La joya de la corona británica: la legendaria rivalidad entre Jim Clark y Graham Hill

Fueron bicampeones y referentes la década del ‘60 de la Máxima, que fue dominada por los equipos ingleses. Ambos también ganaron en las 500 Millas de Indianápolis

Jim Clark y Graham Hill en la grilla de partida (Facebook F1 Retro).
Jim Clark y Graham Hill en la grilla de partida (Facebook F1 Retro).

A principios de los sesenta nacieron Los Beatles y Los Rolling Stones quienes comenzaron a ser íconos del rock. Pero estas bandas no fueron las únicas influencias inglesas a nivel mundial en la época. Su música sonaba al ritmo del dominio de sus equipos en la Fórmula 1 que lograron siete Campeonatos de Constructores en aquella década. Dos pilotos del Reino Unido también acapararon la atención, el escocés Jim Clark, un ex granjero que fue considerado por Juan Manuel Fangio como “el corredor más grande de todos los tiempos"; y el inglés Graham Hill, que pasó de vivir de un seguro social a ser el único en ganar en Mónaco, Le Mans e Indianápolis. Ambos se repartieron cuatro títulos mundiales y confluyeron en una de las rivalidades más grandes de la historia.

Fueron tiempos donde el glamour se insertó fuerte en la Máxima que hasta llegó al cine en 1966 con Grand Prix (ganadora de tres Premios Oscar). En lo técnico sus monopostos (autos de fórmula) eran más chicos y livianos que los de la década anterior y ya todos contaban con el motor trasero, tendencia que marcó el Cooper T43 al ganar con Stirling Moss en la Argentina en 1958 (piloto y auto ingleses). Los impulsores también se caracterizaron por tener 1,5 litros y se dio la llegada de los V8 (200 HP de potencia). Aunque en el segundo lustro se elevaron a fierros de 3 litros (o 3.000 cm3), una potencia de 430 caballos y se vieron las primeras alas con cargas aerodinámicas traseras y delanteras. Además, se mejoraron algunos aspectos de seguridad como la aparición del buzo antiflama en 1967 (fue obligatorio a partir de 1975) y el casco en 1968. Sin embargo los circuitos seguían siendo muy peligrosos.

Se trató de una etapa en la que las islas británicas ratificaron su hegemonía en la F-1. También sus pilotos. Por un lado estaba Clark, quien nació el 4 de marzo de 1936 en el seno de una familia granjera. Arrancó a manejar en tractores en el campo, pero su pasión por los autos lo llevó a competir primero en carreras locales de rally, luego en autos sports y en la Fórmula Junior Británica hasta llegar a la Máxima. Jim era magia en estado puro. Un velocista nato, aunque con un manejo perfecto que le impedía desgastar mucho el coche a diferencia de sus colegas. Su ritmo era feroz y por eso fue bautizado como “El Escocés Volador”. “Para mí tenía una aureola de invencible”, agregó en su elogio Fangio. En una elección hecha en el GP de Brasil de 2017, su compatriota, Sir Jackie Stewart, lo puso segundo detrás del Chueco entre todos los campeones mundiales.

A pesar de su estilo temerario para manejar, el mismo Stewart aclaró que “correr contra Clark era ciento por ciento seguro”. A su vez el australiano Jack Brabham, tricampeón mundial, sostuvo que “Jimmy siempre fue un piloto contra el que podías luchar sin temor a que te hiciese una mala jugada”.

