
Fue campeón Mundial Sub 20 con la selección de Brasil, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y disputó los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022. Saltó al fútbol europeo desde el Santos para militar en Porto y fue vendido al Real Madrid, que en ese momento registró la compra más cara de un defensor en toda su historia. Antes de pasar al Manchester City y relanzarse como futbolista en la Juventus, tuvo que afrontar sus miedos y una fuerte depresión que casi lo llevan al retiro cuando estaba en España. Danilo, hoy capitán de la Verdeamarelha, a corazón abierto.
“Soy humano. No siempre he estado en mi mejor momento. Para ser aún más sincero, durante mi primera temporada en el Real Madrid tuve depresión. Estaba perdido, me sentía inútil. En el campo no podía hacer un pase de cinco metros. Fuera del campo era como si no pudiera ni moverme. Mi pasión por el fútbol desapareció y no veía salida. Quería volver a mi casa en Brasil y no volver a jugar al fútbol nunca más”, fue la revelación de Danilo en una carta que firmó en The Players’ Tribune.
El lateral derecho permaneció desde 2015 hasta 2017 en el Merengue e incluso ganó cuatro importantes títulos (dos Champions League, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y una Liga Española), aunque puede que ese tiempo haya sido el más crítico a nivel personal: “No me veía como Baianinho (así lo llamaban de chico), me veía a mí mismo como ‘la transferencia de 31 millones de euros’, el defensor más caro que Real Madrid compró. En un partido contra Alavés, a los pocos meses de temporada, Theo Hernández me robó el balón y centró para que Deyverson marcara. Ganamos 4-1, pero fue un error que no se puede cometer en Real Madrid. Nunca olvidaré llegar a casa esa noche y no poder dormir. Escribí en mi diario que era hora de dejar el fútbol. Tenía 24 años”.

En ese momento, Danilo recordó que su compañero y compatriota Casemiro se acercó a él: “No le dije a nadie lo que sentía. Él quiso ayudarme, pero ‘me tragué la rana’, como dicen. Y siguió haciéndose más grande. Pero después de unos meses de sufrimiento, comencé a ver un psicólogo y él realmente salvó mi carrera. La lección más importante que me enseñó fue volver a ver el juego a través de los ojos de un niño”.
El futbolista de 32 años detalló cómo la terapia le cambió la cabeza: “¿Qué parte de mí estaba sintiendo realmente la presión? ¿El chico que había sido una revelación como lateral derecho en el Porto? ¿O el chico de Bicas que de repente fichó por el equipo más grande del mundo? La respuesta fue clara. Siempre serás el niño que llevas dentro. Cuando juegas al fútbol cuando eres niño, nunca piensas demasiado, ¿verdad? Tu cuerpo y tu mente están sincronizados. Básicamente: no te importa si cometes errores. Sólo juegas . De repente dejé de verme como Danilo, el traspaso de 31 millones de euros. Empecé a verme como Danilo de Bicas, el chico que siempre cerraba mi casillero en el América Mineiro porque guardaba un rollo de papel higiénico ahí como si fuera oro”.
Danilo repasó los tiempos en que ayudaba con un real todos los domingos a cinco amigos para poder comprarse una pizza, cuando le rogaba por usar un minuto y medio una tarjeta telefónica a uno de ellos para llamar a su novia, cuando negociaba con un muchacho de un cibercafé para enviarle correos electrónicos a su familia o cuando dormía con cucarachas, arañas y alacranes en un centro de entrenamiento.
“No quiero romantizar las dificultades por las que pasé. Sé que la generación mayor que lea esto no quedará impresionada con la historia de las cucarachas. Hoy en día, si mi ducha está demasiado caliente, levanto el teléfono y de repente hay diez tipos en mi casa con llaves para arreglarlo todo. Son estas pequeñas cosas las que empiezan a desconectarnos de nuestra esencia, no sólo como jugadores de fútbol, sino como personas”, revolvió en sus adentros.
Y pareció hallar una explicación para su estado depresivo en Real Madrid: “Creo que eso es parte de lo que me pasó. Tenía que recordar mis raíces y la alegría de jugar al fútbol, no por fama o dinero, sino por diversión. Si mi carrera se salvó en ese momento, debo agradecer dos cosas: una, a mis terapeutas. El otro, mis hijos. Mis dos hijos”.
Después de la eliminación de Brasil en los cuartos de final del Mundial de Qatar ante Croacia, Danilo temió por una recaída: “Fue un gran punto de inflexión para mí. Después del doble golpe de la pandemia y esa derrota, pude haber vuelto a caer en la depresión. Tenía 30 años, podría haber dicho ‘está bien, tuve una buena carrera, pero ya alcancé mi punto máximo y puedo relajarme ahora’. Pero hice todo lo contrario. Hablé con mi terapeuta todos los días, empecé a leer más y comencé a desafiarme a mí mismo para ser un mejor líder. Y fue entonces cuando todo quedó claro para mí”.
Danilo pasó a ser capitán de la Juventus, equipo en el que militó en las últimas cinco temporadas y con el que alzó cuatro títulos. Tras el desembarco de Dorival Júnior a la selección brasileña, allí también recibió el brazalete por parte del cuerpo técnico. “Cuando el entrenador me dijo que sería el capitán en los amistosos contra Inglaterra y España, pensé que podía morir feliz”.
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