
El diario económico londinense Financial Times dedicó una de sus editoriales de hoy a la situación de la Argentina y no ahorró conceptos duros para con la administración de Alberto Fernández. El períodico tomó posición frente a la renegociación de la deuda soberana, en el que si bien criticó al FMI y al legado de Mauricio Macri, llamó al actual presidente a mostrar un “plan creíble y amplio” si quiere conseguir el apoyo de los acreedores para una quita a sus vencimientos de deuda. También criticó los controles de precios, los aumentos de impuestos y la emisión monetaria porque no impulsan el crecimiento.
“La mayoría de las naciones deudoras que se enfrentan a la reestructuración presentan un plan económico detallado y se comprometen a establecer objetivos claros para conseguir el apoyo del FMI y de los acreedores para las inevitables quitas a las tenencias de los acreedores que se producirán a continuación”, dice el texto firmado por el consejo editorial del Financial Times. “La Argentina ha decidido no decir casi nada sobre su estrategia económica”, agrega.
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La editorial que lleva por título “Argentina necesita un plan de crecimiento basado en la inversión” recuerda los ocho defaults previos de la Argentina, los antecedentes de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y la caída en default técnico de 2014, además de expresar preocupación por el pedido de la ex mandataria para que el Fondo acepte un recorte a la deuda del país con el organismo. Pero, si bien reconoce que el FMI tiene que revisar su actuación y que la herencia que recibió Alberto Fernández es “tóxica”, la columna se enfoca en pedirle al nuevo Gobierno un plan económico claro que acompañe su objetivo de reducir la carga de deuda.

“(Argentina) ni siquiera tratará de reducir su déficit fiscal este año, sino que intentará alcanzar un superávit primario del 1% para 2026, tres años después de que termine el mandato del señor Fernández”, señaló el periódico financiero.
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A continuación, la traducción de la editorial completa publicada hoy en el Financial Times:
Es difícil abordar el tema de la reestructuración de la deuda de Argentina sin una sensación de mal augurio. La historia no es amable: Buenos Aires ha incumplido ocho veces desde la independencia. El legado que el presidente peronista Alberto Fernández recibió de su predecesor Mauricio Macri es tóxico: una profunda recesión, una de las tasas de inflación más altas del mundo y una deuda nacional que se acerca al 90% del PIB.
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El señor Fernández ha adoptado un enfoque novedoso. La mayoría de las naciones deudoras que se enfrentan a la reestructuración presentan un plan económico detallado y se comprometen a establecer objetivos claros para conseguir el apoyo del FMI y de los acreedores para las inevitables quitas a las tenencias de los acreedores que se producirán a continuación. La Argentina ha decidido no decir casi nada sobre su estrategia económica y en su lugar adelantar a los acreedores que esperen una oferta “amistosa” de reestructuración de la deuda a mediados del mes próximo con un par de semanas para aceptarla, o que se enfrenten a consecuencias menos amistosas.
El ministro de economía Martín Guzmán ofreció un objetivo durante un discurso en el congreso el jueves pasado, pero fue uno que difícilmente haya estado calculado para calentar los corazones de los tenedores de bonos. Argentina, dijo, ni siquiera tratará de reducir su déficit fiscal este año, sino que intentará alcanzar un superávit primario del 1% para 2026, tres años después de que termine el mandato del señor Fernández.
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Aquí hay un elemento de audacia política. Al gobierno le interesa parecer duro en esta etapa, de ahí el enfático propósito del señor Guzmán en el Congreso de no permitir que los fondos extranjeros dicten la agenda de la política macroeconómica.
Más preocupante es la exigencia de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, formulada durante su visita a Cuba el pasado fin de semana, de que el FMI acepte un fuerte recorte en sus préstamos de USD 44.000 millones a Argentina. Buenos Aires no devolverá “ni siquiera medio centavo” de ese préstamo hasta que haya salido de la recesión, añadió.
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La señora Fernández tiene antecedentes en materia de deuda: mientras era presidenta, llevó al país a un incumplimiento técnico en 2014. Aunque ahora es vicepresidenta, no es una mera figura ornamental. Sus aliados controlan el bloque de gobierno en el congreso y dominan el formidable movimiento peronista. El señor Fernández, supuestamente más pragmático, no perdió tiempo en apoyar la retórica anti-FMI de su ministro.
El fondo tiene preguntas difíciles para responder. Acordó prestar la cifra récord de USD 57.000 millones a Argentina para apoyar un programa económico que fracasó después de poco más de un año. La mayor parte del dinero ya había sido desembolsado cuando el señor Macri dejó el cargo, dando al FMI un poder de negociación mínimo para tratar con el gobierno de Fernández.
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No es de extrañar que los mercados hayan reaccionado mal al reciente endurecimiento de la postura de Argentina. El mercado secundario indica que los acreedores podrían esperar perder al menos la mitad de su dinero; un incumplimiento es posible si las conversaciones se derrumban.
El gobierno de Fernández aún podría retroceder, como lo hizo recientemente la provincia de Buenos Aires cuando los acreedores rechazaron su oferta de reestructuración de un bono en dólares.
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Pero casi más alarmante es la ausencia de una estrategia clara para devolver la prosperidad a la que debería ser una de las economías más vibrantes del mundo de los mercados emergentes, bendecida con abundantes recursos naturales. Los controles de precios y de cambio, los mayores impuestos a la exportación, la abundante impresión de dinero y el aumento de las dádivas sociales no suman a la prosperidad.
El gobierno de Fernández no puede permitirse el lujo de dejar la política económica para más adelante. La Argentina necesita urgentemente un plan creíble y amplio de crecimiento impulsado por las inversiones para revitalizar los sectores más competitivos de la economía, como la agroindustria. Sin él, el país corre el riesgo de volver a caer en los viejos hábitos del aislacionismo y la morosidad.
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El texto en el portal de Financial Times, en idioma original.
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