Hill, por su parte, era seis años mayor (15/02/1929). Luego de practicar remo donde con su equipo ganó 8 de 20 finales, de trabajar en una fábrica de instrumentos y de renunciar a ella viviendo de un seguro social, recién a los 24 años sacó su registro para conducir y a los 25 se inició en el automovilismo. Fue en 1954 cuando vio un aviso para dar unas vueltas con un auto de Fórmula 3 en el circuito de Brands Hatch. “Ahí supe de verdad qué quería para mi vida”, admitió. Llegó a la Máxima en 1958, también de la mano de Lotus. Sin embargo, en 1960 pasó a la escuadra British Motor Racing, más conocida como BRM. En sus primeras cuatro temporadas tuvo lagunas en las que un tercer puesto en Holanda (1960) y una quinta colocación en los Estados Unidos (1961) fueron sus mejores resultados redondeando un 15º y 16º lugares en ésos campeonatos. Hasta que en 1962 todo cambió y llegó la primera gran batalla contra Clark.

Jim Clark mostrando su trofeo tras uno de sus 25 triunfos en F-1 (Facebook Jim Clark Trust).
Jim Clark mostrando su trofeo tras uno de sus 25 triunfos en F-1 (Facebook Jim Clark Trust).

En dicho ejercicio ambos tuvieron los mejores autos y el duelo se vio en su máxima expresión. El escocés manejó la primera revolución de Colin Chapman, el dueño de Lotus, quien era ingeniero y su experiencia en la Fuerza Aérea Británica le permitió desarrollar sus inventos en el automovilismo. En este caso el Lotus 25, el primer coche con monocasco de aluminio de una sola pieza lo que le daba una más rigidez que el resto.

“Esto también permitía un menor peso y un tamaño más compacto. Colin venía pensando en algo nuevo desde fines de 1961, pero no me dijo nada hasta 1962”, reveló Clark.

Mientras que Hill empleó un P57 de BRM que ya tenía un año de desarrollo. En esa temporada pudo contar con un motor V8 que fue uno de los más potentes hasta 1966. Ésta fue la principal virtud de su auto y enfrente la ventaja de su rival estaba en el chasis, aunque con ciertas falencias en la confiabilidad…

El inglés tenía un estilo más conservador, pero no menos efectivo a la hora de sumar puntos. Más allá de que ambos eran diferentes para correr sus encuentros en la pista siempre fueron prolijos, sin toques ni polémicas. Por eso los término de “gentlenman o caballeros británicos” resultaron atinados.

Graham ganó en el arranque del campeonato corrido en Holanda luego de las fallas que tuvo Clark con el embrague, problema que siguió en Mónaco algo que no le impidió avanzar cuatro lugares para ponerse segundo detrás Hill. La lucha fue feroz, pero limitada en variantes de posiciones en un callejero. Producto de la porfía ambos desertaron, el escocés por la merma en el embrague y el inglés por rotura de motor. La victoria la heredó el neozelandés Bruce McLaren (Cooper).

Largada en Spa-Francorchamps en 1962 con Graham Hill adelante (Archivo CORSA).
Largada en Spa-Francorchamps en 1962 con Graham Hill adelante (Archivo CORSA).

En Bélgica, en el viejo circuito de Spa-Francorchamps de 14 kilómetros, el escocés rompió el motor en los entrenamientos y no tuvo una buena clasificación. Largó 12°, pero fue un hombre en llamas. Iba en el aire con el Lotus y le hizo honor a su apodo. Avanzó bajo la lluvia y en solo nueve giros se puso detrás de Hill. Lo superó e hizo una gran ventaja para poder ganar por 44 segundos.

"Lo que hacía Jim era tomar mucha ventaja al principio y, entonces, destrozaba tus ganas de ganar dándote a entender que era inútil intentarlo”, resumió Graham sobre la táctica que empleaba su rival.

En Gran Bretaña, Clark no dejó nada: hizo la pole positions y ganó con récord vuelta incluido. Se vio un pálido Hill en Silverstone que apenas pudo ser cuarto. Aunque el inglés se reivindicó en Alemania ganando una gran carrera en Nürburgring. Jim por su lado padeció con la bomba de nafta y al menos fue cuarto en el circuito germano que según confesó le “generaba escalofríos”. En Italia el escocés plasmó otra pole positions y parecía imbatible. Pero otra vez penó con la confiabilidad de su monoplaza, en este caso la caja de cambios. Tras partir adelante fue superado por el inglés que obtuvo otro triunfo y su oponente abandonó.

