Osvaldo “Chiche” Sosa, el elegante “10” que fue ídolo de Argentinos, fanático del turf y defensor de los viejos códigos del fútbol

Dueño de una elegancia singular y de una fina gambeta, Osvaldo “Chiche” Sosa se convirtió en ídolo de los hinchas de Argentinos y uno de los jugadores más queridos en la historia del club

(NA)
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Puede decirse que Sosa (nacido el 26 de enero de 1948) fue uno de los jugadores más destacados en el Argentinos “Pre-Diego Maradona”. Había debutado en Almagro, en el ascenso de 1964 y a los dos años fue contratado por los Bichos Colorados de La Paternal, donde convirtió 34 goles en 124 partidos.

En 1969, sus buenas actuaciones derivaron en la venta de su pase a Independiente, donde no logró destacarse, y entonces pasó por Ferro para regresar a Argentinos entre 1970 y 1971. Allí lo llegaron a apodar El Zorro de la Paternal. “Cuando jugaba yo eran tiempos de tribunas de madera”, solía decir, con un dejo de ironía. Sosa era un jugador muy fino, un “diez” clásico, elegante, de un toque sutil y que hizo una gran dupla con un centro delantero hábil pero metedor como Omar Diéguez, que provenía de Huracán.

Tras algunas malas temporadas, se considera que ese equipo fue el que comenzó a recuperar un estilo preciosista característico de la historia del club en el que también jugaba Roberto Puppo como volante derecho. Si bien el ataque (Luraschi, Puppo, Diéguez, Sosa y Ornad) era muy aceptado, no ocurría lo mismo con el resto de las líneas y más de una vez, la salvación del descenso llegó sobre el final y de forma muy angustiosa.

Ya en la segunda etapa, Sosa coincidió con un delantero goleador como Rafael Domingo Moreno, con un jugador de gran estética como José Néstor Pekerman y con Rafael “Torito” Zuviría, que años más tarde sería figura en el Barcelona junto a Johan Cruyff y Carles Rexach. En ese equipo de Argentinos se destacaba como extremo izquierdo el uruguayo Héctor Eugui.

“Recuerdo que en un partido contra un equipo chico, y bajo una lluvia torrencial, que convertía al estadio de La Paternal en un barrial, mucha gente insultaba a “Chiche” Sosa al término del primer tiempo porque se iba al vestuario pulcro, como si no hubiese jugado, cuando el resto de sus compañeros estaban todos embarrados de pies a cabeza”, dice Hugo Levin, hincha de Argentinos aunque también pudo entablar relación con él en el Hipódromo de Palermo, gracias a otra pasión en la que coincidieron: el turf. “Ese día, Argentinos tenía que ganar y al final, terminó goleando 3-0”.

(Foto Baires)
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Su carrera como entrenador comenzó pronto, cuando sólo contaba con 32 años, y además de las seis ocasiones en las que se sentó en el banco de Argentinos, dirigió a Independiente, a Almagro, Tigre, Huracán, Colón, Deportivo Armenio, Deportivo Mandiyú, Racing, Talleres de Córdoba, Chacarita, Lanús, Quilmes y Atlético Tucumán.

“La mayoría de los clubes siempre te llama cuando tiene que cambiar de técnico…hasta en la B. Siempre me tocó llegar a mitad de temporada para rearmarlos y salvarlos del descenso o algo parecido. Será por eso que me buscan. Aparte de cumplir con esa tarea, siempre tengo la suerte de sacar dos o tres jugadores que después son figuras”, llegó a decir en 2006, cuando lo acababan de convocar desde Quilmes.

Sosa se fue convirtiendo, de a poco y a partir de los resultados, en un especialista en salvar a los equipos del descenso, una especie de antecesor de Ricardo Caruso Lombardi, aunque de puertas para adentro, porque le gustaba resolver todo en los vestuarios y quienes lo trataron destacan que en varias ocasiones tuvo duros enfrentamientos con jugadores, que por lo general quedaron silenciados por aquello de los “viejos códigos” del fútbol.

“Sabemos que dependemos de los resultados, pero por suerte, nunca me han echado de un equipo, salvo en Independiente. Pero ahí estuve tres meses y por eso no lo cuento. Siempre terminé los contratos, después los extendí o me fui, pero cumplí. Me siento respetado por el ambiente y por eso tengo trabajo. Una sola vez me fui al descenso, con Mandiyú. Pero hubo problemas institucionales y de quiebras”, explicó en una entrevista.

Con Talleres de Córdoba bordeó un segundo ascenso a Primera en 1995/96, cuando se consagró campeón del Clausura del Nacional B en Tucumán ante San Martín, ante cerca de 4000 hinchas albiazules, pero terminó perdiendo la final ante Huracán de Corrientes, ganador del Apertura, y tampoco consiguió la segunda plaza en el octogonal, al caer en semifinales ante Unión de Santa Fe.

