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El aislamiento social preventivo y obligatorio decretado por el Gobierno Nacional volcó a las familias y empresas hacia el uso de dinero en efectivo en dimensiones sin precedentes para esta parte del año. La necesidad de contar con billetes para hacer frente a gastos de primera necesidad tuvo su principal manifestación en las aglomeraciones de jubilados, pensionados y beneficiarios de otras asignaciones de la Anses el viernes pasado, el error no forzado que afectó los esfuerzos por mantener a raya el ritmo de expansión del coronavirus COVID-19. Pero llega más allá, en la medida en que las personas acumulan billetes de una manera similar a la que se vio con productos alimenticios o de limpieza en los primeros días de la enfermedad, poniendo presión al sistema y hasta a la casa de la moneda para mantener el abastecimiento de billetes.

El efectivo en poder del público, el que está en manos de personas y empresas fuera de los bancos, llegó el 6 de abril pasado a $1,119 billón, un récord nominal histórico que si bien se explica en buena medida por inflación implica una disparada de la cantidad de billetes físicos en las calles que no se condice con esta parte del año.

Las comparaciones son difíciles por el efecto de la inflación sobre los valores nominales, pero de todas formas son elocuentes.

En sólo 10 días hábiles, desde la imposición de la cuarentena obligatoria, salieron a la calle $88.598 millones de pesos en billetes. El cambio en la preferencia por efectivo es dramático: en los 10 días hábiles previos, la cantidad de dinero en poder del público había caído en $2.189 millones. Y en todo el año hasta el día previo al decreto de distanciamiento social, $22.613 millones habían sido demandados por personas y empresas.

Más números que permiten dar una dimensión de lo que pasó en los cajeros automáticos de todo el país. Al 6 de abril de este año, último dato disponible, la cantidad nominal de efectivo en poder del público había crecido 11,02% en comparación con el primer día del año. Lo normal a esta altura del año es que el monto nominal de dinero físico en la calle sea menor a la de inicio de año, luego del pico de demanda de dinero de cada mes de diciembre.

Por ejemplo, en la misma cantidad de días hábiles de 2019, el efectivo en poder del público era 4,17% menor a la del primer día hábil del año. En 2018, 4,92% menor y, en 2017, 3,03% menor. La pandemia cambió las urgencias este año. El pico en uso de dinero en efectivo es similar al que se ve cada año en junio y diciembre, momento del pago de aguinaldos.

La gente está atesorando dinero físico por las dudas”, dijo Juan Manuel Pazos de TPCG.

Un informe de esa firma argumenta que hay un conflicto entre dos tecnologías de dinero que coexisten en la Argentina, la del dinero electrónico (en blanco y regulada) y la del dinero en efectivo, con un peso desproporcionado de esta última dada la enorme porción de la economía que se maneja en negro. Esta última, muy golpeada por la cuarentena obligatoria.

La gente acumula dinero por las dudas. Es porque el dinero en efectivo no circula porque la gente está en sus casas. El Central responde emitiendo para compensar, y está bien, pero va a tener que aspirar ese dinero cuando la actividad sea más normal (Pazos)

“El diagnóstico del Banco Central es que puede emitir plata porque está en una trampa de liquidez, pero nosotros creemos que se trata de otro problema con la oferta de dinero físico. El dinero físico dejó de circular de la noche a la mañana porque esa parte de la economía está parada. El Central respondió emitiendo a toda velocidad para compensar eso, pero lo que emite es dinero electrónico en demasía para tratar de impulsar el otro mundo, el del efectivo. Puede ser lo correcto hoy, ¿pero qué va a pasar cuando volvamos a trabajar más normalmente? El Central va a tener que subir la tasa y aspirar dinero, algo que no creo que el Gabinete Económico permita en medio de un intento de recuperación posterior a la cuarentena. La situación monetaria es muy tensa. Algo de eso puede estar explicando la suba del contado con liquidación”, comentó Pazos a Infobae.

Desde antes de que el virus COVID-19 pasara al centro de las prioridades, 2020 era ya un año poco habitual a nivel monetario. El cepo impuesto en septiembre y reforzado luego de las presidenciales de octubre hizo que el Gobierno pudiera permitir una tasa de emisión monetaria -más allá de billetes físicos o moneda con existencia puramente electrónica- mucho mayor a la de los años previos, sin miedo a una disparada del dólar en el mercado formal (otra es la historia con los dólares paralelos).

