
Messi no pasó la noche sin dormir por la pelea de Menotti y Ruggeri de canal a canal. No habría que escandalizarse ni creer que puede afectar a la Selección contra Venezuela. Mirar de costado la polémica no convierte en más serio al comunicador. Lo mejor sería descascarar esta remake de las violentas peleas Menotti-Bilardo o Menotti-Víctor Hugo Morales de hace 30/40 años. Sacar las palabras que descalifican, la soberbia, las segundas intenciones y el fundamentalismo. Ese hechizo ideológico entre menottistas y bilardistas es una antigüedad que nubla la mirada. Después, llegar realmente a lo sustancial: ¿Qué hay y qué puede venir para Argentina detrás de los ataques hechos títulos entre dos personajes enfrentados en una disputa ya personal? ¿Cuál es el rol de Menotti que también recibe críticas por lo bajo puertas adentro de la Selección? ¿Es el más apropiado para ese trabajo después de cinco meses y medio de gestión casi sin gestión? ¿Se delató que era un paraguas extra large que tapaba la falta de un buen plan?
Un problema es el cholulismo -y el marketing- que generan los grandes nombres para los que eligen. Menotti y Bilardo hace años que tendrían que haber estado en el predio de Ezeiza como hacía Di Stéfano en el Real Madrid. En ese modelo de presidentes honorarios podrían haber recibido a los jugadores nuevos y explicarles qué significa la camiseta con las dos estrellitas que ellos ganaron. El error fue ponerlos en roles más complejos. Ahora Menotti no asumió. Quedó al desnudo en los tres momentos fallidos desde que llegó: la gira de marzo a la que no fue, la añorada Selección local que quedó en una utopía por el egoísmo de los clubes y la evaluación ausente en la Copa América. Antes Bilardo viajó a todos lados pero no tenía poder de decisión real y su puesto fue bastardeado desde Maradona hasta los jugadores. Es complejo criticar a los dos porque son próceres del fútbol argentino. Hoy además Bilardo está mal de su salud y no se puede defender. Pero las estatuas también se equivocan en algún momento de sus vidas.
Menotti puede enfermarse, por supuesto. Le puede pasar a una persona de 80 años, a una de 40, como a un pibe de 20. Tan cierto como que pasan los días sin que logre recuperarse y no armó una estructura de trabajo para poder evaluar a Scaloni. El técnico de la Selección no se sigue como a un curso a distancia. Desde ese punto, cuestionarlo no es participar de la teoría conspirativa para desestabilizarlo. Tal vez el problema sea que el ladrón ve a todos de su condición. O que tuitear pavadas es gratis aunque seas ex jugador. Es cierto que Ruggeri perdió potencia en su crítica al postularse para el cargo. Tanto como que hace meses que cuestiona un proceder al que ahora se le suman críticas. El amor del Cabezón por la Selección es genuino, la ayudó a ser más grande. Igual que el Flaco, el que la refundó hace 40 años. El problema es que hoy Menotti le tira a Ruggeri con los libros que él leyó en vez de con el plan que craneó…
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