
“Bueno, pero no se lo digas a nadie porque no vas a dirigir nunca más”.
Agustina Ávalos presentó una denuncia por intento de abuso sexual contra un integrante del colegio de árbitros de la Federación Entrerriana de Fútbol (FEF). La jueza deportiva, que se dedica al oficio por recomendación de su padre, ofreció su testimonio ante Infobae sobre dos episodios que, según el acta judicial, ocurrieron en medio de un traslado de Entre Ríos a Corrientes.
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“El viaje duró dos días y sucedió en diciembre de 2021”, manifestó la joven sobre un hombre al que conocía, ya que venía con asiduidad a su casa para poder llevarla junto a sus compañeros de cuerpo arbitral a los partidos del torneo que los convocaba. Dada esa confianza entre empleado y superior, Ávalos dio detalles de esa propuesta que, en apariencia, era un viaje laboral: “Iba a entregar indumentaria a los árbitros de Corrientes y Chaco y me preguntó si yo quería acompañarlo”. “Le dije que lo iba a pensar y le pregunté si podía ir un compañero con nosotros. Me contestó que iba a ver si eso podía ser porque tenía que llevar muchas cajas con la ropa”, añadió la jueza de 22 años.
Ambos compartieron una habitación con dos camas, debido a que él había objetado, según el relato de la jueza, que le iban a “llamar la atención” si pedía otra habitación: “AFA le había dado ese cuarto a él”. El acusado es instructor de árbitros en la Asociación del Fútbol Argentino. Ávalos afirma que nunca había registrado ninguna conducta sospechosa hasta este primer hecho en un hotel de la provincia correntina durante la primera de las dos jornadas del viaje: “Cuando me negué cuatro veces en acceder a lo que él quería, me dijo: ‘Bueno, pero no se lo digas a nadie porque no vas a dirigir nunca más’”.
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Este hombre vinculado a la FEF y la mujer compartieron el auto de regreso a Paraná: “Traté de hacer como que no había pasado nada cuando, en realidad, tenía un cagazo... Estaba muy asustada. Tenía miedo y desconfianza de que se le ocurra volver a hacerlo dentro del auto”. En su narración, detalló el segundo intento de abuso que figura en la causa: “Cuando estaba por bajar del auto, me comentó que debía ir al cumpleaños de una amiga. Le pregunté qué le había regalado y, entonces, me mostró el consolador que tenía guardado en el auto. Me dijo que era eso y que le gustaría usarlo conmigo”.
La árbitra expresó cómo repercutió esto psicológicamente: “Había días que me levantaba y decía ‘La puta madre, tengo que vivir así otro día’. Este recuerdo me comía la cabeza y trataba de olvidarlo para no volver a recordarlo”. Con el paso de los meses, pasó de ser árbitra asistente en la Primera División masculina de la entidad del noreste argentino a no ser designada para ningún partido: “Me sentía culpable. Pensaba que era mi culpa, que había hecho algo mal y, en cierto modo, era mi castigo”.
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Su último encuentro fue el 23 de octubre en una final de futsal y, a pesar del receso por el Mundial, no volvió a tener oportunidades en esa divisional. “No me había dado cuenta de que me había quedado cinco meses sin dirigir hasta que me preguntaron: ‘Che, ¿qué pasa que no estás dirigiendo?’. O me decían que estaban dirigiendo todos menos yo. Yo respondía: ‘No sé’. Internamente, lo sabía, pero no podía decirlo”, declaró.
La mujer nacida en 2001, que también se dedica al modelaje y desea estudiar criminalística, se refugió en su segundo trabajo para aplacar su ánimo después de que no era elegida en su principal fuente de ingresos: “Era mi alternativa para despejarme. Yo me despejo de mis problemas cuando estoy dentro de una cancha y los fines de semana los pasaba angustiada”. Con sus dudas a cuestas, la Liga Paranaense de Fútbol, una competencia apartada a la FEF, le abrió sus puertas para que el 2 de abril vuelva a desempeñarse como árbitra, a pesar del pedido realizado por el denunciado: “Hace un mes, me enteré que él pedía que no me den partidos en mi liga porque estaba enojado conmigo”.
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La invitación de una de sus compañeras a un curso de violencia de género brindado por la Liga fue crucial para dar a conocer a su historia: “Me sentí escuchada”. La denuncia fue formulada en los últimos días pero los hechos alegados se los pudo contar a sus padres hace pocas semanas porque “no podía más de la angustia”. La entidad en la que se desenvuelve se comunicó este viernes con ella para exhibir su apoyo absoluto ante cualquier decisión que tome y se mostraron a disposición, pero desde la Federación no se comunicaron. Cabe destacar que el acusado no fue separado de ninguno de los cargos que ostenta en cada organismo.
Nacida en Concordia, Ávalos vivió desde los 3 años en Puerto Santa Cruz junto a su familia, debido a que su papá fue trasladado al sur en su rol de militar y, tres años más tarde, se desplazaron a Río Gallegos hasta su regreso en 2019. Él también se desempeñaba como colegiado y le comentó la apertura de un curso para adentrarse en este rol a los 14 años. En sus primeras actuaciones, sufrió un acontecimiento similar con un entrenador de Infantiles. Él tenía 25 años: “Cuando se lo comenté a un compañero, le pregunté si tenía que hacer un informe por lo que había pasado. Él me dijo que lo que me había hecho era abuso sexual. Ese mismo día lo pude denunciar”. Fue apartado, pero cuando volvió a Entre Ríos evitó saber cómo había finalizado la investigación.
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Por lo pronto, la denunciante manifestó que sobre el hombre pesa una medida perimetral para evitar que se acerque y ella le confió a este medio que en las últimas horas le contaron que el acusado negó todos los hechos cuando fue citado a una audiencia. “Estaba con muchísimo miedo de qué podía llegar a pasar”, analizó antes de oficializar la presentación ante la Justicia. Y contó cuál es su mayor temor: “Que este hombre me imposibilite hacer un curso nacional, que es lo que tanto quiero. Desde los 14 años vengo dirigiendo, es mi carrera. Quiero seguir dirigiendo”.
Agustina Ávalos cursa el segundo año del profesorado de Educación Inicial, una labor que le da la posibilidad de desempeñarse en un jardín maternal o de infantes sumado a que potencia su trabajo como niñera. A los 16 años se recibió de un curso como auxiliar en criminalística en Santa Cruz. Tiempo después, dejó la carrera. Sin embargo, quiere retomar ese camino porque siempre le gustaron las ciencias forenses y la investigación. Su máximo sueño es ser árbitra nacional, aunque se permite una sonrisa para comentar: “Si no me funciona el arbitraje, quiero dedicarme a la criminalística”.
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