
El año sin par de la historia de River es 2018, ese elixir para todos los hinchas ”millonarios”. Las dos finales que el equipo le ganó a Boca (la Supercopa Argentina y la Copa Libertadores) representan alegrías incluso superiores a las que vivió el enorme conjunto que en 1986 ganó desde el torneo de verano en Mar del Plata hasta la única Intercontinental que tiene el club, en Japón ante el Steaua Bucarest, pasando por la primera Copa Libertadores. Tres años atrás, el técnico también fue Marcelo Gallardo. Pero en sus siete años y medio al frente del plantel, el Muñeco nunca fue tan influyente como en éste ni armó un equipo tan artesanalmente como éste que acaba de ganarle a Colón el Trofeo de Campeones.
En 2021, Gallardo debió reconstruir un equipo al que se le fueron individualidades muy importantes como Gonzalo Montiel, Ignacio Fernández, Rafael Borré y Lucas Pratto. En todo el año también llegaron ocho refuerzos a River: tres que se consolidaron como titulares (David Martínez, Enzo Fernández y Agustín Palavecino); uno que cumplió con creces como Braian Romero, autor de doce goles en 26 partidos; un referente (Jonatan Maidana) y un joven en el que Gallardo confía como José Paradela que fueron alternativas para partidos puntuales; y dos que rindieron claramente por debajo de lo que se espera de ellos: Alex Vigo y Agustín Fontana.
Gallardo no solo debió rearmar ese rompecabezas, sino que también se tuvo que sobreponer a una interminable seguidilla de lesiones, al punto de que en el 4 a 0 ante Colón sufrió las bajas de Fabrizio Angileri, Enzo Pérez, Nicolás De La Cruz, Matías Suárez, Romero y Felipe Peña, un juvenil que supo responder en los partidos que le tocó jugar antes de sufrir una rotura de ligamentos cruzados.
River también llegó a tener seis bajas por las convocatorias a sus seleccionados de Franco Armani, Julián Álvarez (Argentina), Robert Rojas, David Martínez (Paraguay), Paulo Díaz (Chile) y De La Cruz (Uruguay).
Sin embargo, Gallardo logró disimular esos contratiempos con funcionamiento colectivo, con personalidad en la mayoría de sus jugadores y con esa pizca de fortuna que todos los equipos campeones necesitan en su recorrido.
Exigente y competitivo como pocos, el Muñeco consiguió que su equipo se olvidara rápidamente de la eliminación en los cuartos de final de la Copa Libertadores a manos de Atlético Mineiro y River ganó el último campeonato local con tres fechas de anticipación.
El mérito se vuelve todavía más grande si se repara en que en algunos partidos, como la victoria frente a Sarmiento en Junín y el empate ante Independiente en el Monumental, el equipo salió a la cancha remendado por bajas de todo tipo: lesionados, convocados a los seleccionados y hasta suspendidos.
Así, acaso con el conjunto acaso más terrenal en cuanto a nombres de todos los que conformó, ganó uno de los dos torneos que le faltaban desde que llegó a River en junio de 2014: ahora solo le queda pendiente un Mundial de Clubes, el objetivo más complejo de todos porque antes hay que ganar la Copa Libertadores y luego superar a alguna potencia europea en caso de llegar a la final. Tras esos pasos irá en 2022, aun a sabiendas de que será difícil superar el poderío económico y futbolístico de los equipos brasileños en la Libertadores.
Es tan potente el trabajo de Gallardo que un importante porcentaje del triunfo del oficialismo que comanda Jorge Brito en las recientes elecciones en el club de Núñez se debe al éxito del ciclo del Muñeco, quien logró siete títulos internacionales y siete a nivel nacional.
No solo eso: River también se ganó el respeto de todo el continente por su manera de jugar, ofensiva y siempre a tono con la tradición del club.

La victoria ante Boca en Madrid lo catapultó hasta el cielo riverplatense, pero este año tuvo una ratificación para Gallardo: la de que su estilo de trabajo supera incluso los recortes presupuestarios y las bajas de ocasión, por muchas que estas hayan sido.
Resulta casi imposible que una hinchada quiera más al técnico que a todos los jugadores de su equipo. Los hinchas de River pudieron aceptar las partidas de figuras del ciclo como Gonzalo Martínez, Lucas Alario, Nacho Fernández, Juan Fernando Quintero, Lucas Martínez Quarta, Borré o Montiel, pero no estaban preparados para escuchar un “no” de Gallardo a la propuesta de continuidad que le hizo el club en los últimos meses. Los simpatizantes “millonarios” no quieren que llegue ese día. Por lo pronto, tienen la certeza de que Gallardo seguirá en su cargo al menos hasta fines de 2022. El idilio -esa historia de amor recíproco- tendrá más capítulos por recorrer.
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