Fue el DT que le dio la 10 a Maradona, casi lo lleva a Venezuela y cuenta sus gestos más humildes: “Si elegía una buena vida, terminaba como presidente”

Antonio D’Accorso dirigió 23 clubes, entre ellos, al Argentinos del primer Pelusa. En 1999 intentó llevarlo a Estudiantes de Mérida, club al que ayudó a fundar. “Que se hable de Messi esta bárbaro, pero no podés olvidarte de Maradona. Es fácil decir ‘éste se falopea y este otro es un ejemplo de vida’”, lo defiende

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Antonio D 'Accorso
D'Accorso y Maradona, en Argentinos Juniors

San Lorenzo y Estudiantes de Mérida debutarán en Venezuela por el grupo H de la Copa Sudamérica 2023. Ambos equipos tienen una historia en común. En diferentes temporadas, quisieron contratar a Diego Armando Maradona pero fallaron en el intento.

En 1993, Pelusa finalizó su vínculo con el Sevilla de España y ya tenía tomada la decisión de volver a la Argentina para jugar en el fútbol de su país. Uno de los primeros equipos en mostrar interés fue el Ciclón a través de Héctor Veira, que en aquel entonces era el DT azulgrana. Hubo un acuerdo de palabra entre la dirigencia que comandaba Fernando Miele y el representante del Diez, Marcos Franchi.

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Ni bien arribo a Buenos Aires, Maradona se fue a dormir siendo jugador azulgrana, pero su condición de Cuervo duró tan solo unas horas, ya que al día siguiente, cuando estaba a punto de salir para firmar el contrato, recibió un llamado de su representante y todo quedó en la nada. Según manifestó Pelusa en su momento, le cambiaron las condiciones del acuerdo y se cayó su llegada, lo que hizo que un tiempo más tarde se fuera a jugar en Newells.

Años más tarde, en 1999, el presidente de Estudiantes de Mérida, Cesar Guillen, viajó a Buenos Aires a participar del sorteo de la Copa Libertadores de ese año y tuvo una reunión con su entrenador Antonio D’Accorso, quién fue el padre de la idea de sumar al astro. Durante la charla, el mandatario le dijo que no al arribo de Pelusa por sus adicciones a las drogas. “Está en la mala vida y lo que menos quiero es traer a mi ciudad los problemas que puedan generarse en torno a su presencia” argumentó el mandamás.

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Finalmente, la llegada de Maradona al Mérida no se hizo, aunque D´Accorso hizo todo lo posible para que se diera, siendo el técnico del equipo y uno de los fundadores del joven club venezolano. Además, mantenía una estrecha relación con Maradona, a quien dirigió en Argentinos Juniors con tan sólo 16 años.

Fui el primer técnico en hacerle utilizar la camiseta número 10. Conmigo jugaba siempre y nunca vi nada igual”, remarca en diálogo con Infobae el hombre de 80 años que comandó a 23 equipos en su carrera de entrenador, y trabajó como asesor personal de Mauricio Macri cuando fue presidente de Boca.

- ¿Qué es de su vida, Antonio?

- Es bastante apacible. Tengo tres hijos y diez nietos. Laboralmente estoy retirado de casi todo, porque vivo actualizándome en un montón de cosas y escribo para un periódico de Suiza, donde estuve tres años trabajando. Voy al gimnasio en mis momentos libres y me veo con amigos cuando se puede.

- ¿Cómo fueron sus inicios en el fútbol?

- Arranqué en las Divisiones Inferiores de River. Luego de debutar en Primera División, pasé por Atlanta, Banfield e Independiente Rivadavia de Mendoza. Tras un periodo en el fútbol argentino, me fui a Unión Magdalena de Colombia, recalé en el Palermo italiano, donde jugué con Walter Gómez y Santiago Vernazza, ex riverplatenses. De ahí, me fui al Mallorca de España, donde fui dirigido por Juan Carlos Lorenzo. El primer día que me presenté a los entrenamientos, el entrenador argentino me dijo “yo a usted no lo pedí. No sé de qué juega, así que cámbiese y váyase”.

