Grandes pases del fútbol argentino: Kempes a River, una fortuna en cuotas, un helicóptero y la bienvenida de Mateyko

Hace 40 años, el Matador llegaba al club que buscaba neutralizar el otro gran pase del año: Maradona a Boca. Pese a las dudas, el gran héroe del Mundial ‘78 terminó dándole un título y goles al Millonario

Kempes convierte en el Monumental ante Holanda en la final del '78. River apeló a esa imagen para buscar los fondos entre los socios que permitieran su retorno a la Argentina en 1981.
Kempes convierte en el Monumental ante Holanda en la final del '78. River apeló a esa imagen para buscar los fondos entre los socios que permitieran su retorno a la Argentina en 1981.

“Sr. Asociado de River compre a Kempes y véalo jugar con la camiseta de River desde su platea: Colabore con el esfuerzo de la Comisión Directiva y suscriba su bono colaboración pro adquisición Kempes para concretar la incorporación de ‘El Matador’ al plantel de River”. En los primeros días de marzo de 1981, este texto encabezaba un aviso que comenzó a poblar los diarios y las revistas argentinas. Ocupaba una página entera, coronada con una foto/emblema: Mario gritando uno de sus goles ante Holanda en la final del Mundial ’78, por supuesto con el Monumental de fondo.

Tras haber intentado a comienzos de año incorporar a Diego Maradona, la dirigencia de la institución de Núñez acusaba el impacto, no solo de haber fracasado en esa idea, sino que el crack había firmado para Boca. Tenía que moverse rápido, porque sus hinchas comenzaban a mostrar cierto descontento y se avecinaba la disputa de la ansiada y esquiva Copa Libertadores, viejo desvelo de los Millonarios.

Mario Kempes era ídolo indiscutido del Valencia desde el mismo momento en que pisó España a mediados de 1976. Aquella temporada 1980/81 no estaba resultando de las mejores, pero el cuadro no tenía intenciones de desprenderse de él. Las gestiones tuvieron su puntapié inicial los últimos días de febrero e incluso River hizo la inscripción del futbolista el viernes 20, día que cerraba el libro de pases.

Consultado por diversos medios, el presidente Rafael Aragón Cabrera, confirmaba que había intentado comunicarse con Kempes, pero que le había resultado imposible, al tiempo que desmentía que estuviera en sus planes viajar hacia España para acelerar las negociaciones. Pocos días más tarde, aparecía el aviso que invitaba a los socios a colaborar con el pase, donde debajo de la foto triunfal del Matador, se detallaba una interminable lista de números y planes de pago.

En el arranque del torneo, River había empatado en Córdoba con Instituto 1-1 y luego derrotado a Velez sobre la hora 2-1 en cancha de Huracán, ya que el club de Liniers debió mudar su localía por el histórico recital de Queen, esa misma noche del domingo 1 de marzo.

La tapa de la revista con los dos grandes pases que conmovieron al fútbol argentino en 1981, Diego a Boca y el Matador a River.
La tapa de la revista con los dos grandes pases que conmovieron al fútbol argentino en 1981, Diego a Boca y el Matador a River.

Del lado de Kempes, poco se sabía. El periodista Carlos Ares era corresponsal en ese momento de la revista Goles en España e hizo la cobertura: “Yo vivía en Madrid, no tenía recursos y no quería gastar más de lo que tenía. Le pedí el auto a un amigo para ir y volver en el día a Valencia, junto al fotógrafo Dani Yako. Manejé hasta allá en medio de una ruta bastante complicada. Cuando logramos ubicar la casa de Kempes, él no estaba, por lo que nos sentamos en el umbral a esperarlo, sin tomar ni comer nada para no gastar. Luego supimos que había salido a cenar con Mavi, su esposa de entonces. Estuvimos cinco horas allí, hasta que apareció cerca de las dos de la madrugada y al vernos, la mujer se puso de muy mal humor, al punto que le dijo a Mario que no nos dejara pasar. Tuvimos que hacer la nota en la escalera. En Madrid había comprado una camiseta del Rayo Vallecano, que es igual a la de River, pero con la banda al revés, para poder sacarle una foto. Hicimos todo rápido, pero no nos ofreció ni un vaso de agua… Al salir, Dani me dijo que no daba más y se fue a dormir a una pensión, por lo que volví manejando solo y agotado. Tuve que detenerme algunas veces en el camino porque me dormía. En un momento, me saqué los anteojos para lavarme la cara y se me rompieron… De noche no veía nada, pero llegué. A la mañana siguiente, me enteré que Kempes estaba en Madrid para hacerse unas fotos de algo que no recuerdo. Conclusión: había ido y vuelto de Valencia, pasando todo eso y al goleador lo tenía a cinco minutos de mi casa”.