Se llegó a los Estados Unidos y Clark no debía fallar. Hill podía consagrarse campeón, pero el escocés respondió bajo presión. Jim dominó la clasificación, largó adelante, aunque en la ronda 12ª lo superó por Graham. Aunque siete vueltas más tarde el piloto de Lotus recuperó el liderazgo, triunfó y se puso a tiro por el campeonato. “Su Lotus en Watkins Glen era más rápido en las rectas”, reconoció el inglés sabiendo que la definición sería muy dura.

El cierre llegó en Sudáfrica en el antepenúltimo día del año. Un 29 de diciembre se terminó el campeonato en un extinto autódromo llamado “Prince George” en East London. Allí Clark ganaba y fue campeón durante 62 de las 82 vueltas de la carrera hasta que una pérdida de aceite lo obligó a desertar. Esto le facilitó el triunfo y el título a Hill.

Graham Hill y su BRM en 1963 (Archivo CORSA).
Graham Hill y su BRM en 1963 (Archivo CORSA).

En la temporada siguiente Jim se tomó revancha y obtuvo el campeonato. El Lotus 25 llegó a su pico de desarrollo y no hubo problemas técnicos. Esto le permitió al escocés quedarse con siete triunfos sobre solo dos de Hill quien al menos pudo plasmar el subcampeonato. Aquella temporada Lotus consiguió sus primeros seis títulos de Pilotos y siete de Constructores.

El idilio de Chapman por Clark creció. “Jim compite porque le encanta. Obviamente, gana mucho dinero con ello, pero para él es un deporte, no un negocio. Si de él dependiese, al final de una carrera desaparecería en la oscuridad hasta la siguiente. No le interesa para nada el glamour ni nada por el estilo”, expresó el constructor inglés.

Clark y Hill se disputaron otra vez la corona en 1964, aunque hubo un tercero en discordia que se quedó con la gloria, otro inglés, John Surtees (Ferrari). Éste fue el único en ser campeón de F-1 y en el Mundial de Motos, donde se consagró de forma consecutiva tres veces en 350 cm3 y otras tantas en 500 cm3 (hoy MotoGP) entre 1958 y 1960. En esta temporada si bien Clark logró tres triunfos y superó por uno a sus rivales, tuvo cuatro abandonos. Lo llamativo es que Surtees sumó la misma cantidad de deserciones, aunque en las seis carreras que terminó nunca bajó del podio: dos victorias, tres segundos puestos y una tercera posición. Ahí estuvo el secreto de su consagración.

En el nuevo campeonato Clark contó con el Lotus 33 cuyo desarrollo era basado en el modelo 25. Fue aplastante, como en su primera coronación: por sus seis victorias en las siete primeras fechas se consagró de forma anticipada a pesar de su décima colocación en Italia y sus abandonos en los Estados Unidos y México.

“No manejo más rápido, solo me concentro más, lo que me hace ir más rápido”, afirmó Jim en la cima de su carrera.

Cómo era la F-1 de los '60. Carrera en Brands Hatch en 1964, Inglaterra.

Hill le siguió dando pelea con el P61 de BRM, pero Lotus era superior. Su constancia fue la clave y ese año terminó en el top cinco (dos triunfos incluidos) en nueve de las diez carreras de la temporada. Por eso pudo sumar los puntos necesarios para quedar otra vez segundo en el certamen.

En 1966 y 1967, tanto Clark como Hill fueron irregulares. El equipo fundado por Brabham dominó con el campeonato suyo y el del neozelandés Denny Hulme. Tras terminar Hill (5º) y Clark (6º) en el torneo 1966, en el siguiente Chapman armó un dream team y reclutó a Graham. Había mucha expectativa por tener a dos de los mejores pilotos británicos del momento ya que empezaba a asomar otro escocés de nombre Jackie Stewart, por entonces en BRM. Lo cierto es que el flamante modelo 49 de Lotus tuvo buenos resultados con Clark, pero no con Hill. El escocés pudo ganar cuatro carreras y terminó tercero en el campeonato. En tanto que el inglés sumó siete abandonos y resultó séptimo en el certamen.

