Venus y Serena Williams vuelven a jugar juntas: las razones detrás de un regreso que atrae la atención del tenis mundial

Las hermanas disputarán dobles en Wimbledon. Hace cuatro años no comparten una cancha

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Las hermanas Williams jugarán el dobles en Wimbledon (Foto EFE)
Las hermanas Williams jugarán el dobles en Wimbledon (Foto EFE)

No necesitan demasiada presentación, basta sólo con llamarlas por su nombre para saber de quiénes se trata, son Venus y Serena, decir que son las Williams, no hace falta, no es necesario.

Ellas vuelven a jugar juntas. La noticia, por sí sola, alcanza para despertar la atención del mundo del tenis. No importa que una tenga 46 años recién cumplidos y la otra 44. Tampoco que hayan pasado casi cuatro años desde la última vez que compartieron una cancha de tenis en un partido oficial. Cuando el apellido Williams aparece uno junto a otro, en un cuadro de dobles femenino, el deporte vuelve la mirada, ya sabe de qué se trata. Y Wimbledon también.

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All England, el mismo lugar en donde construyeron buena parte de su leyenda, el torneo que las vio imponerse en seis ocasiones les abrió la puerta con una invitación y volverá a reunirlas.

Y ya han pasado casi cuatro años desde la última vez en que jugaron de manera oficial como pareja. Fue aquella noche del 1 de septiembre de 2022, cuando en su debut en el US Open se despidieron ante las checas Lucie Hradecka y Linda Noskova, por 7-6 y 6-4. En ese momento, todo parecía indicar que era un adiós silencioso. Serena estaba transitando los últimos días de su carrera profesional y nadie imaginaba un nuevo capítulo.

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Sin embargo, detrás de esta vuelta hay algo más que una simple invitación y un capricho. Así como dos amigas de un club o vecinas de un barrio un día deciden juntarse para volver a sentir las sensaciones de competir en un torneo de tenis, salvando las distancias, las Williams, a su altura y categoría lo hacen en Wimbledon.

Pero, ¿qué puede haber detrás de este regreso? ¿Por qué dos mujeres millonarias, dos campeonas que no necesitan demostrar nada siguen encontrando motivos para volver a una cancha juntas?

Probablemente, la respuesta esté en su historia, común, por cierto, y ligadas al tenis. Tal vez tenga que ver con que la cancha fue siempre ese lugar en donde atravesaron juntas todo lo que precedió a su imagen pública de hoy: la presión, entrenamientos bajo la lluvia, pobreza, violencia, victorias, derrotas, enfermedades, pérdidas, dolor y más presión.

Las hermanas Williams volverán a jugar juntas
Las hermanas Williams volverán a jugar juntas

Resulta fácil observar a Venus y Serena desde el lugar que ocupan hoy, dos mujeres multimillonarias, empresarias, casadas. Dos campeonas que transformaron para siempre el deporte femenino y dos figuras capaces de trascender al tenis. Pero la historia detrás de esa imagen es bastante más compleja.

Cuando ellas ingresen nuevamente al Court Central del All England, el público verá entrar caminando a dos leyendas, a las que muy pocos vincularán con esas dos chicas que crecieron en medio de las pandillas de Compton, en los suburbios de Los Ángeles, California. Y probablemente allí esté la explicación de todo.

Mucho antes de los contratos millonarios, de las tapas de revistas y de los Grand Slams, existió una familia intentando abrirse paso en uno de los barrios más difíciles de California. Richard Williams y Oracene Price criaron allí a sus cinco hijas: Yetunde, Isha, Lyndrea y a las más chicas: Venus y Serena.

Allí, la realidad fue bastante menos piadosa que el romanticismo cinematográfico de quienes pudieron ver King Richard en la pantalla. Compton era un territorio donde la violencia convivía con la rutina y las pandillas formaban parte del paisaje.

Las dificultades económicas que atravesaba la familia los había llevado desde Saginaw, Michigan, hasta allí. Sin embargo, papá Richard, un profesor de tenis, soñaba con lograr que algunas de sus cinco hijas fueran grandes campeonas, para conseguir sacarlos de esa miserable vida.

Cuando eran niñas, pasaban horas entrenando en las canchas públicas que lucían bastante deterioradas. Muchas veces, en medio de situaciones burlonas, amenazas o bajo la lluvia. Allí, Venus y Serena fueron las que se destacaron y crecieron aprendiendo a convivir con la presión de su padre, mucho antes de que existieran los rankings y las rivales. Quizá, por eso, terminaron desarrollando una capacidad extraordinaria para soportarla.

Yetunde Price, la hermana de las tenistas que fue asesinada
Yetunde Price, la hermana de las tenistas que fue asesinada

Con el paso de los años llegaron los títulos, los millones y la fama. Sin embargo, algunas huellas del pasado nunca desaparecieron. El 14 de septiembre de 2003, cuando ambas ya eran figuras mundiales, su hermana mayor, Yetunde Price, fue asesinada en Compton de un disparo en la cabeza. Robert Maxfield, miembro de la pandilla local South Side Compton Crips custodiaba una casa de venta de drogas y abrió fuego contra el vehículo en el que se encontraban Yetunde y su novio, creyendo que estaban siendo atacados por una pandilla rival. Yetunde tenía apenas 31 años.

