Las luces del escenario y los aplausos que están por hacerse presente en el Mr. Olympia 2025 en Las Vegas ocultan una realidad menos glamorosa y frecuentemente silenciada. Detrás de los físicos esculturales y los triunfos internacionales, el fisicoculturismo profesional implica riesgos extremos para la salud física y mental, así como una presión constante alimentada por el uso de suplementos y estrictos sacrificios personales. Esta advertencia la compartieron algunas de las figuras más destacadas de la disciplina de cara al inicio del torneo más importante.
A pocas semanas de su participación en el campeonato más destacado del calendario mundial, José Manuel Muñoz Quiles, conocido como Josema Beast, relató en su canal de YouTube los desafíos más severos a los que se enfrenta en la etapa previa a la competición. El atleta español de 23 años, que representa a su país en la categoría Classic Physique, puso el foco en el impacto negativo de una preparación extrema en la vida cotidiana de los culturistas de élite. “Me acuesto tarde, me levanto muy temprano. Mi última comida es a las 21:30, me voy a dormir a las 12 o a la 1 y me levanto a las 4. Eso se acumula en que no descansas y va pasando factura”, reconoció.
Las palabras de Beast resuenan con especial intensidad tras las recientes declaraciones de Chris Bumstead, seis veces campeón del Mr. Olympia en la misma división, quien detalló en el podcast Ultimate Human las consecuencias físicas y psicológicas de una carrera dedicada al culturismo profesional. Bumstead relató un episodio especialmente grave ocurrido en 2018, cuando una inflamación severa y un edema en las piernas lo dejaron hospitalizado y fuera de control. “Fue uno de los momentos más grandes de sentirme impotente, completamente fuera de control”, admitió. Los especialistas médicos le diagnosticaron una enfermedad autoinmune que complicó seriamente su función renal y marcó un drástico cambio de rumbo en su visión del deporte.
En ese contexto, las declaraciones de Josema Beast van más allá de lo estrictamente deportivo. El joven culturista señaló el precio mental que supone llevar el físico al límite durante meses. “Tengo que decir las cosas buenas y las cosas malas. Es cuando más ansiedad por la comida he tenido. Está bien pasar hambre, pero cuando llega el punto de que te levantas y tu cabeza está pensando solo en comida... Puede acabar muy mal, incluso en problemas. Hay muchos culturistas que acaban con problemas y con TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria), yo tengo la mente muy fuerte pero también soy persona”, relató.

El uso de esteroides anabólicos, la modificación obsesiva de la alimentación y la privación de descanso son elementos recurrentes en el circuito profesional, como coincide buena parte del gremio. “El culturismo no es un deporte saludable. Hay mucho que le exiges a tu cuerpo”, había afirmado en su momento Bumstead. El consenso sobre la existencia de una “cara B” del deporte se ha consolidado entre atletas y especialistas, mientras las muertes prematuras y las complicaciones médicas se suceden en la élite de la disciplina.
La presión mediática y social también integra el cuadro de tensiones psicológicas que expone el fisicoculturismo competitivo. Josema Beast describió: “Hay que ser claro en explicar lo duro que es esto. Aunque te guste, duele también. Hay que pasarlo. Quizás me verá un albañil y pensará ‘este no sabe ni lo que está diciendo’, pero ponte tú a entrenar, no te saltes la dieta, duerme dos horas... Muy poca gente puede aguantar esto”.

La exposición y las expectativas sobre la figura pública suman exigencias extra al proceso preparatorio. Pese a un debut destacado el año anterior —donde se ubicó sexto en su primera participación—, el joven español mantiene distancia con el entorno fuera y dentro de la competición: “Si me pongo a mirar todos los ojos que hay mirándome... yo tengo la cabeza fría y no me pongo nervioso. Cuando dicen mi nombre, pongo la mente más en blanco que nunca y trato de disfrutar y de enseñar mi trabajo de todo el año en el mejor campeonato del mundo”, explicó Beast.
Aunque los escenarios internacionales como el Mr. Olympia proyectan imágenes de éxito y superación,la industria también deja a la vista un saldo alarmante de riesgos invisibles. “Cuando acabe todo esto, será momento de disfrutar de buenas comidas, de salir con mis amigos y mi familia, de pasar más tiempo con mi pareja”, confesó Josema Beast, reflejando la necesidad de recuperar espacios personales tras ciclos de autoexigencia extrema.
La edición 2025 del Mr. Olympia servirá otra vez de escaparate mundial para los cuerpos más trabajados del planeta. El evento, que tendrá lugar en el Resorts World y el Centro de Convenciones de Las Vegas, comenzará el próximo 9 de octubre y finalizará el 12.

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