El planchazo a Aliendro que desató una batalla campal que debió terminar con dos expulsados para Nacional ante River: la insólita decisión del juez

Leandro Lozano se arrojó con los dos pies hacia adelante en la disputa del balón con el volante visitante y se generó una gresca en la que Franco Romero golpeó en la cara a Paulo Díaz. No obstante, pese a que fue llamado por el VAR, la sanción de Anderson Daronco resultó tibia

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* Las imágenes de la trifulca en Montevideo

River Plate vencía 2-0 a Nacional por el Grupo H de la Copa Libertadores y despuntaba el segundo tiempo en el Gran Parque Central de Uruguay. En un balón suelto, Rodrigo Aliendro fue en su búsqueda y Leandro Lozano se lanzó con los dos pies hacia adelante para arrebatárselo, desentendiéndose totalmente de la integridad física de su adversario. El aterrizaje de sus tapones pellizcó la pelota, por eso, las consecuencias para el cuerpo del ex Colón resultaron menores, aunque terminó tendido en el césped y visiblemente dolorido. Claro que todo el plantel visitante explotó ante la agresión. Y se produjo una gresca en la que Franco Romero le aplicó un golpe de puño en el rostro a Paulo Díaz. Ante tamaño caos, cuando aflojó, el VAR llamó al árbitro Anderson Daronco a revisar las imágenes. Pero su decisión resultó, cuanto menos, desacertada.

El planchazo de Lozano fue deliberado, consciente del daño que podía ocasionar. Por eso debió ser juzgado con fuerza excesiva y correspondía la tarjeta roja. También la agresión de Romero, bajo el rótulo de conducta violenta. Hubo otros focos plausibles de sanción en la trifulca, como la participación del chileno Díaz o los empujones de los futbolistas del Bolso con Javier Pinola, ayudante de campo de Demichelis, que terminó siendo contenido por el plantel para que la contienda no pasara a mayores.

El brasileño Daronco observó en la pantalla la secuencia al detalle durante varios minutos. Cotejó la brutal acción de Lozano, lo ocurrido entre los manotazos. Y determinó no expulsar a ninguno de los dos principales implicados. Apenas si le exhibió el acrílico amarillo al N° 5 de Nacional, una pena tibia. El elenco de Núñez no sólo resultó perjudicado por su criterio. Sin autoridad, el partido se le fue de las manos al experimentado juez.

Prueba de ello, casi inmediatamente después de reanudarse las acciones, Andrés Herrera le entró con fiereza a Gastón González. Y Romero, ya jugando de regalo, otra vez revoleó un golpe, en esta oportunidad a Miguel Borja. A Daronco no lo ayudó el estado físico: corrió poco la cancha y eso lo llevó a dirigir a 30 metros de donde ocurrían las situaciones clave. Y le impidió tomar las posiciones en el campo para estar donde debía estar. De no haberse autocontrolado los jugadores, el escándalo pudo haber sido todavía mayor.

Con el impulso de 11 hombres en lugar de 9 como correspondía por los hechos descriptos, el dueño de casa salió mejor parado del conflicto. Y con dos goles de Gonzalo Carneiro (uno de penal y otro de cabeza), igualó las acciones. El muy pobre arbitraje terminó siendo determinante en el desarrollo.

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