
Rubén Colo Wolkowyski, uno de los grandes nombres del básquetbol argentino, cerró oficialmente su carrera profesional a los 51 años. Lo hizo en España, jugando junto a su hijo Tomás con el equipo Salliver Fuengirola, en la cuarta categoría del básquetbol ibérico (Tercera FEB). Este último partido fue un emotivo adiós a una trayectoria que incluyó clubes y competiciones de élite, además de su inolvidable participación con la Generación Dorada que se coronó campeona olímpica en Atenas 2004.
El broche final llegó en un enfrentamiento contra el Jaén Paraíso Interior, con el Salliver ya asegurando su permanencia en la categoría. Aunque la derrota 76-66 quedó como una anécdota, el momento más especial del partido se vivió a falta de 43 segundos para el final del último cuarto. Sonó la chicharra y Wolkowyski fue sustituido, recibiendo una ovación de sus compañeros, rivales y el público mientras compartía un emotivo abrazo con su hijo.
En sus 24 minutos en cancha, el chaqueño aportó 6 puntos y 6 rebotes, dejando en su última temporada promedios de 6,8 puntos y 4,4 rebotes en 18 minutos por partido. Las fotos de la despedida las compartió el periodista español Julio Rodríguez.
“Haber vuelto a jugar fue una experiencia increíble, sobre todo por la posibilidad de compartir cancha con mi hijo. Es impagable”, expresó recientemente el Colo en diálogo con Infobae. “Además, me gusta estar entrenado y en forma; mientras pueda, lo disfruto”, agregó.

La carrera de Rubén Wolkowyski comenzó en 1992 en Unión Progresista (TNA) y lo llevó a equipos históricos del básquet argentino como Quilmes de Mar del Plata, Boca Juniors y Libertad de Sunchales. Su talento lo catapultó al escenario internacional, llegando a Europa y, más tarde, protagonizando un hecho histórico: fue uno de los primeros argentinos en la NBA.
Aquella noche del 31 de octubre de 2000 quedó grabada en la historia del deporte nacional. Junto con Juan Ignacio Pepe Sánchez, Wolkowyski debutó en la liga más importante del mundo. Primero salió a la cancha Pepe con Philadelphia 76ers frente a los New York Knicks en el Madison Square Garden, y, 29 minutos después, el Colo hizo lo propio con los Seattle SuperSonics frente a los Vancouver Grizzlies. “Haber ido en el año 2000 a la NBA era impensado para cualquier jugador argentino y más desde Argentina. Yo no tenía ese objetivo, mi sueño era llegar a Europa. Ver la NBA lo veía casi imposible, era otro mundo”, recordó en este medio.
El desafío de pasar de Argentina a la NBA superó sus expectativas: “Cuando llegué allá me di cuenta de que era otro mundo. Me sorprendió todo lo que vi, desde la organización hasta el juego, todo era diferente. Imaginate, un chaqueño en lo máximo del deporte mundial”, expresó.
Wolkowyski vistió las camisetas de Seattle y Boston en la NBA, mientras que en Europa pasó por clubes de renombre como CSKA Moscú, Olympiacos y Tau Cerámica. Dentro de su largo currículum también figura un breve retiro en 2015 jugando en Quilmes de Mar del Plata.
Wolkowyski fue parte de la inolvidable Generación Dorada, un grupo de jugadores argentinos que marcó un antes y un después en el básquetbol mundial. Su momento más glorioso fue en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde se consagraron campeones al derrotar a potencias como Estados Unidos y ganarle la final a Italia. Pese al retiro progresivo de sus integrantes, su influencia sigue siendo palpable tanto en Argentina como en el ámbito internacional.
Actualmente, Carlos Delfino es el único jugador de aquella generación que sigue en actividad. Sin embargo, su temporada en el Benedetto Cento de la Serie A2 de Italia está en pausa debido a una lesión que lo obligó a detener su participación. “Esta decisión fue tomada con gran conciencia, respeto y espíritu de equipo”, informó su club en un comunicado reciente.
El regreso de Wolkowyski al básquet profesional tuvo un motivador especial: cumplir el sueño de jugar junto a su hijo Tomás, un alero de 24 años y 1,99 metros. Cuando el entrenador del Salliver lo contactó tras la lesión de un pívot del equipo, su familia lo animó a aceptar la propuesta. “Fue algo natural. La idea de compartir este momento en la cancha con mi hijo fue irresistible”, detalló el gigante de 2,08 metros y 127 kilos.
Tras una destacada carrera en las canchas, Wolkowyski ahora concentra su experiencia en la formación de nuevos talentos. Es director del área de deportes en un colegio en Marbella, donde trabaja junto a otro histórico del básquet argentino, Claudio Farabello. “Ya tenemos casi todas las categorías para jugar de forma federada”, contó. Así, el “Colo” cierra el capítulo de su carrera como jugador, dejando un legado difícil de igualar y una vida dedicada al básquetbol.
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