Lionel Messi, capitán y emblema argentino en la Copa América (REUTERS/Pilar Olivares)
Lionel Messi, capitán y emblema argentino en la Copa América (REUTERS/Pilar Olivares)

Los futbolistas de la Selección Argentina se divierten al patear desde afuera del área en el predio Toca da Raposa, propiedad del Cruzeiro aquí en Belo Horizonte. Verlo a Lionel Messi ensayar disparos se parece mucho a un disfrute. Le patea a Franco Armani y la clava en el ángulo superior izquierdo. Lo prueba a Agustín Marchesín y esta vez la pelota entra abajo y esquinada, imposible para el arquero. Juan Musso vuela hacia su derecha, pero la estirada resulta insuficiente para tapar el balón. El capitán de Argentina patea y ofrece la sensación de que todas las pelotas terminarán adentro del arco, algo muy diferente a lo que le ocurre en esta Copa América: él mismo reconoció tras la victoria ante Venezuela que no está realizando un buen torneo.

En efecto, Messi anotó un solo gol en lo que va de la competencia (el penal que significó el 1-1 ante Paraguay) y no se destacó ni marcó la diferencia en ninguna de las cuatro presentaciones de Argentina.

En otras palabras: aquí, en Brasil, asistimos a un fenómeno antinatural: que Messi, frecuente extraterrestre con la camiseta del Barcelona, esté jugando como un futbolista normal, ajeno a las condiciones futbolísticas sobrehumanas que decenas de veces demostró tener en su club.

(AP)
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Esta versión más terrenal de Messi dentro del campo, ajena al desequilibrio y más propensa a alternar buenas y malas, se contrapone con una mucho más saludable que exhibe fuera del rectángulo de juego. Aquí comenzó a cantar el himno nacional, una circunstancia secundaria pero que lo vuelve más "cercano", por decirlo de algún modo. Aquí también se detiene para hablar con la prensa las veces que sean suficientes luego de cada partido en la zona mixta, haciéndose cargo de su condición de capitán como no ocurrió durante el largo silencio que eligió adoptar durante su ausencia de ocho meses tras la frustración en el Mundial de Rusia.

Messi vive una suerte de karma con la Selección que le impide el disfrute pleno: ahora que se lo nota menos evasivo, no logra despegar en esta Copa América en la que Argentina afrontará hoy desde las 21.30 otro clásico histórico ante Brasil: el ganador se clasificará para la final del domingo en el Maracaná. En los tiempos dorados del Barcelona, Argentina se volvía una carga para él. Basta con repasar las desventuras que sufrió en las cuatro finales que le tocó perder vestido de celeste y blanco: en las Copas América de 2007 (ante Brasil), 2015 y 2016 (ambas con Chile) y en el Mundial de Brasil 2014 (frente a Alemania). Como si el círculo nunca pudiera cerrarle en el seleccionado.

Es tan grande la importancia del partido de esta noche que un buen rendimiento suyo, o algún gol que allane el camino hacia la victoria serían motivo suficiente para que Messi dé un volantazo y encarrile "su" Copa América, esa en la que todavía está en deuda. La redención definitiva para él con Argentina debería incluir una actuación influyente también en la final del domingo y que ello contribuya para cortar la racha de 26 años sin títulos a nivel seleccionado mayor. Messi, en definitiva, está a dos partidos de conseguir su primer título con la Selección Mayor, algo tan cercano y tan lejano a la vez. Argentina no partirá como favorita en el Mineirao pero esto es fútbol y además tiene con qué. La mayor presión recaerá sobre los jugadores brasileños, que tienen el peso de la localía y que volverán a jugar en el mismo escenario en el que Alemania les asestó el insólito y humillante 7-1 en el Mundial 2014.

Argentina’s Lionel Messi gestures during the Copa America football tournament group match against Colombia at the Fonte Nova Arena in Salvador, Brazil, on June 15, 2019. (Photo by Juan MABROMATA / AFP)
Argentina’s Lionel Messi gestures during the Copa America football tournament group match against Colombia at the Fonte Nova Arena in Salvador, Brazil, on June 15, 2019. (Photo by Juan MABROMATA / AFP)

La cuestión difícilmente esté en la cabeza de Messi, pero una actuación consagratoria en el Mineirao le podría permitir llegar a la histórica marca de 700 goles en su carrera, para lo cual le faltan solamente dos. El detalle indica que convirtió 603 en Barcelona, 68 con la Selección Mayor (es el máximo goleador histórico), 16 en los seleccionados juveniles, 6 en el Barcelona B y 5 en el Barcelona C (en estos dos últimos casos, cuando jugó en el Ascenso del fútbol español). Suma 698 goles en 876 partidos, lo que le da un brutal promedio de 0,80 por juego.

A Brasil le convirtió cuatro goles con la Selección Mayor en dos partidos amistosos (el del triunfo 1-0 del 17 de noviembre de 2010 en Doha, Qatar, y tres para el 4-3 del 9 de junio de 2012 en New Jersey, Estados Unidos), pero el balance le da negativo: de las nueve veces que jugó ante el máximo rival, perdió cinco, ganó tres y empató una. En el Mineirao enfrentó dos veces al rival de hoy: empató sin goles el 18 de junio de 2008, por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010, y perdió 3-0 el 10 de noviembre de 2016, camino a Rusia 2018.

En la previa de la Copa América mucho se habló sobre cómo podría afectarle la dura eliminación que sufrió con el Barcelona ante Liverpool en las semifinales de la Liga de Campeones de Europa, tras caer 4-0 en Inglaterra luego del 3-0 inicial en el Camp Nou. Difícil saber si ese es el motivo del bajón futbolístico que experimenta aquí en Brasil. Como fuere, él sabe que el mejor camino para saldar su deuda con la Selección lo puede comenzar a tomar en esta ciudad en la que le hizo a Paraguay el gol del 1-1 en la primera ronda.