
Mariano Navone finalmente tuvo su recompensa. Después de dos finales perdidas en 2024 -Río de Janeiro y Budapest-, el argentino logró sacarse la espina y este domingo se consagró campeón en sobre las canchas de polvo de ladrillo del ATP de Bucarest, donde venció al español Daniel Mérida por 6-2, 4-6 y 7-5.
Fue una conquista trabajada, con carácter y, sobre todo, con aprendizaje. Porque el bonaerense llegó a esta definición con cicatrices recientes, pero también con herramientas nuevas. Y en una final cambiante, supo sostenerse cuando el partido se le hizo cuesta arriba.
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“Es todo con lo que soñaba cuando era un niño. Cuando sos chico mirás la ATP y decís: ‘Quiero ser Djokovic’. Yo no soy Djokovic, por supuesto, pero acabo de ganar mi primer título. Hice algo que él logró. Me siento muy feliz”, expresó con emoción tras la consagración. Y sintetizó lo vivido con una sola palabra: “Felicidad”.
El título en Bucarest tiene un valor especial para la Nave. No solo por ser el primero, sino también por el vínculo construido con el torneo a lo largo de los años. “Tengo muchos sentimientos. Vengo jugando acá desde Futures y Challengers, así que tengo una relación muy linda con Bucarest desde 2020”, explicó.
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El argentino también destacó la conexión con el público rumano: “La gente es muy parecida a la argentina, muy apasionada. Me gusta interactuar con la tribuna y siento que tengo una relación especial con este lugar”.
Más allá de lo emocional, el título también es consecuencia de un proceso. Navone había caído en sus dos finales anteriores en el circuito, experiencias que, según él mismo reconoce, fueron claves para este desenlace.
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“En la primera final estaba muy nervioso y también algo cansado. Báez jugó increíble y me superó. En la segunda lo hice un poco mejor, pero mi rival tuvo un gran plan de juego. En esta tercera me repetí todo el tiempo: ‘seguí presionando, seguí adelante’. Y creo que disfruté la final”, analizó.
Ese crecimiento mental fue determinante durante toda la semana. Especialmente en las semifinales, donde salvó dos puntos de partido ante Botic van de Zandschulp en un partido que pudo haber marcado otro desenlace.
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“Si fallaba una pelota, estaba afuera. He perdido muchos partidos así. Pero esta vez fue distinto. Me repetía: ‘una más, una más’. Esa mentalidad fue clave y creo que me hizo campeón acá”, remarcó.

Ya con el trofeo en sus manos, el argentino no se olvidó de quienes lo acompañaron en el camino. La dedicatoria tuvo un destinatario claro: su entorno más cercano. “A mi familia, sin dudas. Mis viejos, mis hermanas… Ellos siempre están, no hablan del tenista sino de la persona. Eso es lo más importante. También a todos los entrenadores que tuve, que me ayudaron a crecer y a mantenerme en el camino, incluso en momentos donde pensé en dejar el tenis”, contó.
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En medio de la emoción, también hubo lugar para la simpleza. Lejos de grandes celebraciones, el campeón dejó en claro cuál será su premio inmediato: “Quiero comer una hamburguesa con papas fritas y tomar una Coca. Estoy muy cansado”.
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