En la entrevista, el delantero hacía un balance ampliamente positivo de sus cinco temporadas en Valencia, pero ya soñaba con ponerse la camiseta de River y poder enfrentar a Maradona en el Superclásico, aunque dejaba en claro que la operación aún no se había cerrado por un tema de porcentajes. Pocas horas más tarde, el domingo 8 de marzo, en su primer partido oficial del año en el Monumental, River perdió ante Argentinos Juniors 3-2 en un cotejo que quedó en la historia, no por el juego en sí, sino porque el árbitro Claudio Busca expulsó a seis de los protagonistas. Cinco del local (Claudio Giúdice, Alberto Tarantini, Daniel Passarella, Pedro González y Eduardo Saporiti) y uno de su adversario (Carlos Alberto Vidal). A despecho de lo que iba ocurriendo en el campo de juego, desde las tribunas se escuchaba repetidamente, los duros cánticos contra Diego Armando Maradona.

Al mismo tiempo del otro lado del océano, Mario Kempes disputaba su último partido oficial con la camiseta del Valencia, en un opaco empate en cero ante Athletic Bilbao. En los vestuarios, se sacó una foto con Aragón Cabrera, quien había viajado para darle un cierre a la novela del pase, que fue anunciado en todos los medios.

El jueves 12 de marzo, los simpatizantes de River sentían que el sueño de verlo al Matador con su camiseta se había convertido en realidad. Cerca de las 11 de la mañana, los integrantes de la comisión de Relaciones Públicas de la institución de Núñez les comunicaron a los periodistas presentes en el aeropuerto de Ezeiza, que se habían solicitado las instalaciones del salón VIP para que allí pudiese realizarse la conferencia de prensa con Aragón y Kempes. Exactamente al mediodía la nave tocó tierra y 45 minutos más tarde, ambos ingresaron entre aplausos.

Del mismo modo de lo ocurrido tan solo 20 días antes con la firma del contrato de Diego Maradona con Boca Juniors, Canal 13 había abonado por tener la exclusividad de los derechos y para la ocasión concretó un importante dispositivo. Al concluir el contacto con la prensa en la estación aérea, Kempes y Aragón subieron a un helicóptero cuyo destino era el estadio Monumental. En ese lugar se encontraba el móvil de exteriores de la emisora con la presencia de Juan Alberto “El Muñeco” Mateyko, que así lo recuerda

“Era el conductor de un programa titulado “Hoy verano”, pero ante esa circunstancia salí desde el móvil en la cancha de River. Me acuerdo que el helicóptero descendió en la cancha auxiliar y yo estaba esperando en un sector especial junto a José María Muñoz, que salía en vivo por radio Rivadavia. Transmitimos todo desde el momento que la nave aterrizó y al descender Mario con Aragón Cabrera observé que alguien se les acercaba y venía caminando con ellos hacia nosotros. Era Marcelo Tinelli, por entonces cronista de la Oral Deportiva. Enseguida me di cuenta que pintaba bien para nuestro oficio: alto, de buen porte, con personalidad y simpatía. Hicimos la transmisión completa con gran suceso. No lo conocía personalmente a Kempes, pero desde allí iniciamos una muy buena relación, más allá de mi felicidad como hincha fanático de River, de verlo como jugador del club”.

El propio Mario Kempes recordó aquellos momentos en su biografía publicada en 2017 y su repetino terror cuando se enteró que por primera vez iba a viajar en helicóptero: “Para contrarrestar la explosión mediática que significó la llegada de Maradona a Boca, el presidente de River, Rafael Aragón Cabrera se comunicó conmigo en febrero y me propuso que me incorporara al equipo que dirigía Ángel Labruna. Al dirigente no le importaba que arribara con la temporada un poquito empezada, porque su principal objetivo era la Copa Libertadores, un torneo que River nunca había ganado hasta ese momento. Aragón Cabrera destacó que, además del desafío internacional, el regreso al país me permitiría estar más cerca de Menotti y del plantel que se prepararía para defender el título en el Mundial de España 1982. La idea me pareció estupenda y acepté.