La noticia recorrió el mundo, pero detrás de los titulares quedó una realidad más íntima: dos hermanas descubriendo que ni el éxito ni el dinero podían protegerlas del dolor. En memoria de su hermana, las tenistas abrieron en 2016 el Yetunde Price Resource Center en Compton, un centro comunitario dedicado a brindar apoyo a familias y víctimas afectadas por la violencia.

En adelante, cada vez que alguna de ellas habló de Yetunde, lo hizo desde un lugar profundamente personal. Como si la pérdida siguiera ocurriendo, porque hay cosas que no terminan nunca.

Quizás por eso resulta tan difícil separar la historia de Venus y Serena de la palabra familia y la cancha siempre fue un refugio para ellas. Un lugar en donde podían volver a encontrarse, incluso cuando la vida las llevaba por caminos distintos.

Serena Williams (REUTERS/Fabrizio Bensch)
Serena Williams (REUTERS/Fabrizio Bensch)

Lejos del tenis y cerca de la muerte

Sin la proximidad de las pandillas ni la presión enérgica de su padre Richard, las señales de alarma llevaron en dos ocasiones a Serena al borde de la muerte.

En una historia que muy pocos recuerdan, la menor de las hermanas se accidentó al salir de un restorán en Múnich, Alemania. El 7 de julio de 2010, la tenista pisó cristales rotos al retirarse del establecimiento, lo que le provocó un profundo corte en el pie derecho que afectó a los tendones y requirió cirugía. Este accidente la obligó a retirarse temporalmente de las pistas para recuperarse, sin embargo, sería el comienzo de un largo proceso con complicaciones de salud.

Lo que parecía un incidente menor terminó transformándose en una emergencia médica de enorme gravedad. El corte en su pie dejó coágulos que viajaron hasta su tórax y, en febrero de 2011, fue hospitalizada de urgencia a causa de una embolia pulmonar que derivó en una situación crítica que obligó a los médicos a intervenir de urgencia para extraer coágulos de ambos pulmones.

Serena sobrevivió, volvió a jugar y volvió a ganar. Pero habría una segunda parte.

En septiembre de 2017, después del nacimiento de su hija Olympia, sufrió una nueva embolia pulmonar, más severa aún. Y otra vez volvió a ganarle el tie break a la muerte, para volver a salir adelante.

Venus Williams
Venus Williams

Venus no estuvo ajena a estos acontecimientos, pero también debió ocuparse de los suyos, porque conoció de cerca esa sensación.

Un año después del asesinato de su hermana Yetunde, Venus comenzó a evidenciar serios problemas de salud que la dejaban sin fuerzas y lejos de las canchas. “Como paciente, recibí diagnósticos erróneos en numerosas ocasiones y mis síntomas empeoraron progresivamente, hasta el punto de no poder seguir jugando al tenis profesional”, contaría más tarde.

Fueron siete años de estudios, de consultas, de convivir con ello sin saber exactamente qué estaba ocurriendo, hasta que en 2011 la diagnosticaron con el síndrome de Sjögren, una enfermedad autoinmune crónica compleja, y a menudo invisible, que provoca fatiga extrema, dolores articulares y una serie de síntomas capaces de alterar completamente la vida cotidiana.

El diagnóstico le permitió ponerle nombre al problema, pero no a resolverlo.

En el camino, la vida le sumó otras complicaciones físicas, que la llevó a una compleja lucha contra los fibromas uterinos y episodios severos de anemia que afectaron seriamente su salud.

Sin embargo, siguió jugando, y aún hoy, a sus 46 años. Por eso, no se trata del simple regreso de dos ex número uno reuniéndose para disputar Wimbledon, tiene un algo diferente.

Los números son poderosos y las estadísticas le dan la dimensión deportiva exacta a la dupla. Venus y Serena ganaron 22 títulos de dobles en el circuito profesional, 14 de ellos fueron trofeos de Grand Slam, en 14 finales disputadas (6 en el All England).

Además, conquistaron tres medallas de oro olímpicas en Sydney 2000, Beijing 2008 y Londres 2012. Los números son extraordinarios.

Wimbledon no sólo está recuperando a dos campeonas, está devolviéndole al tenis una imagen que durante años pareció natural y que, con el paso del tiempo, terminó revelando su verdadero valor: Venus y Serena Williams caminando juntas hacia una cancha.

La resiliencia, la resistencia deportiva y una cancha de tenis, un factor común que une a las dos hermanas, más allá de un mismo apellido.

Como su padre cuando eran chicas, ahora será el All England el que les abra las puertas para salir a jugar.

Vuelven las Williams, las leyendas continúan.

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