
Sergio Agüero ingresa a la concentración en la Universidad de Qatar con una sonrisa que sirve para varias cosas. Para despertar una risa en Lionel Messi. Para descomprimir un poco la previa de la final. Para que Rodrigo De Paul y el Papu Gómez, empiecen a hacer chistes con el Kun. Para que la fortaleza interna del plantel de la selección argentina se vea todavía más potenciada. Para que Lionel Scaloni y el resto del cuerpo técnico vuelvan a abrazar al delantero que fue campeón de América en el Maracaná en 2021 y que seis meses después tuvo que abandonar el fútbol por un problema cardíaco.
Agüero vivió durante todo el Mundial junto a su familia en un departamento del centro de Doha, cercano al Fan Fest principal de la avenida Corniche, una de las más importantes de la capital de Qatar. Pero la noche previa a la final decidió pasarla con el plantel que hoy a las 12 de la Argentina, las 18 aquí en Doha, irá en busca del tercer título mundial de la historia para la Selección ante Francia. Y el Kun disfrutó de algo que le remitió a sus buenos y no tan viejos tiempos en la Selección: durmió en la misma habitación que Messi, su amigo e histórico compañero de concentración. Hasta anoche, Messi había descansado en soledad porque nunca le pusieron un reemplazante del “Kun”.
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No fue la única visita que tuvo el plantel en el día “menos uno”, tal como denomina FIFA a las jornadas previas a los encuentros. También durmieron en la concentración cuatro futbolistas que se perdieron el Mundial por distintas circunstancias: Giovanni Lo Celso, Joaquín Correa y Nicolás González por distintas lesiones, y Juan Musso porque en la consideración de Lionel Scaloni estaban primero los arqueros que incluyó en la lista de buena fe: Emiliano Martínez, Franco Armani y Gerónimo Rulli. “Los muchachos que vinieron fueron invitados por el grupo y aceptaron viajar para estar bien cerca del plantel. Es un grupo muy pero muy unido”, dijo a Infobae un integrante de la delegación.
Ilusionados con regalarle la mayor de las alegrías futboleras a unos 45.000.000 de argentinos, Messi, Scaloni y compañía interrumpieron el ritual de todas las noches, tal como ocurrió en la previa de los otros seis partidos del Mundial: anoche no hubo partidas de truco en el búnker albiceleste. Después de la cena, todos se fueron a descansar a sus habitaciones alrededor de las 23 porque el cuerpo técnico les planteó una norma antes del comienzo del Mundial: en la vigilia de los partidos es clave el buen descanso.
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Por eso todos tuvieron libertad para despertarse a la hora que quisieran. Como siempre, el desayuno (café, té, tostadas, frutas, yogurt y cereales) es opcional. Por lo general, la mayoría opta por despertarse tarde e ir directamente a la utilería a tomar mates y tal vez comer alguna galleta de arroz con mermelada. El almuerzo será a la hora de siempre (las 12.30) y las opciones, muchas: fuccile (fideos tipo resorte) o espaguetis con salsa blanca o de tomate para los que prefieran pastas, carne tipo churrasco, pollo, pescado y ensaladas de todo tipo. Los postres también son muy variados: frutas, helados, gelatina, flan, y queso con dulce de membrillo o de batata.
A diferencia de algunas noches posteriores a los partidos, la tradicional copa de vino para disfrutar y/o relajarse un poco quedó vedada para esta ocasión: la recomendación es que todos tomen agua o jugo de naranja y -en el peor de los casos- gaseosas. Los integrantes del cuerpo técnico que comanda Scaloni, secundado por sus ayudantes de campo, Roberto Ayala, Walter Samuel y Pablo Aimar, se quedaron compartiendo una larga sobremesa. Y Martín Tocalli y Damián Albil, los entrenadores de arqueros, pulieron los últimos detalles del análisis sobre cómo se comporta Hugo Lloris, el arquero de Francia, en las definiciones por penales.
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La charla técnica será a las 16 (las 10 en Argentina) y la salida hacia el estadio Lusail, diez minutos más tarde, para llegar a la sede de la final una hora y media antes del comienzo del partido.
La selección argentina está en la antesala de otro día histórico: el de su sexta final en una Copa del Mundo. Ganó las de Argentina 1978 y México 1986. Y perdió las de Uruguay 1930, Italia 1990 y Brasil 2014. Hoy, a poco menos de 14.000 kilómetros de distancia de la Argentina, buscará “ganar la tercera”, para “ser campeón mundial”, como cantarán alrededor de 30.000 compatriotas en el estadio Lusail cuando llegue la hora de la verdad.
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