
Camina hacia el mar con la naturalidad de quien no le importa la mirada del otro. Arrastra su ropaje. Lleva puesto un vestido largo que cubre todo su cuerpo. Un velo niqab oculta su rostro y apenas le permite tener al descubierto sus ojos.
Las mujeres qataríes tienen prohibido usar escotes y remeras con los hombros descubiertos. Tampoco pueden ponerse vestidos o shorts por arriba de sus rodillas. Con paso cansino y pausado se mete al mar agobiada por los 33 grados. Apenas se observa su andar y sus ojos bien negros que miran sin mirar.
Alrededor inglesas en bikini, un grupo de amigos mexicanos que no paran de sacarse fotos y argentinos con una cerveza en la mano. A diferencia lo que pasa en los Estadios de la Copa del Mundo, en algunos lugares específicos se vende alcohol a extranjeros.
Ella está ahí. Zambulléndose al mar del golfo pérsico, con todas las prohibiciones encima. Para todo o casi todo deben pedir permiso a su tutor (padre o hermano) y marido, si están casadas.
Ella totalmente cubierta y su esposo e hijos con el torso descubierto.

Las mujeres casadas deben vivir bajo la tutela absoluta de sus maridos y no pueden tomar ninguna decisión sobre su vida ni la de sus hijos.
Se quedaron unos cinco minutos en el agua mientras, inevitablemente, el resto de una playa que empezaba a poblarse de extranjeros ponía sus ojos ahí. El contraste era muy fuerte de esta Doha que vive al ritmo del Mundial.
Mientras esto sucedía en el agua, al ingreso del balneario pasaba algo que jamás había presenciado. A dos hombres no los dejaban ingresar juntos (Qatar es uno de los setenta países del mundo que consideran delito la orientación sexual). Solo podía entrar el binomio hombre-mujer o grupo de amigos. Me ofrecí como pareja temporaria, porque con una mujer, sí estaban autorizados para poder disfrutar de la naturaleza. Otra chica fue a buscar al otro hombre y así se esquivó la restricción.
A la noche una postal se repite una y otra vez en cada una de las familias qataríes que pasean por la bahía de Porto Arabia: un hombre árabe vestido todo de blanco camina adelante y recién un metro más atrás lo acompañan las esposas, dos o tres mujeres juntas, en compañía de sus hijos.
Un matrimonio no puede caminar tomado de la mano. Tampoco puede darse un beso o un abrazo. Están prohibidas y son penalizadas las demostraciones de afecto en público.
El Mundial obligó tácitamente a un país de tradiciones muy conservadoras a flexibilizar varias restricciones vigentes. Turistas no respetan los códigos de vestimenta y el protocolo de qué ropa usar se reduce casi con exclusividad si se planea visitar una mezquita o algún edificio gubernamental.
Cosas de Qatar mientras ya se juega el Mundial que tanto estábamos esperando.

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