
En medio del parate por la pandemia del coronavirus, cómo reaccionará la inflación es una de las principales incógnitas sobre las que el mercado tiene diferentes miradas, aunque un mismo pronóstico: se da prácticamente por descontado que el avance de los precios en términos anuales estará muy por encima del promedio de 40% que se proyectaba hasta hace tres semanas e, incluso, superará la de 2019. En el propio Banco Central hacen esa estimación, según admitió su presidente, Miguel Pesce. En otras palabras, vuelve la curva, siempre al alza, en forma de “serrucho” -períodos de desaceleración como enero y febrero seguidos de otros con nuevas subas-, que caracterizó los últimos años.
Cuándo se producirá el salto, en qué magnitud y con qué dispersión entre rubros es ahora motivo de amplio debate. Esto porque la parálisis en la actividad económica impuesta por la cuarentena también llegó para distorsionar el nivel de precios relativos. Al aumento registrado en el precio de los alimentos, por caso, se opone el impacto en aquellos precios afectados por la caída del valor del petróleo o por la falta de demanda.
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Si bien tras la caída del índice de inflación en enero y febrero, en marzo se evidenciaba una tendencia nuevamente alcista antes de la irrupción de la crisis del coronavirus, el resurgimiento de la demanda de pesos provocada por el aislamiento tendería neutralizar una disparada de los precios en el corto plazo. Esto incluye al precio del dólar, cuya brecha entre el oficial y las cotizaciones paralelas se mantiene por debajo de 7%. Sin embargo, las chances de que este cuadro de situación se mantenga hacia junio son escasas. “Se podría dividir el impacto inflacionario en dos etapas: en el corto plazo, la altísima demanda de pesos, con una cadena de pagos semi-quebrada, difícilmente pueda generar inflación y menos irse al dólar. Es al revés, muchos cambian dólares para hacer pagos en pesos”, dijo Alejandro Bianchi, de InvertirOnline.
En una segunda etapa, sin embargo, el panorama cambia radicalmente, con una curva de inflación volátil y claramente en suba. “La bomba de emisión del Central para financiar al Tesoro, algo que va a tener que seguir haciendo en la medida que se profundice la caída de la recaudación, va a terminar impactando en la dinámica de los precios y también en todas las cotizaciones del dólar y la brecha cambiaria”, aportó Amílcar Collante, director de Cesur.
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Por lo pronto, en marzo, el índice se situaría en torno a 3%. Será una medición muy particular por parte del INDEC, donde ya advierten que habrá numerosas notas aclaratorias en los datos ya que, entre otras cosas, al menos durante 4 días hábiles del mes pasado entre el 20 y 31 no se pudo medir con la metodología habitual.
Para los meses siguientes, en tanto, no hay condiciones para un shock inflacionario, según la economista Marina Dal Pogetto. Esto porque existen tres elementos que ralentizan la suba de precios en el corto plazo:
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- El aumento de la demanda de pesos, un fenómeno coyuntural que implica, en lo inmediato, que aquellos que perciben pesos los retienen, sin ni siquiera buscar refugio en el dólar. “Todos los pesos están guardados”, dijo Dal Pogetto, “pero en algún momento van a salir y ahí habrá que ver cómo impacta en la brecha cambiaria”. La mayor demanda de pesos, se sabe, será abastecida por un shock de emisión –de unos $ 600.000 millones por el momento- que llegará a la calle rápidamente durante las próximas semanas.

- Desapareció la presión tarifaria, tal vez el elemento más estable. La abrupta caída del precio del petróleo hace que sea necesario ahora subsidiar la producción en vez de las tarifas de energía.
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- Desapareció también, en el contexto de la emergencia, la puja distributiva. Nadie discute hoy acuerdos de mejoras salariales. Por el contrario, lo que se discute es cómo pagar salarios –en muchos sectores se negocian reducciones. “Los sectores que no trabajan están viendo cómo pagar salarios y los que sí trabajan están viendo cómo no contagiarse”, sintentizó Dal Poggeto.
Finalmente, el mismo escenario de profunda recesión y las regulaciones en el mercado cambiario amortiguarían las presiones en los próximos meses. “Esto puede darse durante un tiempo pero el Banco Central, en algún punto, no va a poder seguir haciendo lo mismo”, advirtió Collante. Es que, de cara a la segunda mitad del año, los escenarios se modifican rotundamente de acuerdo a los resultados de la renegociación de la deuda.
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