Si algo puede destacarse en Sosa como DT es que además de conseguir los objetivos, se encargó siempre de promover la venta de jugadores para beneficio de los clubes en los que trabajó, como Lionel Gancedo (de Argentinos a River), Leonardo Pisculichi (de Argentinos al Mallorca), Diego Cocca y Cristian Zermatten (de Argentinos al fútbol mexicano) o Marcelo Pontiroli (de Argentinos a Independiente).

Uno de los peores momentos de su larga trayectoria como DT (finalizada en Atlético Tucumán en la temporada 2009/10) los pasó en Independiente por un comentario suyo a su ayudante de campo y amigo Juan Manuel “Pistola” Vázquez, que fue tomado por la TV cordobesa en un partido ante Talleres acerca del jugador Lionel Ríos (“Este pibe está jugando en joda”).

Tanto Ríos como sus compañeros Bruno Marioni y Daniel Quinteros, lo criticaron por “no respetar los códigos del fútbol”. Para el partido siguiente. Ríos, que había ingresado como suplente, fue marginado ante Atlético Rafaela. “Ninguno es titular por su historia, porque si así fuera, llamaría a Maradona”, afirmó sobre ese plantel “rojo” de 2003, cuando reemplazó a Oscar Ruggeri.


(Foto Baires)
(Foto Baires)


Sosa también se vio envuelto en una confusa situación cuando River se coronó tricampeón consecutivo al ganar el Apertura 1997 en la última fecha ante Argentinos –algo que se repetía muy seguido en esos tiempos-, que él dirigía. El equipo “Millonario”, que en ese momento tenía como entrenador a Ramón Díaz, necesitaba un empate para alcanzar el título sobre Boca, que era su perseguidor y a los “Bichos Colorados” los acosaba el bajo promedio y la chance de descender. River ganaba 1-0 con gol del chileno Marcelo Salas y en la segunda parte empató Roberto Saavedra y el resultado fue útil para los dos. Una versión indica que hubo un altercado en el vestuario con el impetuoso delantero Jorge “Polo” Quinteros por lo que ocurrió con sus compañeros en el campo de juego en la primera parte.

Para mí fue una cuestión de jugadores, aunque no podría asegurarlo porque no me consta. El fútbol es muy difícil porque hay dinero de por medio y hay gente necesitada y gente no necesitada”, llegó a afirmar el presidente de Argentinos de ese entonces, Ricardo Bravo, consultado por la revista “El Gráfico” acerca de ese partido, y admitió que “River ha sido un caso particular en sus partidos con Argentinos. No sé por qué pero es así”..

Ese partido fue el último de Enzo Francéscoli como jugador, y Marcelo Gallardo se casó esa misma noche. En Argentinos Juniors jugaban Diego Cocca, Rolando Schiavi y Cristian Zermatten, fanático de River, que había estado alentando al equipo en el Monumental días antes en el partido por la Supercopa ante el San Pablo.

El casamiento con Marta González fue uno de los primeros de futbolistas con actrices. Les tocó sufrir en 2001 la muerte de su hijo Leandro, en México, en un accidente de tránsito. Se separaron y Sosa formó otra pareja con Ana, con la que tuvo a su Lautaro.

Fanático del turf, Sosa era un asiduo concurrente al Hipódromo de Palermo, donde se fue integrando a una mesa con otros ex jugadores como Cristian Pellerano, Carlos Fren, José Sand y Sergio Batista. En 2013, un ACV lo dejó al borde de la muerte y a partir de entonces, arrastraba dificultades en el habla y la deglución por una inoportuna caída que le produjo fractura de clavícula como consecuencia y retardó su recuperación. Ana siempre destacó a sus amigos “porque no lo abandonaron”, como “Pistola” Vázquez, su histórico ayudante de campo, Sergio Batista, Rubén Cousillas, Raúl “Pacha” Cardozo, el presidente de Talleres de Córdoba, Andrés Fassi, y los periodistas Horfacio Pagani, Alfredo Leuco y Marcelo Benedetto.

En los últimos días, su estado de salud se había complicado por una neumonía y fiebre muy alta y estaba internado en la clínica Zabala, del barrio de Belgrano, y su situación económica era muy mala. A partir de esta situación, y de una carta que escribió el corresponsal de “Clarín” en Córdoba, Ramón Gómez, al presidente Alberto Fernández, reconocido hincha de Argentinos Juniors y admirador suyo, lo llamó por teléfono, dialogó con la pareja de Sosa, Ana, y emocionó al ex jugador recordando viejos tiempos. También Ricardo Gareca, Futbolistas Argentinos Agremiados, Independiente y Argentinos Juniors se manifestaron con la intención de ayudarlo.

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