La historia detrás del festejo del goleador de Argentina en el Mundial Sub 20: de campeón nacional de malambo a terror de las áreas

Alejo Véliz lleva dos conquistas para la Selección que dirige Javier Mascherano, que ganó los dos duelos que jugó. El día que el artillero de Central se ganó una ovación... en el escenario del festival de Cosquín

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Festejo De Alejo Véliz Bailando Malambo

(Enviado especial a Santiago del Estero) “Si el próximo partido Dios me ayuda y hago un gol lo voy a festejar con un malambo para toda la gente”.

Alejo Véliz es un hombre de palabra. Después del debut con grito en el 2-1 ante Uzbekistán, prometió que iba a mezclar sus universos si lograba congeniar otra vez con la red. Y el tanto que abrió el marcador en el 3-0 frente a Guatemala por la segunda fecha del Grupo A del Mundial Sub 20 le dio el pie. Así que se abrazó con sus compañeros, miró la cámara y, con el césped como escenario, ensayó con naturalidad unos pasos que fueron furor entre los hinchas. “Gracias a Dios se me abrió el arco otra vez y pude festejar como había prometido”, dijo.

No fue casualidad la elección del ritmo. El sábado, Infobae había contado la historia del goleador bailarín. O el bailarín goleador. El orden de los factores no altera el virtuosismo. “Fue bailarín profesional, llegó a competir en Cosquín en representación de Santa Fe y ganó el primer puesto como malambo solista”, reveló su hermano Sebastián, otro fanático del folklore. Ambos empezaron a practicar juntos en una Academia, a la que llegaron por sus deseos de mejorar su danza, y Alejo sorprendió al colgarse la medalla de campeón en el festival nacional.

Quienes lo conocen, confirman que a Alejo, de 19 años, no le gusta perder a nada. Desde chico se entusiasmó con el fútbol, si bien empezó en el baby en un equipo de Gödeken, el pueblo de su padre, su mayor etapa de niño y adolescente la hizo en el Unión Deportiva y Cultural de Bernardo de Irigoyen, su pueblo. Allí se destacó rápidamente, mientras en el colegio sacaba mejores notas que su hermano.

Es que la localidad santafesina que no supera los 2 mil habitantes se ha convertido en una especie de museo viviente de la corta vida de Alejo, porque en esa escuela estudió, en esa plaza jugaba al fútbol, ahí viven sus abuelos y esa es la casa de la madre. Así repiten una y otra vez sus antiguos vecinos, que con orgullo le muestran a todo aquel que llega al pueblo que ellos, de alguna u otra forma, fueron parte del camino que este delantero que ahora se destaca en Rosario Central ha transitado hasta alcanzar la selección nacional.

Su esfuerzo siempre ha dado frutos, desde pequeño. Aquellos viajes de 100 kilómetros que hacía con su abuelo para poder entrenar, le han permitido cumplir un sueño que perseguía desde niño, triunfar en la selección argentina. “Estoy en la pieza en la que tal vez durmió Messi”, fue uno de los primeros comentarios que hizo en el grupo familiar cuando llegó al predio de Ezeiza para sumarse al combinado sub 20, mientras del otro lado un pueblo se revolucionaba.

Hoy ya lleva dos tantos y es el top scorer de un equipo que va por más y este viernes en San Juan buscará quedarse con el primer puesto de su zona ante Nueva Zelanda. “Estoy contento. Me tiraron un muy buen centro y por suerte entró el cabezazo. Ojalá pueda cumplir todos los objetivos acá para después volver al club”, dijo tras su conquista frente a los centroamericanos.

Los dos Alejo Véliz que cohabitan en el mismo cuerpo: el goleador y el bailarín de malambo
Los dos Alejo Véliz que cohabitan en el mismo cuerpo: el goleador y el bailarín de malambo

La pasión por el baile siempre fue un hobbie en su vida, porque él quería ser futbolista. Colón de Santa Fe fue el primer club de Primera que le puso los ojos encima y, como su padre, Sergio, no podía abandonar su trabajo en la construcción de silos y su madre, Andrea, ama de casa no podía dejar a su familia, fue su abuelo el que todas las semanas recorría 200 kilómetros (100 de ida y 100 de vuelta) para llevarlo a entrenar.

Luego llegó la oportunidad de jugar en Rosario Central y quedó tras la primera prueba, pese a que ya tenía casi 17 años y era difícil ganarse un puesto como centrodelantero. Pero, nuevamente ganó porque, como cuenta su hermano, Alejo “es una persona muy dedicada que ha tenido la suerte de ir cumpliendo todas las metas que se ha propuesto, pero todo por su sacrificio y esfuerzo”.

Es la persona más sencilla del mundo, a él le da lo mismo estar con las mismas zapatillas toda la semana o el mismo pantalón, se saluda con todo el mundo, no tiene problemas con nadie, no tiene problemas si hay que comer asado, fideos o un sánguche de jamón y queso, lo hace. Tiene una personalidad como que se toma todas las cosas a chiste, pero en el fondo lo hace con compromiso todo. Somos 3 hermanos y él es el que se toma la vida de otra manera, desde la risa, y suele sacarnos un poco, sobre todo a mí que soy un poco más estructurado”, ríe Sebastián desde el otro lado del teléfono.

En su debut en la Reserva de Rosario Central, demostró toda su capacidad goleadora. En 18 minutos le hizo tres goles a Central Córdoba de Santiago del Estero, un anticipo de lo que iba a lograr poco después en la máxima categoría. Sus primeros minutos como profesional los sumó en julio de 2021, en un duelo por la Copa Sudamericana ante Deportivo Táchira, y desde entonces se ha ganado un puesto como titular en el Canalla y le ha marcado a Newell’s, Racing, River Plate (dos en el Monumental) y Boca Juniors.

Su tantos le abrieron rápidamente las puertas de la selección argentina y Mascherano lo llevó al Sudamericano Sub 20 celebrado en febrero, en el que el equipo no engranó y quedó eliminado en la primera ronda. Pero, ante la chance de disputar el Mundial en el país, el Jefecito no dudó en volver a confiar en el bailarín para este gran reto. “El próximo gol hago la U de la Unión de mi pueblo”, anticipó el homenaje a su club de origen si el arco le vuelve a abrir la puerta. Y, quedó certificado, Alejo es un hombre de palabra...

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