- ¿Y qué hizo?

- Tuve que irme ni bien arribé al club español. Pero mira cómo son las vueltas de la vida que en la Argentina me hice muy amigo del Toto e íbamos a comer seguido. Es más, le recomendé a Julio Santella como preparador físico cuando se hizo cargo de San Lorenzo de Almagro. Cuando dejé Mallorca, estuve en varios equipos de Suiza y de Venezuela, hasta que en 1970 colgué los botines y arranqué mi carrera como entrenador.

- ¿Extraña dirigir?

- No. Desde muy pibe viví con mucha intensidad sueños que al final pude concretar. Tengo 80 años. Estoy bien de la cabeza y recibo mucho cariño, especialmente en la provincia de Tucumán, donde dirigí un largo tiempo. Llegué en 1978 a San Martín. Pasaron 45 años y todavía me escriben recordando mi paso por allí. Varios ex futbolistas, a quienes dirigí y ayudé a percibir su primer sueldo en el fútbol y no se les pagaba ni un peso, me escriben a diario. De esta manera, todavía recibo muestras de agradecimiento de chicos muy humildes. Y te digo más, esos mensajes me llegan mucho más que cuando Diego Maradona hablaba sobre mí.

Antonio D 'Accorso
D'Accorso tiene 80 años y , si bien se retiró del mundo del fútbol, se mantiene siempre actualizado

- ¿Fue en San Martin de Tucumán su mejor experiencia como DT?

- Sí, fue mi mejor momento. Ganamos el primer campeonato de la B de manera invicta. Después, jugamos un minitorneo donde participaban Racing, Boca, Cruzeiro, Botafogo y dos clubes de Salta. Le ganamos al equipo de Minas Gerais, donde jugaba Roberto Perfumo. Y en la final superamos al conjunto de Río de Janeiro por 3 a 0. Desde ahí, no paré más. Pasé por Chacarita, Platense, salí campeón en Quilmes, gané un título en el América de Cali colombiano en 1976, y volví al país para dirigir en San Lorenzo. Luego, fui a Argentinos Juniors, donde me peleé con el ex presidente Domingo Tessone, porque le pedí cobrar una prima que luego no me pagaron ni él ni Settimio Aloisio que era el vicepresidente. Pasé por Banfield, nuevamente me contrató El Ciruja, recalé en Vélez, Tigre, Estudiantes de La Plata, Chacarita y Mérida de Venezuela, entre otros. En total, comendé a 23 equipos

- ¿Cómo fue su llegada al Ciclón?

- Cuando volví de Colombia, estaba en mi casa en Buenos Aires, me llama un amigo y me dice “los dirigentes del Ciclón quieren hablar con vos”. Al final, me contrataron y anduvimos muy bien. El problema fue que había un desorden institucional que no te imaginás. No cobraba nadie ni teníamos un lugar para entrenar ni contábamos con ropa para entrenar; había muy buenos jugadores. Es más, conocí a una de las mejores personas del ambiente del fútbol: Mario Mendoza, un fuera de serie y espectacular. Compartí plantel con el Sapo Villar, el Mono Irusta e hice debutar al Flaco Cousillas. Cuando termina la temporada, no me sentía cómodo, me hablaron del Bicho de La Paternal y quería probar suerte en otro club; así que acepté.

- ¿Coincidió con Maradona en ese club?

- Sí, lo tuve un tiempo ahí. En Argentinos no jugaba seguido, apenas habías sumado 40 miutos ante Talleres en su debut en Primera. Cuando arribé al club, lo puse de titular, peleamos el campeonato que lo terminó ganando Boca, y conmigo jugaba siempre. Con él en cancha, se potenciaron varios de sus compañeros como Carlos “Bartolo” Álvarez, que fue el goleador del campeonato con 27 tantos. También, Carlos Fren, Miguel Gette y Sebastián Ovelar, entre otros.

