No estaban ni cerca de nacer Lionel Messi ni Cristiano Ronaldo para pelearle récords. Incluso recién empezaba a caminar Diego Armando Maradona, quien con el correr del tiempo le hizo sombra y, para muchos, terminó superándolo como futbolista. Un joven Pelé de 23 años era el rey del fútbol sudamericano y mundial. Su Santos había cortado la hegemonía de Peñarol, que alzó las Copas Libertadores en 1960 y 1961, cuando el certamen todavía no había adoptado esa nomenclatura y se llamaba Copa de Campeones de América. Tras su fallecimiento que entristeció am mundo del fútbol, una historia digna de ser contada.
De la mano de O Rei, los paulistas le habían ganado la final del 62 al Carbonero y gracias a su estrella se clasificaron directamente a las semifinales de la edición siguiente, según regía el sistema de disputa de ese entonces. Los otros tres clasificados a dicha instancia tras dominar sus grupos fueron Boca, Peñarol y Botafogo. Fue entonces que hubo clásico rioplatense y duelo brasileño en la penúltima fase.
El Xeneize se impuso 2-1 en Montevideo con goles del brasileño Paulo Valentim, mientras que en la Bombonera venció por la mínima (1-0) gracias a José Sanfilippo, máximo artillero del certamen con 7 conquistas. Santos rescató un empate agónico como local por el tanto de Pelé, que se destaparía en la revancha con un triplete: fue 4-0 en Río de Janeiro para el Peixe.

Ante unas 55 mil personas, no hubo Maracanazo como el de Uruguay en el Mundial del 50 por parte de un Boca que padeció casi toda la primera parte de la ida de la final. Coutinho, con un doblete, y Lima, adelantaron a los brasileños antes de la media hora de juego. Una corrida de Sanfilippo acercó al Xeneize en el tanteador sobre el final de la primera parte. Y, ya en el cierre del match, el Nene no perdonó dentro del área y decretó la desventaja mínima antes del desquite en Buenos Aires. Aunque no descolló, Pelé rindió y quedó cautivado por la habilidad de una promesa azul y oro de 19 años que apenas registraba 15 partidos oficiales como profesional: Ángel Clemente Rojas.
El equipo dirigido por Aristóbulo Deambrossi salió a jugar a la Bombonera a matar o morir. El entrenador argentino ordenó una marca férrea sobre Pelé, que vio de cerca el césped en más de una oportunidad por los empellones de los hombres boquenses. En el amancer del complemento, nuevamente Sanfilippo hizo mover las redes del rival capturando un rebote en la puerta del área chica. La serie estaba igualada y quedaban casi 45 minutos para definir a un ganador. Pero lamentablemente para Boca, allí Pelé apareció en su máximo esplendor y se agrandó en la difícil.
Primero asistió a Coutinho para la veloz reacción del Santos, que a los 6′ del segundo tiempo ya había igualado la acción. Boca luchó por ponerse arriba en el score otra vez, pero su esfuerzo fue en vano y quedó sepultado tras una maniobra individual dentro del área de O Rei, que definió cruzado de derecha y sentenció la valla defendida por Néstor Errea. Tan bueno era aquel elenco conducido por Luís Alonso Pérez (alias Lula) que más tarde le ganaría la Intercontinental al Milan del argentino Luis Carniglia.
Cuenta la leyenda que en medio del partido, ubicado en el círculo central, Pelé se tiró al suelo y pidió un cambio de short porque estaba roto. Según contaron futbolistas xeneizes testigos del hecho, fue para enfriar el empuje de Boca. El delantero se había sacado chispas con varios adversarios y también participó de cruces dialéctivos de alta temperatura. Sin embargo, luego de la acción y los festejos, reconoció a Rojitas, con quien se fotografió y cambió la camiseta.
En una entrevista con este medio, el ídolo de Boca relató: “Yo llevaba el potrero encima. Hacía lo mismo que de chico pero con otra responsabilidad. Nunca abandoné el potrero, ni al barrio ni a mis amigos de la infancia”. Esas características con las que probablemente Pelé se haya identificado, no fueron inadvertidas por el astro del Santos.
“Pelé era extraordinario. Hablé con él, aunque la verdad le entendía poquito y me daba vergüenza. Me dio su camiseta y en el comedor de mi casa todavía tengo una foto con él, que me la firmó”, confesó.
Tan embelesado quedó Pelé con Rojitas que hasta inició tratativas con la dirigencia de su club para que lo contrataran, algo que finalmente no prosperó. Al poco tiempo, a Ángel Clemente Rojas también lo buscó el Real Madrid dirigido por Alfredo Di Stéfano.
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