
Un nuevo estudio vincula la evolución humana en el sudeste asiático con los cambios en la alimentación de los mosquitos, que pasaron a preferir la sangre humana hace entre 2,9 y 1,6 millones de años.
La investigación, dirigida por Upasana Shyamsunder Singh y Catherine Walton y difundida por CNN, sugiere que esta transformación coincidió con la llegada de los primeros homínidos, como el Homo erectus, a Sondalandia, una región donde el registro fósil es escaso debido a sus condiciones ambientales.
El análisis genético de mosquitos del grupo Leucosphyrus revela indicios de la presencia y expansión de homínidos en áreas como Java, Sumatra y Borneo, complementando la falta de fósiles mediante métodos moleculares. Esta aproximación permite inferir rutas migratorias y fechas de ocupación en entornos donde otras pruebas materiales prácticamente no existen.
Cómo los mosquitos revelan la presencia temprana de los homínidos

El equipo internacional estudió la información genética de 38 ejemplares pertenecientes a 11 especies del grupo Leucosphyrus. Esta investigación se llevó a cabo con muestras recolectadas en el sudeste asiático entre 1992 y 2020. Mediante modelos informáticos y estimaciones de mutaciones, se calculó el momento en que algunos mosquitos desarrollaron preferencia por la sangre humana, un comportamiento inusual entre las más de 3.500 especies conocidas.
Los resultados, presentados por el medio citado, sitúan el surgimiento de mosquitos antropofílicos en Sondalandia dentro de los últimos dos millones de años, en un periodo marcado por fluctuaciones ambientales que también influyeron en la migración de homínidos.
El análisis permitió diferenciar especies que obtienen sangre de monos de aquellas que buscan específicamente humanos, proporcionando señales sobre la densidad y la llegada de los primeros ancestros humanos al ecosistema local.
La profesora Catherine Walton, de la Universidad de Manchester, destacó a CNN que estos cambios solo fueron posibles porque los homínidos debieron ser bastante numerosos respecto a otros primates en la región.

Nuevos métodos para explorar la evolución humana en Asia
La investigación recalca que el rastreo de la expansión del ser humano en regiones tropicales enfrenta grandes desafíos por la rápida descomposición de fósiles y la escasez de ADN antiguo.
Frente a esta limitación, los científicos emplean análisis de parásitos humanos, como mosquitos y piojos, que dejan pruebas genéticas útiles para reconstruir movimientos migratorios e insertar fechas clave en la cronología humana.
Según Upasana Shyamsunder Singh, de la Universidad de Vanderbilt, comprender cuándo surgió la preferencia alimentaria por humanos ayuda también a analizar la propagación de enfermedades como la malaria.
El uso de estos datos de parásitos aporta elementos innovadores en la reconstrucción de rutas migratorias, del mismo modo que ocurre con el estudio de la diversidad genética de los piojos, que refleja los desplazamientos en el continente americano.

El doctor David L. Reed, director interino del Museo de Historia Natural de Florida, afirmó al medio que la combinación adecuada de parásitos que siguen al ser humano y las herramientas modernas como la genómica “sin duda seguirán llenando los vacíos en nuestra comprensión de la evolución humana”.
La integración de la secuenciación de ADN y modelización informática facilita el abordaje de preguntas aún sin resolver sobre la expansión de Homo erectus, cuya presencia se estima entre 1,8 y 1,3 millones de años atrás.
Perspectivas científicas ante el desafío de rastrear el pasado humano
Especialistas ajenos al estudio destacan lo novedoso del enfoque. Laurent Husson, investigador del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Grenoble Alpes, explicó a CNN que analizar las delicadas relaciones entre clima, fauna y humanos abre grandes oportunidades para investigar la interacción entre especies.

Por su parte, el profesor Fernando A. Villanea, de la Universidad de Colorado y revisor del trabajo, calificó de brillante recurrir a especies de mosquitos asociadas exclusivamente a humanos para inferir la llegada de los homínidos a la región. Los expertos coinciden en que integrar estudios de fósiles, genomas y rastros de parásitos amplía la precisión para reconstruir el pasado, especialmente en lugares donde la evidencia es fragmentaria o falta por completo.
Los autores planean en el futuro profundizar en la evolución de otros genes en los mosquitos, por ejemplo, aquellos relacionados con el olfato, para determinar si sus cambios se originaron gradualmente o en saltos influenciados por la aparición de huéspedes humanos.
El estudio amplía el horizonte de la paleoantropología al proponer vías inéditas para rastrear las migraciones humanas prehistóricas. A medida que la investigación progrese y el registro fósil lo permita, podrán reinterpretarse los orígenes y las rutas de ocupación de los homínidos en el sudeste asiático a partir de estas nuevas herramientas científicas.
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