- ¿Cuál fue su primera impresión al ver a Pelusa en cancha?

- Era un mocoso de 16 años y un distinto a todos por su técnica y temperamento. La primera vez que lo vi, lo encaré y le dije “conmigo vas a jugar siempre, libre y por toda la cancha”. Fue una campaña espectacular con Pelusa en cancha.

- ¿Cómo fue dirigirlo a tan corta edad?

- Lo más fácil del mundo. El “problema” con Diego era que yo ponía un horario para arrancar a entrenar, por ejemplo a las 9, y a las 8.15 ya estaba en la cancha, ponía un palo y empezaba a pegarle con una pelota. Terminábamos el entrenamiento a las 12 y a las 13 le pedíamos por favor que cortara, porque si no seguía toda la tarde. “Diego, por favor cortemos”, le suplicábamos. La gente no entiende que no estamos para juzgar a nadie y que fue muy difícil ser Diego cuando no tenía una base. Pero contaba con un carisma muy especial.

- ¿De qué manera lo demostraba?

- Con hechos. Por ejemplo, fuimos a jugar un amistoso a Tucumán y a mí me gustaba hacerles la psicología a mis jugadores. Entonces, agarraba las camisetas en el vestuario y empezaba a repartirlas. Le di a Roma la 4, a Fren la 8 y a Diego le pasé la 11. Pero un día, vino a hablarme Diego y me dijo: “Antonio, puedo comentarle algo. A mí me gustaría jugar con la 10″. Le respondí: “Desde el próximo partido el 10 sos vos. Hoy, tenés que ponerte la 11, porque no puedo quedar pagando con el resto del plantel. Sos un fenómeno, pero sos uno más del grupo”. Al final me dijo “está bien Antonio”. Era muy humilde.

- ¿Cómo era con sus compañeros en el vestuario?

- Respetaba a los referentes y muy educado, se llevaba bien con todos. Positivo y alegre, siempre. Recuerdo que íbamos a jugar amistosos por el interior porque no había un mango en el club y recaudábamos dinero para las arcas del club. Entonces, enfrentamos a la selección uruguaya, que hacía varios años que no perdía y le ganamos 6 a 1, con cinco tantos de Álvarez. Habíamos cobrado 2 mil dólares para disputar ese encuentro. Viene el organizador del amistoso y me dice “nos ofrecieron 10 mil para disputar la revancha”. Le pedí diez minutos para responderle. Junté a todos los integrantes del plantel, les comenté que nos ofrecieron ese dinero, los referentes no lo querían jugar y Pelusa me agarra y me dice: “Antonio, no juguemos así se quedan con la espina de esta derrota de por vida”. Y al final, no jugamos la revancha.

- Muchos ex compañeros remarcan su generosidad. ¿Qué tal era en ese sentido?

- Sí, tal cual así era, especialmente con sus compañeros y su familia. En esa época, había una marca de ropa Deport Hit de la familia Malagreca, que vestía a los tenistas. También al actor Jorge Porcel. Un día, fui a hablar con el dueño de la marca a una sucursal con tres futbolistas de Argentinos. Le pedí al dueño un poco de ropa para Bartolo Álvarez, Fren y Maradona. El empresario dijo que sí y le dio una caja de indumentaria a cada uno para que pudieran llevarse mercadería. Entonces, Diego agarraba todo lo que veía en el local y lo metía adentro de la caja. Acto seguido, el dueño de la empresa me dice: “A éste de donde lo sacaste”. Pelusa escuchó ese comentario y le dijo: “Señor, ¿sabe qué pasa? De todo esto que elegí, nada es para mí, todo es para mis hermanos porque no tienen con qué vestirse”. Ese era Diego, generoso con los que más lo necesitaban, sumiso, humilde, buen tipo. Recuerdo que cuando los compañeros le decían “qué lindo reloj que tenés”; él se lo regalaba. Lamentablemente, luego sufrió a “los amigos del campeón” que lo llevaron a la mala vida. Si él hubiera elegido una buena vida, hubiese terminado como presidente de la Nación.

