la situación macroeconómica.
En la distribución territorial, la confianza del consumidor cae 6,3% en Capital Federal, 6% en el Gran Buenos Aires y 1,6% en el Interior del País, siempre respecto al mes anterior, acorde con el impacto más negativo de la propagación de la pandemia de la COVID-19 en los grandes aglomerados urbanos.

De ahí que incluso en la comparación con abril de 2019 si bien en todos los casos el ICC se mantuvo en la senda positiva, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se aproximó a cero, y todo parece indicar que en la próxima medición ingresará en la senda negativa.

El informe del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella da cuenta de que “a nivel nacional, el nivel de confianza vinculado a la evaluación de las Condiciones Presentes cae 20,7% y el factor que mide las Expectativas Futuras sube 1,8%, siempre respecto a marzo”, probablemente influido por las estimaciones internacionales que anticipan una recuperación en "V" de la actividad económica global a partir del segundo semestre, y en particular el año siguiente.

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