Para 1968, Clark estaba en su punto de madurez. Aunque algunas reflexiones suyas fueron premonitorias. “En cierto sentido he sido empujado por los hechos mucho más allá de lo que realmente habría querido”, o “no creo en la mala suerte, sí en que algo se hizo mal”, afirmó.

Esa temporada él y Hill fueron otra vez por el cetro. Clark arrancó ganando en Sudáfrica. Los fanáticos se frotaban las manos esperando el contraataque del inglés, que iba por su victoria en la siguiente cita, en España. Sin embargo el que no llegó a esa carrera fue Jim quien perdió la vida en una competencia de Fórmula 2 Europea el 7 de abril en Hockenheim, Alemania. La revista italiana Autosprint aseveró que el escocés fue allí porque necesitaba pasar el tiempo ante unos supuestos problemas con el fisco británico. En carrera se despistó a 270 km/h y chocó su auto contra los árboles. Las causas reales del incidente nunca fueron confirmadas de forma oficial, aunque se especuló con una súbita pérdida de la presión de las gomas. Su muerte fue impactante, a la altura de la del brasileño Ayrton Senna en 1994. Solo una falla mecánica podía ser la responsable de un accidente como el que tuvo. Horas antes de su muerte el escocés habría manifestado que “no quería correr porque su auto no estaba bien…”. Tras su fallecimiento el neozelandés Chris Amon, por entonces corredor de Ferrari, aseguró “si esto le puede pasar a Clark, ¿qué esperanza podemos tener los demás? Sentimos que perdimos a nuestro líder”.

“Su habilidad era mayor de lo que jamás mostró. Casi nunca manejó al límite. Solo usó el 90 por ciento de sus recursos, lo que hizo que la brecha entre él y el resto fuese más grande, en realidad”, destacó Chapman sobre Clark. El team-manager inglés supo darle el mejor coche y a veces el peor por su falta de confiabilidad. Sintió mucho su pérdida. Fue su piloto preferido. El que le dio sus primeros laureles. El que no fallaba nunca. El que se pensaba que jamás se iba a matar, que era inmortal -como Senna- hasta que le llegó el día.

Sir Jackie Stewart, Jim Clark y Graham Hill en 1966 (Facebook Jim Clark Trust).
Sir Jackie Stewart, Jim Clark y Graham Hill en 1966 (Facebook Jim Clark Trust).

El destino o un capricho de la historia impidieron que Jim corriera en la Argentina. En diciembre de ese año se realizó en nuestro país una “Temporada Internacional” de F-2 con cuatro fechas, dos en Buenos Aires, una en San Juan y otra en Córdoba. Vinieron los mejores pilotos y esa habría sido la chance de poder ver al “Escocés Volador” en vivo y en directo. Mientras que en esa década la F-1 solo vino en 1960 y si bien él debuto ese año, lo hizo tres carreras más tarde. Fue en el GP de Holanda con Lotus, el equipo para el que siempre corrió.

Hay quienes ponen a Clark a la altura de Fangio o que afirman que si no se hubiese matado lo habría igualado en cantidad de coronas. Lo mismo que se dijo de Senna. Lo cierto es que sus números en la Máxima son elocuentes: largó 72 carreras y ganó 25 (el 35 por ciento). Logró 33 poles positions y 28 récords de vueltas, una eficacia del 46 y del 39 por ciento, en cada caso. De sus ocho temporadas, en seis de ellas su peor posición en un torneo fue un sexto lugar. Aparte de sus dos campeonatos se suman: 1962 (2º), 1964 (3º), 1966 (6º) y 1967 (3º). Y aún lidera un récord histórico en el que ocho veces hizo la pole positions, ganó, marcó la vuelta más rápida y lideró todos los giros de una carrera. Le sigue inglés Lewis Hamilton, con siete ocasiones. Un detalle importante: como se indicó Clark corrió solo ocho años en F-1 y Hamilton lleva 14 temporadas.

