Los Pumas, el momento bisagra y las razones de un sueño posible

El próximo sábado el seleccionado argentino debutará en el Mundial de Francia 2023 ante Inglaterra. Un recorrido por la historia y los argumentos para la esperanza

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Los Pumas han mostrado una
Los Pumas han mostrado una evolución a lo largo de los Mundiales que le valió el respeto de los equipos históricos

Dentro de una semana ya estará en marcha el décimo Campeonato Mundial de Rugby. Seguramente a esta hora, dentro de siete días, el universo de este deporte seguirá hablando de lo que haya sucedido en un partido inaugural que imaginamos extraordinario: solo en este deporte puede darse, de movida nomás, un choque entre colosos de la dimensión de Nueva Zelanda y Francia. Mero deseo. Pura fantasía. La primera vez que jugaron estos dos equipos en un Mundial fue en la final de la primera edición. Fue una previsible paliza en favor de aquellos All Blacks de 1987, los protagonistas de una performance hegemónica como nunca volvió a verse en estos torneos. La última fue en los cuartos de final de 2015. Los muchachos de negro ganaron por casi 50 puntos de ventaja. Como verán, en el rugby como en tantos otros deportes, muchas veces el cruce entre dos notables sugiere un suceso y una equivalencia que no superan la fase del mero enunciado.

Al día siguiente del 62-13 en el mismo Millenium de Cardiff -versión aggiornada del entrañable Arms Park- Los Pumas dieron el gran golpe del único Mundial en el que los cuarto primeros puestos fueron ocupados por los principales seleccionados del Hemisferio Sur.

Ese extraordinario triunfo ante Irlanda, que había llegado al torneo como bicampeón del Seis Naciones significó la ultima gran actuación argentina en este tipo de competencia. Fue justamente contra Irlanda, pero en 1999, que Los Pumas le atornillaron una bisagra a una línea de tiempo que venía dolorosamente esquiva para un seleccionado que, habiendo logrado a esa altura triunfos ante todas las potencias de la especialidad, excepción hecha de Nueva Zelanda, ganó sólo uno de nueve partidos que jugó en los tres primeros torneos.

Los números son elocuentes.

-Entre 1987 y 1995 ganaron un partido y perdieron ocho incluyendo derrotas ante Fiji, Italia y Samoa.

-Entre 1999 y 2019 ganaron 20 y perdieron 12. Las derrotas en ese lapso sólo fueron ante Nueva Zelanda, Sudáfrica, Australia, Inglaterra y Francia.

Debe haber un montón de razones para que, de ser cola de ratón, Los Pumas hayan pasado a ser un equipo respetado por todos y padecido por más de uno de los históricos.

Sin pretender darle valor absoluto a la nómina, en la libreta de apuntes figuran la incorporación al Rugby Championship, que garantiza jugar todos los años contra la tres poderosos de nuestro Hemisferio, la gran experiencia de Jaguares, que le dio a nuestros jugadores la posibilidad de disputar durante algunos años una quincena de partidos con colegas de esos países y la notable ampliación de la base de la pirámide de nuestro rugby con puntos salientes en la detección de talentos de regiones del país con escasa o hasta nula historia de las grandes ligas de nuestro medio.

También, fundamental, la formidable capacitación que vienen logrando muchos de nuestros jugadores en los principales torneos de clubes del mundo lo que les garantiza no sólo el crecimiento en lo estrictamente deportivo sino la posibilidad de dedicarse full time al juego. Ser profesional, lo sabrán muchos de ustedes, es aún hoy un tema que divide aguas en el rugby argentino. Tengamos en cuenta que hasta entrados los años ‘70 se llegó a sancionar a jugadores por hacer algún comercial en grafica y se consideraba motivo de condena hasta entrenarse más de dos veces por semana.

Por cierto, se ha ganado mucho terreno en este sentido. No solo por los planes de becado a los jugadores en desarrollo sino por el reconocimiento económico a aquellos que participan de los principales equipos nacionales.

Los Pumas llegaron el viernes
Los Pumas llegaron el viernes a Francia. Agustín Creevy, con cien partidos en el seleccionado, se presta a una selfie

Seguramente quedan temas aún por debatir. Lo que no se puede ignorar es que, si queremos disfrutar de ver a Los Pumas jugando mano a mano y hasta venciendo a las potencias, no existe otro camino que el de la profesionalización.

Seguramente, hay mucho más para sumar a este escueto inventario. En tal sentido, elijo volver a los antecedentes, a números fríos para momentos muy calientes.

En dos de los últimos cuatro mundiales Los Pumas llegaron a las semifinales. Es cierto que todavía está la deuda pendiente de un triunfo en mundiales ante alguno de los tres gigantes del Sur, pero también lo es que a nadie en el mundo del rugby le sorprende que nuestro seleccionado tire del mantel y sacuda las estructuras de un deporte que, en alguna medida, todavía tiene la idea elitista de que la gloria es solo para los ocho socios fundadores.

Y el más fundador de esos ocho, Inglaterra, será nuestro rival del debut. Un rival que atraviesa un tiempo complicado que se coronó con una inédita derrota ante Fiji en propia casa. No hay que confiarse: los grandes de este juego pueden mostrarse en crisis pero difícilmente se resignen a ello cuando hay un Mundial de por medio. Por cierto, si el equipo de Cheika ordena un par de detalles y, sobre todo, disminuye la cantidad de errores que viene cometiendo en ataque tiene buenas chances no solo de complicar a los ingleses sino hasta de mirar con ilusión la chance de un cruce de cuartos esquivando a los australianos. Aquello de los errores en ataque sobresale, por un lado, porque suelen ser cerca del ingoal rival y, por el otro, implican una sensible frustración anímica para un equipo que, después de haber hecho un gran esfuerzo para trascender en territorio rival, vuelve a su zona con las manos vacías.

El entrenador argentino, con lógica indiscutible, habló de que “al Mundial se viaja con la idea de salir campeón”. Más allá del pregón razonable, puede parecer exagerada semejante pretensión siendo que se aspira a un título, hasta ahora, solo ganado alguna vez por Nueva Zelanda, Inglaterra, Australia y Sudáfrica

Pero, verdad de perogrullo, estas historias se escriben partido a partido. Y Los Pumas saben, como cualquier hijo de vecino, que todo puede pasar en un día.