- ¿Siendo la figura del equipo, también mantenía la humildad en el campo de juego?

- Sí, y muy respetuoso con los más grandes. Un día, jugamos contra Vélez y tuvimos un penal a favor. Entonces, agarra la pelota Diego para ejecutarlo. Pero llega Álvarez y le dice: “Salí de acá que lo pateo yo”. Y lo ejecutó. El arquero del conjunto de Liniers, Julio Cesar Falcioni, lo atajó. Continúa el juego y hay otro penal a favor. Diego hizo lo mismo y su compañero reaccionó de la misma manera. Esta vez, Bertolo convierte y ganamos 3 a 2, pero Maradona sabiendo que era único como futbolista no busco imponerse ni quitarle la ejecución a su compañero. Es más, entendió todo. Nunca dijo “yo soy el mejor”, ni te lo refregaba en la cara.

- ¿Es cierto que gestionó la llegada de Maradona al Estudiantes de Mérida?

- Resulta que yo iba a comer seguido a La Cantina de Arnoldo, restaurante que hace años desapareció. Iba tres veces por semana. Yo soy uno de los fundadores del club Mérida. Un día, vino el presidente del club Cesar Guillén a Buenos Aires y fuimos a cenar. Le dije de la posibilidad de llevar a Pelusa a Mérida y me preguntó “¿Por qué tú ponderas tanto a Diego?”. Le respondí: “Porque es un fenómeno”. Y me dijo: “Sí, pero está en cosas raras que no van. Está en la mala vida”. Entonces, le dije: “Te voy a proponer que lo lleves a Diego a jugar a Mérida. Yo voy de entrenador, no te hagas problemas. Pero llévalo, para ver la calidad de persona y jugador que es. Y de paso, lo alejamos de las drogas, porque allá tienen una vida más sana”.

Antonio D 'Accorso
Como ´jugador pasó por River, Atlanta, Banfield, Independiente Rivadavia, el fútbol colombiano, de España e Italia

- ¿Qué le respondió?

- “Déjame que lo hable” me dijo. Ese día estaba con nosotros en la mesa Ricardo Bochini. Entonces, le comenté al Bocha: “¿Qué te parece? lo quiero llevar a Diego y el presidente no quiere saber nada”. Él me dijo: “La idea es buena Antonio, pero hay que ver. ¿Cómo lo vas a llevar a Diego a Venezuela?”. Al final, quedó en la nada. Porque la gente de ese club es muy católica y dijo que iba a ser un mal ejemplo para la sociedad venezolana. Al presidente mucho la idea no le cerró por la situación que atravesaba Maradona con las drogas. Pero si lo hubieran llevado, hubiese sido una sensación mundial.

- ¿Diego estaba advertido de aquella posibilidad de ir a jugar a Venezuela?

- Sí, yo había hablado con él y le había dicho “me gustaría que vayas a jugar a un lugar donde no te jodan tanto y tengas tranquilidad. Voy a hacer una gestión en Mérida”. Me respondió: “Bueno, avisame”. Él nunca rechazaba nada. Hasta el día de hoy, el presidente de Estudiantes está convencido de que hizo lo correcto.

- ¿Es cierto que Diego era el mejor en todo lo que competía, dentro y fuera de la cancha?

- Sí, dentro y fuera de la cancha. Resulta que concentrábamos en un hotel en Ezeiza y armábamos un concurso de truco y ganaba el campeonato. También, llevábamos a cabo un concurso de cantar tangos y finalizó primero; fue el mejor en todo. Diego era un fuera de serie como persona, como jugador no hay nada que discutir. En Nápoles, debía salir a las calles disfrazado porque lo amaban los napolitanos. Lo visité en su casa en Nápoles, no podía salir a la calle. Mi relación con él siempre fue muy buena. Me invitó a su casamiento.

