
Lionel Messi volvió a escribir otra página en la historia: recibió el octavo Balón de Oro en su carrera como reconocimiento a la pasada temporada, en la que ganó la Copa del Mundo con la selección argentina y dos títulos (Ligue 1 y Supercopa francesa) con el PSG. A los 36 años, el astro celebró otro hito que difícilmente pueda ser superado en el futuro: quien lo sigue en el ranking del trofeo individual de mayor reputación es Cristiano Ronaldo, con 5.
La Pulga saboreó a pleno de la gala, de principio a fin. “No me acostumbro a los premios. Con el último me siento más suelto, más tranquilo, disfrutando todo de otra manera. No sé si es mucho o poco lo que me queda, después de la carrera que tuve me queda seguir disfrutando, amando lo que más me gusta hacer, disfrutándolo de otro lado”, explicó su postura más relajada luego de superar a Erling Haaland y Kylian Mbappé, quienes quedaron detrás en la votación.
En el escenario, tras recibir el trofeo N° 55 de su carrera de manos de David Beckham, referente de Inter Miami, su actual club, lo primero que hizo fue agradecer. A sus compañeros de Selección, a los del Barcelona más brillante de todos los tiempos, a los de las Garzas. Y a su familia, a Antonela Roccuzzo, y sus hijos Thiago, Mateo y Ciro, quienes lo acompañaron en el Teatro del Chatelet.
Mateo y Ciro mostraron su nuevo corte de pelo en la alfombra roja antes de ubicarse en la platea, junto a su mamá y Thiago, unas filas detrás del atacante. Sin embargo, antes de separarse, el hijo del medio de la pareja, usualmente el más travieso, se animó a una “arenga” ante su papá. El video se hizo viral: en el mismo se lo ve pasar a Pepe Costa, histórico asistente del futbolista, y su familia lo saluda. Pero Mateo se interpone.
“Vamo,s por favor, te deseo mucha suerte, te deseo mucha suerte, te deseo mucha suerte”, le repitió, golpeándolo en el pecho, como si fuese un entrenador antes de salir al campo de juego. La perfomance de Mateo no se quedó ahí. Porque cuando los herederos subieron al escenario para acompañar al galardonado, tocó el trofeo y posó con él, tal vez imaginándose allí como protagonista en el futuro, a partir de las condiciones que exhibe como integrante de los equipos de la Academia del Inter Miami.
La conquista en Qatar fue la nave insignia para que fuera votado. La organización le dedicó un guiño invisible a la selección argentina: fue a través de una placa con la que se presentaron los tres finalistas y que volvió a aparecer en el momento en el que Leo elogió a Mbappé y a Haaland. El francés y el noruego aparecen con las camisetas de los clubes: PSG y Manchester City, respectivamente. Messi, en cambio, luce la de la Albiceleste. Una sutileza, pero en consonancia con su discurso, con muchas referencias al conjunto que dirige Lionel Scaloni y a Maradona, el día en el que hubiera cumplido 63 años.

Hubo más gestos de respeto hacia la leyenda del fútbol mundial. Por caso, en la pantalla gigante también surgió una placa que rezaba “Messi infinito” y el símbolo correspondiente. El Inter de Miami se hizo presente en las figuras del citado Beckham y Jorge Mas, su propietario, pero a la distancia, la franquicia, que encarará en noviembre una gira por China, le rindió homenaje. En sus redes sociales, cambió los colores del escudo por el dorado, a tono con el premio que alzó su capitán.


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