
El asesinato del ex Puma Federico Martín Aramburu volvió este miércoles al centro del debate ante el Tribunal de lo Penal de París, donde el fiscal Philippe Courroye sostuvo que su muerte fue el desenlace de una persecución planificada y motivada por la humillación que sufrió Loïk Le Priol, principal acusado en el crimen, durante una discusión que inició en el bar Mabillon. Además, apuntó a que fue una “cacería humana” lo sucedido con el ex jugador argentino surgido en el CASI.
Aramburu tenía 42 años cuando recibió varios disparos de bala el 19 de marzo de 2022 en Biarritz. Esa mañana, su esposa, María, permanecía en el País Vasco junto a sus tres hijos cuando conoció la noticia de la muerte violenta de su marido. En una de las últimas jornadas del juicio, fue el turno de los alegatos y allí el fiscal Courroye, de 67 años, abrió su exposición final con la promesa de defender la ley “con imparcialidad y honestidad intelectual”. En la reconstrucción que realizó el diario francés L’Equipe, el magistrado comenzó por describir a los acusados como jóvenes con recursos intelectuales y económicos, pero marcados por una inmadurez que, afirmó, no puede ignorarse.
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Le Priol había aprobado las pruebas de ingreso a fuerzas especiales de élite y podía haber desarrollado una carrera militar. Sobre Romain Bouvier, el otro que también apuntó con su arma contra el cuerpo del ex jugador de rugby, el fiscal señaló que había sido finalista en un concurso de oratoria y que pudo haber ejercido como abogado penalista: “Podría haber estado en mi lugar”.
El alegato ubicó al Grupo de Unión y Defensa, conocido como GUD, como el vínculo entre Le Priol y Bouvier. La organización, disuelta en 2024, fue caracterizada como un espacio atravesado por un discurso identitario, la violencia y la fascinación por las armas. “No es una unión de paz y amor ni un grupo de exploración inofensivo”, afirmó Courroye. Aunque aclaró que no pretendía convertir el juicio en un debate político, sostuvo que el grupo constituía “la base de su personalidad” y de la relación de los acusados con la violencia.
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El fiscal también reconstruyó dos relaciones que, a su entender, integraban una “máquina mortal”: la de Bouvier y Le Priol, a quienes describió como inseparables y representantes de “la fuerza y el espíritu”, y la de Le Priol con Lyson R, ex pareja del principal acusado y quien manejó la camioneta en la que uno de los autores materiales del hecho llegó al lugar. Ese entramado, dijo, condujo “a la muerte absurda de un hombre, en el sentido camusiano del término, muerto en vano”.
La premeditación concentró una parte central de la acusación. Para el fiscal, el “plan formado antes de la acción” surge de los testimonios del camarero, el portero y otras personas que vieron un arma, un brazalete policial y escucharon a Le Priol repetir: “Voy a matarlo, voy a matarlo”. Un testigo que se encontraba detrás de los dos jugadores de rugby relató que Le Priol insultó a Hegarty: “Cállate la boca, te voy a fumar, voy a follarme a tu madre”. Le Priol negó con la cabeza desde el banquillo mientras el fiscal evocaba ese testimonio.
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La TV en Francia difundió detalles del enfrentamiento antes del juicio
Courroye rechazó los planteos de las defensas que buscaron desacreditar a los testigos por una supuesta influencia de la prensa. “¿Estos testigos simplemente repetían lo que habían leído aquí y allá? Eso es un insulto a la integridad de los testigos”, afirmó.
Para la fiscalía, la salida de Bouvier y Le Priol del establecimiento no fue una retirada, sino el inicio de una cacería dirigida contra Aramburu. “Es como la caza del zorro: los perros no persiguen a cualquier animal, cazan a la presa. Cazaron a Aramburu, quien humilló al gran Loïk Le Priol”, sostuvo Courroye.
La acusación cuestionó la versión de Bouvier, quien afirmó que solo quería asustar a la víctima y que disparó al suelo. Courroye objetó además que el acusado justificara lo ocurrido por una leve miopía que, según su explicación, le impedía ver con claridad sus actos.
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El fiscal, en el relato que realizó L’Equipe, remarcó que Bouvier efectuó cuatro disparos en cuatro segundos con un arma letal. Un experto estableció que Aramburu recibió dos impactos: uno en el muslo, a 71 centímetros del suelo, y otro en el pecho, a 1,21 metros de los talones. “¿Era esa la única opción que tenías? Hacer la pregunta es responderla. Podrías haber huido”, le reprochó Courroye. El fiscal consideró que esas trayectorias descartan la hipótesis de disparos dirigidos al suelo.
También cuestionó las acciones posteriores atribuidas a Bouvier: el desarme y descarte del arma, la eliminación de ropa y la desaparición de un teléfono. “Me pregunto por qué desarmó el arma, tiró el arma y la ropa e hizo desaparecer el teléfono”, planteó el fiscal, quien sostuvo que el acusado disparó con intención de matar.
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En el caso de Le Priol, Courroye ubicó el móvil en lo que llamó una “herida narcisista”: la humillación sufrida delante de su pareja y de su amigo. Afirmó que el acusado persiguió a Aramburu armado y disparó contra un hombre que ya estaba herido.

Le Priol efectuó cuatro disparos que alcanzaron a la víctima, tres de ellos por la espalda, según expuso la fiscalía. El alegato sostuvo que los policías que declararon durante el juicio, con experiencia en escenas del crimen, interpretaron que vaciar un cargador expresa una intención homicida.
La acusación recordó finalmente el testimonio de un guardia penitenciario que escuchó a Le Priol en su celda jactarse de tener los planos de la cárcel. El funcionario registró una frase atribuida al acusado: “Lo que más me gustó fueron las últimas cuatro balas que le metí en el pecho”.
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Son horas decisivas en el juicio que busca esclarecer el crimen del ex Puma Aramburu. Este viernes, será el tiempo de conocer el veredicto final y la definición de si los principales acusados recibirán cadena perpetua por sus actos.
El diario L’Equipe adelantó que el fiscal solicitó una pena de 27 años de prisión para Loïk Le Priol acusado de asesinato y de 20 años para Romain Bouvier por intento de asesinato. Al mismo tiempo, exigió que ambos sean puestos bajo tratamiento médico y social. Para los otros acusados pidió tres años de prisión (doce meses en suspenso) para Lyson R. –pareja de Le Priol– bajo la acusación de robo, ocultación y destrucción de pruebas. Para Antony S, amigo de Bouvier, planteó una pena similar (24 meses en suspenso).
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