Ese margen, dado por la demanda forzada de dinero que implica la suspensión de la capacidad de convertir pesos en moneda extranjera, fue aprovechado también para cubrir necesidades de financiamiento del Tesoro que no podían ser cubiertas con ingreso genuino o colocación de deuda en el mercado. Eso mantenía la disponibilidad de efectivo en manos del público por encima de lo habitual, pero la aceleración de las últimas semanas es de otra naturaleza. Pero la pandemia llevó los números a un nuevo nivel.

Bancos sedientos de billetes

En los últimos días, los operadores de mesas bancarias señalaban la anomalía. En el Mercado Abierto Electrónico (MAE), en el que entre otras cosas se operan las Leliq y se sostiene el mercado cambiario mayorista, existe una rueda dedicada al canje de billetes por pesos electrónicos (en la jerga, pesos MEP). En ese sistema, se llama “rueda NUMA”, los bancos con excedentes de billetes físicos los canjean a las entidades con necesidades de dinero físico. Son, típicamente, los bancos “pagadores” que tienen muchas cuentas de jubilaciones y otras asignaciones que se transforman en retiros de billetes por ventanillas y cajeros automáticos cada mes.

El lunes pasado se operaron $23.000 millones en pesos físicos en la rueda NUMA, según dichos de operadores bancarios, en la medida en que se pagaban jubilaciones, AUH y otras asignaciones de Anses. Además de que se empezaba a cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (que inyecta unos $36.000.000 millones en total, pero todavía no se terminó de abonar) y los bancos trataban de acompañar las necesidades de billetes en cajeros y ventanillas.

El MAE no hace públicos los datos de la rueda NUMA, funcionarios de ese mercado prefirieron no responder al pedido de este medio, pero en el sistema hablan de un esfuerzo por alcanzar las necesidades de dinero en papel poco antes visto.

Esto se ve en los números de efectivo en entidades financieras, que también tocaron un pico en la medida en que los bancos necesitan acumular billetes para atender la demanda.

“La recarga de cajeros automáticos está en máximos. Hasta la Casa de la Moneda va a estar exigida si esto se extiende”, dijeron en una entidad.

Refuerzan cajeros

En ese contexto, una de las principales preocupaciones del Banco Central es la de mantener abastecidos los cajeros automáticos, en particular en este fin de semana largo que combina a la cuarentena con los feriados de Semana Santa.

La entidad conducida por Miguel Pesce dijo haber instrumentado “las medidas pertinentes para reforzar la distribución de billetes entre las entidades financieras que garanticen la recarga de los cajeros automáticos con efectivo suficiente y atender la demanda durante el fin de semana largo de Semana Santa”.

El Central también dispuso la suspensión de todos los cargos y comisiones por operar con cajeros y, además, forzó a los bancos a elevar el tope diario de extracción desde terminales automáticas a al menos $15.000 diarios, en un intento por evitar que el apetito por dinero en efectivo genere aglomeraciones como las que se vieron el viernes pasado cuando los bancos volvieron a abrir para el pago de jubilaciones.

En EE.UU. también

La carrera por hacerse de billetes no es sólo Argentina. Según el portal norteamericano Quartz, citando datos de la Reserva Federal, los retiros de dinero en efectivo y el traspaso a cuentas a la vista durante esta pandemia son los más importantes y abruptos desde principios de siglo. La última vez que los estadounidenses se stockearon de billetes y dinero a la vista en sus cuentas con tanta asiduidad fue poco antes del final de 1999.

En Estados Unidos también se disparó la preferencia por el dinero en efectivo
En Estados Unidos también se disparó la preferencia por el dinero en efectivo

En es e momento, el miedo al Y2K -se temía que el cambio de los dos primeros dígitos en las fechas de las computadoras en el pasaje de 1999 al 2000 alterara los sistemas, financieros incluidos- hizo que los estadounidenses prefirieran no correr riesgos y tuvieran el dinero lo más a mano posible.

Ahora, en el medio de la crisis sanitaria por el COVID-19, la preferencia por dinero físico está fogoneada también por la huida de pequeños inversores desde activos de riesgo, dado el colapso de los mercados de todo el mundo.


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