
La NBA atraviesa una transformación que desafía décadas de tradición: por primera vez, equipos de mercados pequeños como el Oklahoma City Thunder y los Indiana Pacers han alcanzado las Finales, desplazando a las históricas potencias de grandes ciudades. Este cambio, lejos de ser casual, responde a una estrategia deliberada de la liga y sus propietarios, quienes, según reportó The Atlantic, han implementado nuevas reglas económicas para fomentar la paridad entre equipos.
Aunque la audiencia televisiva de las Finales ha disminuido, la NBA parece estar cumpliendo el objetivo que se propuso hace apenas dos años: nivelar el terreno de juego y dar a más franquicias la oportunidad real de competir por el campeonato.
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El nuevo convenio colectivo y el “second apron”: la ingeniería de la paridad
El punto de inflexión llegó con la firma de un nuevo convenio colectivo entre los propietarios y los jugadores de la NBA, hace dos temporadas. Este acuerdo introdujo una serie de medidas diseñadas para limitar la acumulación de superestrellas en un solo equipo y dificultar la retención de plantillas campeonas durante varios años consecutivos.

El mecanismo central de este cambio es el llamado “second apron”, un límite de gasto que impone sanciones severas a los equipos que lo superan, además de los impuestos de lujo ya existentes.
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De acuerdo con The Atlantic, el “second apron” no solo penaliza económicamente a los equipos que exceden el umbral, sino que también restringe su capacidad para realizar traspasos de futuras selecciones de primera ronda en el draft.
Si un equipo permanece por encima de este límite durante dos de los siguientes cuatro años, su posición en el draft se traslada automáticamente al final de la primera ronda. Estas restricciones han obligado a las franquicias a replantear sus estrategias de construcción de plantillas.
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El caso de los Boston Celtics ilustra el impacto de estas nuevas reglas. Tras conquistar el campeonato la temporada pasada y con una plantilla repleta de estrellas, se enfrentan a un futuro incierto: su nómina, sumando salarios e impuestos de lujo, superará los 460 millones de dólares para la temporada 2025-26.
Según expertos citados por The Atlantic, mantener un equipo tan costoso resulta insostenible bajo el nuevo marco normativo, lo que anticipa cambios significativos en la plantilla de Boston durante la próxima pretemporada.
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De los “super-equipos” al equilibrio: un giro en la historia de la NBA

Durante la mayor parte de sus 79 años de historia, la NBA se caracterizó por el dominio de equipos de grandes mercados y la formación de “super-equipos” repletos de estrellas.
Los Angeles Lakers y Boston Celtics, por ejemplo, han ganado juntos 35 campeonatos. Golden State Warriors suma 7 títulos, cuatro de ellos en apenas siete años. Chicago Bulls, con Michael Jordan a la cabeza, dominaron la década de 1990 con 2 “three-peats”, mientras que San Antonio Spurs conquistaron 5 campeonatos.
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La era de los “super-equipos” alcanzó su apogeo a finales de la década de 2000. En 2008, Ray Allen y Kevin Garnett se unieron a Paul Pierce en Boston para lograr un título. Dos años después, LeBron James y Chris Bosh decidieron unirse a Dwyane Wade en Miami Heat, equipo que disputó cuatro Finales consecutivas y ganó dos campeonatos.
Según The Atlantic, la capacidad de las superestrellas para decidir su destino y agruparse en equipos poderosos generó un profundo malestar entre los propietarios, especialmente en las franquicias de mercados pequeños, que se sentían en desventaja permanente para atraer a los mejores jugadores.
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Este contexto explica, en parte, la motivación detrás de las recientes reformas. El nuevo convenio colectivo y el “second apron” buscan revertir esa tendencia, limitando el poder de las estrellas para agruparse en un solo equipo y devolviendo la competitividad a toda la liga.
Pacers y Thunder: plantillas construidas con traspasos y desarrollo, no con superestrellas
La presencia de los Indiana Pacers y el Oklahoma City Thunder en las Finales es el resultado directo de una estrategia distinta a la de los “super-equipos”. Ambas franquicias han apostado por construir plantillas profundas y versátiles, priorizando el desarrollo de talento joven y la obtención de activos mediante traspasos.
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Un ejemplo clave es el papel de Paul George, 9 veces All-Star y actualmente jugador de los Philadelphia 76ers. Tanto Pacers como Thunder transformaron sus plantillas a partir de traspasos que lo involucraron. En 2017, Indiana lo envió a Oklahoma City a cambio de Victor Oladipo y Domantas Sabonis. Posteriormente, los Pacers traspasaron a Sabonis a Sacramento Kings y recibieron a Tyrese Haliburton, quien se ha convertido en la principal figura del equipo.
Por su parte, el Thunder traspasó a George a Los Angeles Clippers, que intentaban formar su propio “super-equipo” junto a Kawhi Leonard. A cambio, Oklahoma City recibió a Shai Gilgeous-Alexander, actual MVP de la liga, y una valiosa colección de selecciones de draft, que han servido para reforzar la plantilla con jóvenes promesas.
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Según The Atlantic, ambas franquicias han demostrado que es posible alcanzar el éxito sin depender de la acumulación de superestrellas, sino apostando por la profundidad y la flexibilidad.
El propio Myles Turner, pívot de los Pacers, resumió este nuevo paradigma tras eliminar a los New York Knicks en los playoffs: “Creo que es un nuevo modelo para la liga... los años de los super-equipos y de apilar talento ya no son tan efectivos como antes”, declaró Turner, según recogió The Atlantic.
El auge del talento internacional: una liga más global y competitiva
Otro factor que ha impulsado la paridad en la NBA es la creciente presencia de jugadores internacionales. Si hace pocos años las estrellas nacidas fuera de Estados Unidos eran una rareza, hoy su protagonismo es evidente. En la noche inaugural de la presente temporada, la liga contó con 125 jugadores internacionales, igualando el récord histórico.
Además, los últimos siete premios al Jugador Más Valioso (MVP) han recaído en jugadores nacidos fuera de Estados Unidos. Shai Gilgeous-Alexander, por ejemplo, es canadiense. Esta diversificación del talento, sin que la liga haya ampliado el número de equipos, ha elevado el nivel de competencia y ha dificultado que una sola franquicia domine de forma sostenida.

The Atlantic subraya que la llegada masiva de talento internacional ha contribuido a que más equipos cuenten con jugadores de clase mundial, reforzando la tendencia hacia una mayor equidad en la liga.
Un nuevo equilibrio en la NBA
La NBA ha entrado en una era en la que la paridad entre equipos es una realidad tangible. Las nuevas reglas económicas, el auge del talento internacional y la apuesta por plantillas profundas han transformado el panorama de la liga.
Aunque la audiencia televisiva de las Finales pueda fluctuar, los propietarios han logrado su objetivo principal: una competición más justa y abierta, en la que cualquier franquicia, sin importar el tamaño de su mercado, puede soñar con el campeonato.
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