
Por estas horas, Ben Shelton está pensando cómo ganarle a Jannik Sinner, el italiano N°1 del mundo, en una de las semifinales del Abierto De Australia.
El joven tenista estadounidense de 22 años, no es el típico jugador que se alinea con la imagen clásica del tenis: cortés, discreto y protocolario, destaca L’Equipe, en este perfil recorriendo su historia, durante el primer major de la temporada..
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Con una sonrisa incontenible y un carisma magnético, conquistó tanto a aficionados como a críticos, llevando un aire fresco a las pistas.
Sin embargo, su camino hacia el éxito no fue sencillo ni lineal. Shelton, quien alguna vez declaró que “nunca jugaría tenis... es aburrido”, demostró que, a pesar de sus comienzos difíciles, puede romper paradigmas y desafiar las normas del deporte, informa L’Equipe.
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Desde su infancia, el tenis fue una presencia constante en su vida. Con un padre, Bryan Shelton -que llegó a ser profesional y ahora es su entrenador-, y una familia profundamente involucrada en este deporte, podría parecer que su destino estaba sellado.
No obstante, Ben rechazó inicialmente el tenis, inclinándose hacia el béisbol y el fútbol americano, disciplinas que ofrecían más contacto físico y espíritu de equipo.
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“Nunca me verás con una raqueta de tenis”, decía con convicción durante su niñez.
Disciplina estricta y progresión tardía
El cambio llegó a los 11 años, cuando los Shelton se mudó a Gainesville, Florida. Motivado por celos hacia su hermana, que entrenaba con su padre, Ben pidió unirse a las sesiones matutinas.
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Lo que comenzó como una curiosidad infantil, pronto se convirtió en una disciplina rigurosa bajo las estrictas reglas de su padre: entrenamientos a las seis de la mañana y multas económicas si no se despertaba a tiempo.
Este régimen marcó el inicio de su transformación, aunque su progreso fue lento. Hasta los 15 años, era considerado un jugador torpe y poco destacado, lejos de los juveniles que brillaban en el circuito.
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El verdadero punto de inflexión en su carrera ocurrió en la Universidad de Florida, donde Bryan Shelton lo entrenó con mayor exigencia que al resto del equipo.
Este enfoque dio resultados notables. Ben lideró a los Gators hacia un título nacional en 2021 y al año siguiente se coronó campeón individual.
Su ética de trabajo, descrita por sus entrenadores como “demente”, y su extraordinario físico lo llevaron a construir un estilo de juego basado en la potencia y la agresividad.
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Su servicio, que supera regularmente los 230 km/h, alcanzó un récord de 246 km/h en Wimbledon 2023, convirtiéndose en una de sus armas más letales.
Carisma y espectáculo en las pistas

Shelton es un showman natural, capaz de conectar con el público como pocos en el circuito. Su sonrisa constante y sus celebraciones enérgicas, como el gesto de “colgar el teléfono” durante el US Open 2023, generaron tanto admiración como controversia.
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Este estilo desenfadado lo diferencia de otros jugadores y lo coloca como una figura polarizante en un deporte tradicionalmente reservado. “Me gusta causar un poco de alboroto en el campo”, admite sin reparos.
Sin embargo, detrás de esta imagen irreverente se esconde un competidor feroz que ama los retos.
Para Shelton, el tenis es mucho más que un trabajo; es un juego donde la tensión y la adversidad son estímulos.

Según su entrenador, Scott Perelman, Shelton disfruta enfrentarse a problemas en la cancha y encontrar soluciones, incluso en los momentos más críticos. Este enfoque lúdico y competitivo es una de las claves de su éxito.
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Un legado que se construye día a día
Aunque su ascenso fue meteórico, Shelton no olvida sus raíces. Criado en una familia donde el tenis era omnipresente, su evolución fue deportiva y personal.
Su padre, Bryan, describe cómo su hijo logró construir su propio camino, alejándose de las expectativas familiares para desarrollar un estilo único. Este estilo, que mezcla potencia, carisma y espectáculo, revitalizó el interés por el tenis entre nuevos públicos.
Su presencia en la cancha, que combina agresividad, emoción y teatralidad, lo convierte en un jugador capaz de romper las normas y atraer a audiencias más diversas.
Chris Eubanks, amigo y también jugador profesional, resume su impacto: “Atrae a gente que no necesariamente tiene los códigos del tenis”.
Mientras el tenis tradicional enfrenta el desafío de modernizarse y atraer a las nuevas generaciones, Ben Shelton emerge como una figura que encarna esa transición.
Con su energía, su magnetismo y su talento indiscutible, demostró que pertenece a las pistas más grandes del mundo, destinado a cambiar las reglas del juego. Shelton no es solo el futuro del tenis; es su revolución.
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