El precio del dólar rivaliza con la inflación. (Adrián Escandar)
El precio del dólar rivaliza con la inflación. (Adrián Escandar)

Las puertas de la agricultura extensiva se están abriendo. Recién está empezando la cosecha gruesa, con la entrada a los primeros lotes de las trilladoras a los maíces de primera.

En una economía agrodependiente, como la nuestra, la noticia no es poca cosa. Los demás sectores, como máquinas a medio andar, no podrán incentivar el crecimiento. Por ello, bien puede afirmarse que la evolución del PBI está sujeta a la cosecha.

Pese a la baja institucionalidad vigente, aunque claramente mejor que la del período anterior de gobierno, la agricultura puede empujar aún más la economía. Sería un pecado grave si la política fiscal decidiera asestarle un nuevo golpe; por el contrario urge alentar impositivamente la actividad. Que no caiga en saco roto la opinión del premio Nobel en Economía Douglass C. North quien expresa que las instituciones conforman la estructura de incentivos por lo que constituyen los determinantes básicos del desempeño económico.

La economía argentina es agrodependiente: puede afirmarse que la evolución del PBI está sujeta a la cosecha

La cosecha de los granos gruesos durará alrededor de tres meses. O quizás cuatro. Quienes predicen que será muy buena, están relativamente en lo cierto. Pero la última palabra la tendrá el clima. De ahora en más se necesita que las precipitaciones tengan un volumen moderado y que las condiciones climáticas no malogren los cultivos.

La aclaración no es superflua. Entre el 21 y el 25 de febrero llegaron más que oportunas lluvias para cortar la ola de calor. Pero con ellas, pareciera haber comenzado una nueva etapa de lluvias de gran magnitud. La angustia en el sector es grande, pues entre el 4 y el 8 de marzo las precipitaciones, en la mayor parte de la zona núcleo, llegaron a 140 milímetros. Se trata de un volumen de agua que alarma. Las precipitaciones abundantes, en este período de cosecha, no solo deterioran los cultivos, sino también, los suelos, donde la humedad no facilita el ingreso de las pesadas cosechadoras.

Ahora bien: si el clima es propicio, lo que tendremos es una excelente cosecha gruesa. De no decaer los precios internacionales, el ingreso por exportaciones agrícolas se aproximará a 28 mil millones de dólares. Obviamente, este cuadro actuará como sedante para los vaivenes en el valor de nuestra moneda.

El caso que sorprende es el del maíz, con un volumen más que destacable. Hablamos de un nivel de 48 millones de toneladas, que representan cerca de 5 mil millones de dólares.

La soja también será activa participante. El monto a ingresar por exportaciones del complejo se acercará a 19 mil millones de dólares, con una producción próxima a 54 millones de toneladas. A estos dos colosos, hay que agregar la entrada de divisas por el remanente de trigo y por los demás granos y subproductos.

El cuadro presente es alentador. Pero la incertidumbre se muestra en aumento. Así las cosas, curiosamente, la paridad de nuestra moneda, de ahora en más, estará determinada por el devenir climático.

(*) Manuel Alvarado Ledesma es Profesor de la Maestría de Agronegocios de la UCEMA