La participación del papa Francisco en un seminario en el que estará la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y funcionarios del Gobierno, será segunda oportunidad en la que el Sumo Pontífice se involucrará en la problemática cuestión de la deuda argentina.
Ayer se supo que el 5 de febrero, la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales organizará el encuentro sobre “Nuevas Formas de Fraternidad Solidaria de Inclusión, Integración e Innovación”, con la presencia de destacados economistas, como el premio Nobel Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs. También están invitados Georgieva, el ministro Martín Guzmán y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz.
El Fondo Monetario confirmó la presencia de Georgieva, mientras que el Ministerio de Economía todavía no hizo lo propio respecto de Guzmán.
La Argentina debe reestructurar la deuda con los acreedores privados y con el FMI; tanto en el Gobierno como entre los bonistas, varios jugadores clave creen que ambas negociaciones deben desarrollarse en forma paralela.
En este contexto, el encuentro en el Vaticano podría ser un evento clave, dado que en 2014 el papa Francisco ya intentó interceder en favor de la Argentina cuando el gobierno de Cristina Kirchner se encaminaba hacia otro default.
El 27 de marzo, el Sumo Pontífice conversó con el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sobre la reforma migratoria en ese país y la lucha contra la trata de personas. Pero antes de que el primer mandatario se retirara de la Biblioteca Privada del Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa le regaló un ejemplar de su primera exhortación apostólica, La Alegría del Evangelio (Evangelii Gaudium), que incluía una fuerte crítica al sistema económico global.

Allí, según pudo saberse, el Papa también le pidió a Obama que intercediera para ver si podía detener el fallo que impulsaban los holdouts NML y Aurelius y 13 inversores minoristas argentinos. Con un fallo en contra de segunda instancia, en aquel momento solo restaba esperar si la Corte Suprema de EEUU intervenía en el tema, lo cual podía implicar pedirle una opinión al Departamento de Justicia.
En varias ocasiones, ese organismo se había expresado en favor de la postura argentina, al argumentar que un fallo en contra de un país que emitía deuda en Nueva York podía perjudicar al mercado de deuda soberana en su conjunto al favorecer a una pequeña minoría de los holdouts.
El embajador ante el Vaticano de Cristina Kirchner, Eduardo Valdés, dijo sobre aquel pedido: “El Papa siempre se preocupó por la cuestión de la deuda, desde el default del 2001 en adelante. Sé que con Obama se habló de la deuda. Y, en este juicio en particular, él estaba al tanto de cuál era la composición de la Corte Suprema de Estados Unidos en términos religiosos. Además, el mismo día en que salió el fallo en contra de la Argentina dijo públicamente que era intolerable el control de los mercados financieros sobre los pueblos”.
Obama se ocupó del tema, al preguntarle al Departamento del Tesoro, conducido por Jack Lew, en qué estado se encontraba la causa judicial.
A su vez, la diplomacia Vaticana le sugirió al gobierno argentino que enfrentara el lobby desplegado por los fondos buitres ante los legisladores norteamericanos con una visita de una misión multipartidaria de diputados y senadores argentinos.
La delegación, que partió a Washington en junio, la encabezó el presidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez, de excelente contacto con el Vaticano, quien fue acompañado por Juliana Di Tulio, Roberto Feletti, Eric Calcagno, Carlos Heller, Federico Sturzenegger y Martín Lousteau, entre otros.

La recepción, según el relato de varios integrantes de la comitiva, fue fría, dado que tanto los funcionarios del gobierno norteamericano como los legisladores demócratas y republicanos les plantearon un fuerte enojo por un tema muy sensible para la política exterior de EEUU: el acuerdo entre la Argentina e Irán iba en contra del esclarecimiento del atentado a la AMIA.
Días más tarde, la suerte quedó sellada, cuando el 16 de junio de 2014 la Corte Suprema de Estados Unidos desechó el pedido de apelación de la Argentina, sin consultar siquiera al procurador general del gobierno de Obama. El gobierno de Cristina Kirchner, con Axel Kicillof como ministro de Economía, volvía a dejar en situación de default al país.
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