- ¿Pudo verlo en el último tiempo antes de morir?

- En su última etapa estaba muy mal, no quise verlo muchas veces porque me hacía daño observar el despojo humano. Me mandó a llamar por Marcelo Di Lauro, un colaborador cercano a Diego en Gimnasia y Esgrima La Plata, para que lo visitara en Estancia Chica con la idea de comer un asado y jugar al truco. Fui una sola vez. No quise repetir, porque él estaba pasando por una etapa muy decadente y no quería verlo así. A veces es fácil juzgar. Hoy, me hablan de Lionel Messi que es el número 1, pero a Diego le pegaban cada patada y se levantaba y seguía jugando. Hoy, te soplan y es falta.

- A esta altura, ¿el pueblo argentino se está olvidando de lo que fue Diego?

- En algún punto, sí. No estoy de acuerdo con que el Predio de la AFA lleve el nombre de Lionel Messi. Para mí debería llamarse “Messi-Maradona”. Acá es donde te das cuenta de que Diego está siendo olvidado por gente que debería recordarlo siempre por todo lo que generó en el fútbol. Vivimos en un país muy exitista. Que se hable de Messi esta bárbaro, pero no podés olvidarte de Maradona, que fue un ser único. Porque Diego no quería perder a nada. Hay que tener memoria. Hoy se habla del ejemplo de vida de Messi y de Maradona remarcan todo lo malo. A mí hablame del Diego jugador. Lo otro, dejalo, porque Pelusa venía de una pobreza terrible con muchas necesidades a cuestas. En cambio, Messi viene de una familia no rica, pero acomodada. Es fácil decir “éste se falopea y este otro es un ejemplo de vida”.

- ¿Cómo fue su etapa en Boca durante la gestión de Mauricio Macri como presidente?

- Yo cumplía la función de asesor de Mauricio en el exterior. Por ejemplo, le buscaba amistosos a Boca para recaudar plata y también le recomendaba refuerzos. En la etapa de Carlos Bianchi como entrenador, el Virrey un día me dijo: “Antonio, yo lo voy a apoyar en todo, pero ojo con contratar un 9 porque no lo voy a poner. Si lo saco a Martín Palermo, me terminan echando a mí”. Entonces, arreglé un convenio muy bueno en Japón para que el Xeneize cobrara una cierta plata por varios partidos que se transmitirían en ese país con la condición de que tenía que jugar un japonés en el equipo. Por este motivo gestiono la llegada de Naokiro Takahara en 2001. Boca fue a jugar la final de la Copa Intercontinental a Tokio y al único que no llevó Carlos fue a Takahara. El Virrey no lo tuvo en cuenta ni para ir al banco de los suplentes, por lo que me había dicho del Titán.

- ¿Qué tal era su relación con Macri?

- Muy estrecha. Me respetaba mucho. Cobraba en dólares. Yo le decía: “Hay para hacer una filial en Costa Rica o en el Salvador”, y me habilitaba para que fuera a armarlas. También me permitió gestionar la participación de Boca en el Torneo L´Alcudia en España. Cuando Mauricio se dedicó a la política, me dijo “me gustaría que me acompañes”, pero le respondí “no, porque no creo en los políticos ni en los sindicalistas. Así que me voy”.

- ¿Qué le dijo?

- “Quedate trabajando en el club con Pedro Pompilio”. Pero resultada que no tenía mucha afinidad con él, aunque era muy buen tipo. Al mismo tiempo, se enferma mi señora de cáncer de pulmón y me quitó las ganas de seguir trabajando. De esta manera, me fui de Boca y seguí con mi carrera como entrenador.

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