El italiano Flavio Cobolli dio el gran golpe de la jornada en el ATP 500 de Múnich al derrotar en semifinales al alemán Alexander Zverev, máximo favorito al título, por 6-3 y 6-3 en una hora y nueve minutos de juego. Al cierre del encuentro, el jugador nacido en Florencia miró al cielo, rompió en llanto en su silla y se cubrió el rostro con una toalla. En un primer momento, la escena fue interpretada como una reacción a la clasificación, pero luego se supo que el motivo era otro: la muerte de un amigo cercano.
Para los tenistas, el circuito no se detiene, ni siquiera en los momentos más duros a nivel personal. No es la primera vez que un jugador decide salir a competir aun después de recibir una noticia devastadora, muchas veces a miles de kilómetros de distancia.
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Este sábado, Cobolli (ubicado en el puesto 16 del ranking mundial) salió a la cancha central para enfrentar a Zverev (3°), tricampeón en Múnich, con una carga emocional difícil de dimensionar. Horas antes había recibido la noticia del fallecimiento de Mattia Maselli, un joven de 13 años del Parioli Tennis Club, el lugar donde el italiano se formó como jugador.
A pesar del golpe, y para sorpresa de su entorno, Cobolli ofreció una actuación de alto nivel: jugó con determinación, sostuvo la intensidad en los momentos clave y logró una victoria que lo depositó en la final. Allí se medirá ante el estadounidense Ben Shelton (6°), quien venció al eslovaco Alex Molcan (166°) por 6-3 y 6-4.
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“Creo que puedo jugar contra cualquiera, especialmente en esta superficie, cuando estoy en buena forma. Me merecí la victoria de hoy”, aseguró el europeo tras su triunfo. Y agregó: “Espero jugar muchos más partidos contra él, porque eso significaría llegar a las finales de los torneos”.
“Creo que saldré de este torneo más fuerte que la semana pasada, con mucha convicción y un gran deseo de hacerlo bien”, expresó el italiano, en relación a su evolución a lo largo de la semana.
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De cara a la definición, Cobolli no ocultó su entusiasmo: “Será un gran partido, estoy muy motivado”.

Luego del partido, el italiano recurrió a sus redes sociales para dedicarle un sentido mensaje a su amigo: “Cada punto que juegue, cada pelota que toque, cada paso que dé, pensaré en ti. La escuela de tenis nunca será la misma sin ti, pero te juro que nunca serás olvidado”.
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Algo similar le ocurrió al argentino Tomás Etcheverry en la temporada 2022, cuando logró un triunfo en la primera ronda del ATP 250 de Tel Aviv al superar al ruso Aslan Karatsev, pese a atravesar una situación profundamente dolorosa: el reciente fallecimiento de su hermana.
A Magalí le habían diagnosticado cáncer de mama en 2021 y murió en 2022. Etcheverry reconoció que atravesó uno de los períodos más difíciles de su vida, pero encontró en el tenis una forma de sostén, un refugio desde donde intentar darle a su familia pequeños momentos de alivio en medio del dolor.
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“Fue el período más difícil. Solo quería estar con mi familia cuando esto sucediera. A veces, cuando juego, siento eso. Mi familia está feliz de verme jugar y estoy agradecido de poder darles algo por lo que sonreír. Eso es lo único que puedo hacer en este momento”, confesó en aquel entonces.
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