Hill, por su parte, en 1968 pudo plasmar su segundo campeonato, aunque sin poder pelear con su gran rival. Sin embargo el inglés también hizo historia esa temporada. Con la versión B del Lotus 49, le dio la primera victoria a un auto con alerones. Fue en Mónaco donde repitió en 1969 y ganó en cinco ocasiones. Mantuvo su récord de ser el más vencedor en el Principado hasta 1993, cuando Senna lo superó con seis triunfos, marca que aún se mantiene.

Graham siguió corriendo hasta 1975. El 29 de noviembre de ese año perdió la vida en una avioneta que él manejaba la cual se estrelló después de perderse en la niebla. Fue cerca de Londres. Resultó otra enorme pérdida. Además dejó dos legados importantes: junto a su compatriota Stirling Moss creó la Asociación de Pilotos de Grandes Premios (GPDA por su sigla en inglés), una entidad creada para presionar a los dirigentes para que mejoren las condiciones de seguridad de los circuitos. También, su hijo Damon Hill fue campeón en 1996. Junto con Keke (1982) y Nico Rosberg (2016), son los únicos padres e hijos que se consagraron en la Máxima.

Graham Hill celebra su triunfo en las  500 Millas de Indianápolis en 1966  (Archivo CORSA).
Graham Hill celebra su triunfo en las 500 Millas de Indianápolis en 1966 (Archivo CORSA).

Pero la rivalidad entre Clark y Hill trascendió a la F-1 y llegó a las 500 Millas de Indianápolis. Jim ganó allí en 1965. En 1966 ambos pelearon la carrera con Stewart quien luego se retrasó por falta de presión de nafta. Al cruzar la meta Clark llegó adelante seguido de Hill. Sin embargo al escocés no le avisaron que tenía una vuelta menos... Así la victoria fue para el inglés. Conforman una lista exclusiva de cinco campeones mundiales que también vencieron en la mítica carrera norteamericana. La completan el estadounidense Mario Andretti (1969), el brasileño Emerson Fittipaldi (1989 y 1993) y el canadiense Jacques Villeneuve (1995).

“Indianápolis sería bárbaro sin los americanos”, dijo Jim cuyo logro en las Indy 500 demostró la amplitud de Lotus que fue el único equipo campeón en la Máxima y que también pudo imponerse en el legendario óvalo. En tanto que solo Hill consiguió la “Triple Corona del Automovilismo” (no es un trofeo, sí un título honorífico), producto de sus triunfos en Indianápolis (con un equipo americano), el GP de Mónaco de F-1 y las 24 Horas de Le Mans. Quienes hoy pueden igualarlo son el español Fernando Alonso, que le falta festejar en USA y el colombiano Juan Pablo Montoya, que adeuda su éxito en Le Mans.

Al terminar la década del sesenta Los Beatles y Rolling Stones ya dominaban el mundo del rock. Lo propio las escuderías inglesas en la F-1 que en esos años lograron siete campeonatos, tres de Lotus, dos de Brabham, uno de BRM y otro de Cooper. Jim Clark y Graham Hill fueron los pilotos abanderados de esa época donde entre 1960 y 1969, de un total de 99 carreras, las escuadras británicas se quedaron con 71 victorias. Su hegemonía continuaría. En 1968 otro team de las islas se sumó a la lista de ganadores, McLaren, que más tarde fue uno de los equipos a batir. Y en 1969 un joven emprendedor de 27 años llamado Frank Williams, montó por primera vez su estructura en la categoría…

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