Con mi aval, Aragón Cabrera negoció la transferencia con el presidente del Valencia, José Ramos Costa. El pase se resolvió y el 11 de marzo, tres días después de mi insípida despedida ante Athletic Bilbao y la rechifla del público de Mestalla, volé a Buenos Aires. Lo hice solo: mi esposa de entonces, embarazada de mi segunda hija, necesitaba hacer reposo. En cuanto bajé de la aeronave me abracé con mis viejos, que habían viajado desde Bell Ville, para esperarme en el aeropuerto. El presidente de River explicó que el costo de mi traspaso se había fijado en los tres millones y medio de dólares, de los cuales ya había abonado personalmente medio millón en efectivo al Valencia CF. El resto se pactó en cuotas de 250 mil dólares mensuales, lo que representaba un gran esfuerzo económico para el equipo argentino. Al terminar, hubo una novedad que me aterró. Aragón Cabrera había organizado un reportaje exclusivo con un conductor de televisión, Juan Alberto Mateyko. Para ofrecer un marco de espectacularidad a la nota, y también llegar a tiempo sin padecer el denso tráfico de Buenos Aires, nos subimos a un helicóptero privado contratado por el canal, que tenía por destino el “Monumental”. Empecé a asustarme porque el aparato se movía mucho. ¡Nunca había viajado en helicóptero! Volamos sobre la autopista Ricchieri y luego por arriba de la avenida General Paz. Creo que volví a respirar cuando el aparato aterrizó”.

Mario Alberto Kempes durante la presentación de su libro "Matador. Mi autobiografía", en 2019 en Madrid. Allí cuenta la entretela del pase a River. (Foto: EFE)
Mario Alberto Kempes durante la presentación de su libro "Matador. Mi autobiografía", en 2019 en Madrid. Allí cuenta la entretela del pase a River. (Foto: EFE)

El sábado 14 hubo práctica matutina en el estadio Monumental, donde Ángel Labruna le confirmó a Kempes que sería parte del equipo titular que al día siguiente enfrentaría a Colón en Núñez, partido que River resolvió sin problemas goleando por 4-0 con dos conquistas del Matador, una de René Houseman (de efímero paso por el club) y la restante del juvenil Pedro Vega.

Pocos días más tarde, comenzó la Copa Libertadores y fue con el pie derecho para los Millonarios que vencieron a Central en Rosario 1-0 con gol de Norberto Alonso. Fue solo un espejismo, porque la actuación en el torneo continental fue decepcionante, al quedar eliminado una fecha antes de concluir la fase de grupos en la zona donde también participaron los colombianos Deportivo Cali y Junior. Kempes apenas disputó tres de los seis cotejos. Enseguida comenzaron los rumores acerca de una lesión que él traía desde España, donde se había desgarrado el septiembre del ’80 y, según sus propias palabras, no había podido recuperarse plenamente.

Alternó en el equipo titular hasta que a principios de mayo paró por dos meses para intentar restablecer su mejor forma física. Regresó con todo, marcándole un gol a Boca en el empate en uno en el Monumental (Maradona fue el autor del otro tanto). Fue el preludio de lo que vendría: un Matador que lentamente fue acercándose a sus versiones esplendorosas de Rosario Central, Valencia o la selección. River lo disfrutó en la parte final del año, cuando fue pieza clave en la conquista del Nacional, tanto por sus actuaciones como por el gol decisivo que anotó ante Ferro en la final.

A comienzos de 1982, se concentró con sus compañeros de la selección argentina con el objetivo de ir al Mundial de España a reverdecer los laureles de cuatro años antes. La empresa dejó un saldo negativo para el equipo y para él, que tras concluir la competencia, regresó al Valencia.

Pero el recuerdo queda intacto a 40 años de su paso por River. Tras un inicio turbulento, cuando desde las graderías se había dudado de él y parecían olvidadas sus mejores ropas, las galas de no hacía tanto tiempo atrás, el torero sacó a relucir sus trucos y completó una faena brillante. Como buen Matador, Kempes se repuso de aquellos cuestionamientos y terminó vencedor, bañado en aplausos, habiendo ganado la batalla y saludando con su capa roja… y blanca.